Sobre las rabietas

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El sábado pasado, en la colaboración que la Asociación de Pediatría Extrahospitalaria de la Provincia de Alicante (APEPA) realiza quincenalmente con el periódico Información y que coordino, se publicaba el siguiente artículo sobre las rabietas que me parece muy didáctico. Su autora, Cynthia Gómez Quiles, es directora de Espacio Vivo, www.espaciovivo.org y me autoriza a publicarlo en maynet. ¡Gracias!

Lo primero que debemos saber al hablar de las denominadas “Rabietas” es que forman parte del proceso madurativo de cualquier niño o niña entre los 2 y 4-5 años de edad.

Estos incómodos episodios son debidos a que hacia los 2-3 años, los niños y niñas comienzan el proceso de individualización, de separación de sus padres; comienzan, de alguna forma, a independizarse de ellos y aparece el “No” por todo, las negativas sin demasiado sentido (para nosotros) ante cualquier propuesta. Esta, es la forma que tienen los niños de reafirmarse ante el adulto, de decirles “ya puedo hacerme mayor, ya puedo separarme de ti”. Un “No” es el mejor regalo que nos puede hacer nuestro hijo o hija, ya que ese “No” implica personalidad, seguridad para tomar sus propias decisiones; debemos valorarlo ¿o preferiríamos que fueran niños sumisos?
Lo que sucede es que a la vez que se da esta situación, los niños todavía no están preparados para gestionar su frustración, sus emociones y esta combinación da como resultado esos momentazos, bastante incómodos, que se dan en cualquier lugar, en cualquier momento, de caos y descontrol, llanto y desconsuelo.

¿Qué hacer ante una rabieta?
Como en todo lo relacionado con la educación de los más pequeños, no hay una respuesta que sirva a todos los niños y niñas y a todas las familias por igual. Cada padre o madre sentirá la necesidad de poner límites ante esto o lo otro, pero sobre todo, los límites serán más sencillos de marcar si conocemos por qué momento evolutivo está pasando nuestro hijo o hija porque de esta manera sabremos si podemos exigirle lo que le estamos exigiendo y como debemos hacerlo.

1. Prevenir. Tú, mejor que nadie, conoces a tu hijo y comienzas a intuir cuando va a darse ese momento; puedes, entonces, hacer lo que esté en tu mano para prevenirlo.

2. No tomarlo como algo personal.
Debemos tener claro que cuando un niño nos reclama algo simplemente lo hace porque lo necesita: necesita comer, necesita dormir o simplemente necesita nuestra atención. Si el niño hace algo que nos molesta debemos saber que no lo hace para fastidiarnos, no debemos tomarlo como algo personal.

3. No perder el control. No podemos olvidar que nosotros somos los adultos, debemos dar ejemplo y manejar la situación de la mejor manera posible.

4. Evaluar la situación. Podemos ser flexibles.
El adulto debe preguntarse ¿Estoy negando algo que debo negar? Debe valorar si lo que está negando lo hace porque debe hacerlo o si lo está haciendo como fruto de sus propias frustraciones, miedos e inseguridades.

5. Ofrecer alternativas.

6. Evitemos los discursos. Utilizar frases sencillas, cortas, comprensibles. Con los niños un
poco más mayores podremos hablar más tarde, pero no en el momento del caos.

7. No chantajear, ni negar el afecto. Nuestro hijo debe saber que lo queremos igual, también cuando está enfadado.

8. A veces hay que decir NO, pero esto no está reñido con todo lo anterior.

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