Escrito por Isabel Rubio el 8 Febrero 2010 dentro de Educación para la Salud: El Lactante, General |

El aprendizaje del control de esfínteres (defecación y micción) requiere que el niño haya alcanzado un grado de madurez suficiente y que sea educado en el hábito de la limpieza.
Cada niño tiene un ritmo, pero antes de los 18 meses no aconsejo enseñarlo. Alrededor de los 2 años la mayoría de los niños estarán preparados.
LOS PREPARATIVOS:
Compraremos un orinal, de bordes anchos y material fácilmente lavable, que daremos días antes para que juegue con él. Es importante que el niño apoye bien tanto las nalgas como los pies, por ello no aconsejo de entrada la taza de water adaptada.
Empezaremos a hablarle del tema, ilusionándole con hacerse mayor, incluso podemos fijar una fecha próxima, que puede coincidir con algún acontecimiento, y “ese día vamos a hacer el pipí y la caca en el orinal como los mayores”. Leerle a diario un cuento sobre el tema.
Tendremos preparada ropa cómoda y mudas suficientes.
ENTENDIENDO EL PROCESO:
El control de esfínteres debe iniciarse en el ambiente familiar, en casa, porque es muy importante la relación entre el niño y el adulto que le pide que haga su pipí y su caca en un lugar y en un momento determinado.
Los padres tienen que crear las condiciones más favorables posibles para que el niño vaya adquiriendo este hábito. Los logros o dificultades en este proceso dependerán del clima afectivo que rodee al niño. Una actitud cariñosa y comprensiva facilita la educación. Es cuestión de ir ayudándole con cariño y paciencia.
Cuando el niño comprende lo que sus padres desean de él, se esforzará por complacerles y colaborará de buen grado.
EMPEZAMOS:
Llegado el día, procurando que sea un fin de semana o periodo de vacaciones, le diremos alegres que ya no vamos a ponerle pañal.
Le propondremos que se siente en el orinal, unos minutos, “para que salga el pipí” cuando se le vea deseoso para que lo logre al primer intento. Estableceremos una rutina de permanecer sentado unos minutos (no más de 5) cada media o una hora, procurando que esté distraído para que no esté inquieto.
En cuanto lo logre lo levantaremos y expresaremos nuestra alegría y le ayudaremos a tirarlo al water. Si no es así no es conveniente prolongar el tiempo de permanecer sentado.
Si hace fuera del orinal le diremos, con expresión y voz neutra, sin enfadarnos, que hay que hacerlo en el orinal. Ser persistentes ya que se logra el objetivo en pocas semanas.
COSAS QUE “NO”:
No es conveniente obligarle a sentarse en el orinal si se niega a ello.
No mantener al niño sentado en el orinal hasta que logre la micción.
No insistir en que orine haciendo fuerza si no lo logra al primer intento.
Aconsejo un día “casero” y si salimos, no le pondremos ya pañales porque lo estaríamos confundiendo y no sabrá cuando está permitido hacerse encima y cuando hacerlo en el orinal. Llevaremos ropa de cambio suficiente.
No reñiremos ni castigaremos al niño porque se haga encima. No ridiculizarlo ni avergonzarlo.
No dispersar los esfuerzos cambiando de técnica continuamente, ni usar distintos métodos simultáneamente.
No se le debe reprender excesivamente ni manifestar asco si le vemos jugar con sus deposiciones. Para él es algo natural, siente curiosidad por aquello que sale de su cuerpo y lo considera como algo valioso e importante.
¿Y POR LA NOCHE QUÉ?
Si las semanas antes de decidir quitar pañales de día, observamos que se levanta con pañal seco tras la noche, podemos quitar los pañales tanto de día como de noche, al mismo tiempo.
Si, por el contrario, moja todas las noches el pañal mi consejo es mantener el pañal en la siesta y la noche. Esta situación es la más normal puesto que la continencia nocturna suele ser algo más tardía.
Tampoco aconsejo despertar y levantar al niño cada noche a determinadas horas para que orine, interrumpiendo así su sueño.
Es fácil explicarle que le ponemos los pañales para dormir porque si está dormido no se entera “que quiere salir el pipí”.
Isabel Rubio
Escrito por Isabel Rubio el 7 Febrero 2010 dentro de Enfermedades de la Infancia, General |
La infección del tracto urinario es una de las infecciones bacterianas más frecuentes en niños. Se estima que al finalizar la edad pediátrica el 8-10 % de las niñas y el 2-3 % de los niños ha padecido una infección de orina.
En todo niño con sospecha clínica de infección de orina se debe obtener una muestra de orina con el fin de confirmar el diagnóstico.
La correcta recogida de orina es la base para el diagnóstico de infección urinaria.

RECOGIDA DE MUESTRA DE ORINA EN NIÑOS
I. NIÑOS QUE NO CONTROLAN ESFINTERES:
1.- Lavado de manos riguroso y preparamos el material necesario.
2.- Higiene de los genitales: lavaremos los genitales con agua jabonosa (no con antisépticos). En los niños bajaremos el prepucio y si no es posible realizaremos una concienzuda limpieza de los pliegues y del meato urinario; en las niñas separaremos los labios y limpiaremos retirando restos de crema y suciedad. Después enjuagar con agua y secar con gasas estériles; en las niñas secar de delante hacia atrás.
3.- Colocación del colector de orina. Es conveniente manipularlo lo menos posible porque viene estéril.
Si en 30 minutos no se recoge orina es necesario iniciar el proceso de nuevo para cambiar la bolsa adhesiva.
4.- Una vez recogida la orina se retira el colector y se introduce en el bote estéril, abierto en ese momento, no antes. Guardaremos en nevera hasta su llegada a laboratorio.
II. NIÑOS QUE CONTROLAN ESFÍNTERES:
1.- Lavado de manos y preparación del material.
2.- Lavar los genitales externos con agua jabonosa (no usar antisépticos). En los niños bajar el prepucio y si no es posible totalmente, descubrir al máximo el glande para realizar una escrupulosa limpieza. En las niñas separar bien los labios y limpiar retirando restos de suciedad. Enjuagar con agua y secar con gasas estériles de delante hacia atrás.
3.- Abrir entonces el bote estéril procurando manipularlo lo menos posible.
4.- Iniciar la micción recogiendo en el bote estéril orina a mitad de chorro. Guardaremos en nevera hasta su llegada a laboratorio.
Isabel Rubio
Mi agradecimiento a las enfermeras MªLuisa Fdez-Caro y Virtudes Milan y a las doctoras Carolina Torres y Carmen Navarro de la Unidad de Nefrología Pediátrica del Servicio de Pediatría del Hospital Comarcal de Elda por lo que aprendimos en la sesión de ayer.
Escrito por Isabel Rubio el 4 Febrero 2010 dentro de Educación para la Salud: La Etapa Escolar, General, Hijos |
Las chuches son pequeños regalos que damos a nuestros hijos, con demasiada frecuencia en algunas familias. Les compramos golosinas desde la más tierna infancia para gratificarles, más adelante las compraran ellos solos, a veces sin control alguno del adulto, invirtiendo las pequeñas cantidades de dinero de que disponen y suponiendo un aporte demasiado frecuente de azúcares, tan perjudicial para su boca, como calórico, tan perjudicial para su dieta. Sin olvidar su abundancia en cualquier fiesta y cumpleaños.
Pero mi intención hoy es que seamos conscientes, como consumidores bien formados e informados, ante la compra de “las chuches”. Existe mayoritariamente la venta a granel de muchas de ellas, dónde no consta ni la composición, ni dónde se realiza la elaboración e incluso, a veces, ni el registro sanitario; y no hablaré de higiene.
No se trata de ser detectives (aunque lupa necesitamos si queremos leer la mayoría de las composiciones), ni investigadores obsesionados o expertos en edulcorantes, estabilizantes, colorantes, saborizantes, humectantes, espesantes, etc. más bien propongo un uso comedido de ellas y sobre todo el conocimiento de que existe un registro sanitario del producto y debe constar su composición y calorías.
Las chuches son hilos que todavía nos unen a la etapa oral, que gratifican al niño, que aún nos gratifican a nosotros y es admisible su consumo esporádico.
Isabel Rubio
Escrito por Isabel Rubio el 3 Febrero 2010 dentro de Educación para la Salud: La Adolescencia, General, Hijos |
Leo hoy en Pediatria Basada en Pruebas, magnífico blog para profesionales sanitarios, una entrada de Cristóbal Buñuel Álvarez: El consumo de alcohol entre los jóvenes: esa lacra
Hace referencia al informe de la Encuesta Estatal sobre uso de drogas en estudiantes de enseñanzas secundarias (ESTUDES) 2008 que ofrece unas cifras preocupantes. El 58,5% de los encuestados consumieron alcohol en los últimos 30 días. La edad de inicio de consumo de alcohol en nuestro país se sitúa entre los 13 y los 14 años. A medida que la edad avanza, la prevalencia de consumo aumenta: hasta un 75,1% a los 18 años.
En España el Ministerio de Sanidad y Política social dispone de una web: msps.es/alcoholJovenes/home.htm dirigida a profesionales sanitarios, padres, educadores y jóvenes, para informar de este problema y de las maneras más eficaces de afrontarlo.
Termina con una pregunta: El consumo de alcohol entre nuestros jóvenes y niños es una asignatura pendiente desde hace demasiado tiempo. ¿Estamos todos – instituciones, padres, educadores, profesionales sanitarios…- dispuestos a combatir este gravísimo problema?
Isabel Rubio
Escrito por Isabel Rubio el 1 Febrero 2010 dentro de Educación para la Salud: El Lactante, Educación para la Salud: El recién nacido, General |
Tenía pendiente hacer una entrada hablando de agua y biberones, sobre todo para dejar claro que a la hora de usar agua potable del grifo basta con hervir el agua durante un minuto desde el momento en que se inicia la ebullición en la superficie. Se recomienda añadir un minuto más por cada 1.000 metros de altitud sobre el nivel del mar según la Organización Mundial de la Salud y la Guía de Salud Materno-Neonatal de la Asociación Española de Pediatría. La recomendación previa de hervir el agua durante 5 o 10 minutos debe abandonarse pues se ha demostrado que algunas sustancias como los nitratos o el sodio se concentran demasiado. Es aconsejable mantener esta recomendación hasta los 6 meses, ya que a partir de esta edad los niños tienen mayor capacidad inmunitaria.
Una alternativa a la ebullición del agua potable es el empleo de agua de bebida envasada que puede utilizarse directamente.
Indudablemente, sigue siendo importante mantener la recomendación de lavarse siempre las manos antes de preparar el biberón y la rigurosa higiene de éste.
Si queréis saber más de este tema:
http://www.aeped.es/infofamilia/temas/agua.htm
Agua de bebida en el niño. Recomendaciones prácticas aunque es un artículo dirigido a pediatras se puede obtener información de interés para los padres.
Isabel Rubio
Escrito por Isabel Rubio el 28 Enero 2010 dentro de Familia, General, Hijos |
Llegó a mis manos un cuento, publicado por un laboratorio farmacéutico que promocionaba un nuevo antidepresivo, titulado “Mamá está depre”. La protagonista es una niña, de unos 8 años, que relata en primera persona cómo ha vivido la enfermedad de su madre.
En el cuento, como en la vida real, palpamos el sufrimiento de los niños y, lo que es más grave, un sufrimiento en soledad.
Empieza diciendo: “Un día eché en falta la alegría de mamá (…) entonces sentí por primera vez que Gabriela (su hermana pequeña) y yo estábamos solas en casa; con mamá, pero solas”. Es el descubrimiento, por ella misma, de que algo está pasando. Y el silencio dispara su fantasía. Los adultos tratan de ocultar a los ojos de los niños la enfermedad grave en un intento inútil de evitarles el dolor, inútil porque ellos observan, porque son hábiles en captar los silencios, los gestos, los múltiples detalles de la comunicación no verbal, los tonos en las conversaciones entre los adultos, percibir la atmósfera densa que se ha creado en su hogar cuando algo importante y grave pasa.
Y en el cuento, tras muchos días, es la niña la que toma la iniciativa:”…me atreví a preguntar:¿mamá no viene a darnos las buenas noches?” y ¡por fín! el padre le dice que “mamá está enferma”.
Pero ante el silencio de los adultos, cuando no se da la información clara y adecuada a la edad del niño, surge en él un sentimiento de culpabilidad (“¿está enfadada conmigo?”), el niño cree ser el culpable de la tristeza de su madre o de su padre.
Otra reacción, que también se plantea en el cuento, es la de asumir el papel de protector de la mamá enferma, invirtiendo los papeles. Esta situación supone una sobrecarga para la hija que pasa a hacer de mamá de su propia madre (“…aproveché para recordarle que le diera las medicinas a mamá”, “en el colegio estuve pensando en cómo conseguir que mamá…”, ”cogía a Gabriela y me ponía a jugar con ella para que no llorase y molestase a mamá”).
Como pediatra entiendo el drama que la niña vive, acercarme a su soledad, a su culpabilidad, a su exigencia de ser “una niña buena”, “a portarme como mamá quiere que me porte”, porque es una historia real la de muchos niños que viven la enfermedad grave de su padre o de su madre sin una explicación de lo que está pasando, información que debe ser dada por la persona más cercana al niño, si no es posible que lo haga el progenitor enfermo.
Por último sería necesario que también le quedara claro que va a seguir estando cuidado como siempre, aunque ahora quizás tenga que pasar más tiempo con los abuelos, o con los tíos…dándole la seguridad profunda que el niño necesita.
Isabel Rubio