Tiempo de protocolos

Publicado hoy en el Suplemento de Salud del diario Información

Desde el inicio de curso se suceden noticias en la prensa denunciando los problemas que sufren las familias en el día a día escolar. La mayoría ocasionados por la falta de información de los protocolos COVID en los centros educativos.
Sin ir más lejos, el pasado día 6 era portada de este diario “Los niños que faltan un día a clase necesitan un certificado médico para volver al colegio”. Padres y madres denunciaban no poder reincorporar a sus hijos a la escuela tras una ausencia, a veces de un solo día y no por motivo de enfermedad. Se negaban a admitirlos si no llevaban un “certificado médico” de que no tenían COVID.
Al día siguiente nuevos titulares aclaraban que no era necesario. ¿Se dan estos hechos por la interpretación que cada colegio hace en relación al protocolo?.

No me cansaré de insistir que es fundamental informar, es necesaria una didáctica de la pandemia. Los protocolos que dicta la Conselleria de Sanidad en relación a los centros educativos han de transmitirse con claridad a la Conselleria de Educación y ésta a su vez a las distintas direcciones de los Centros. Evitemos que funcionen como pequeños reinos de Taifas.
Por otro lado información a la población, a las familias. Es vital, en la situación de pandemia que sufrimos, empoderar a la sociedad civil.

¿Pero qué dice el protocolo de la Conselleria?
El último es el de 6 de octubre. La web no está actualizada, al menos a día de hoy jueves, y mantiene el de septiembre. Sólo hay que teclear en google “Conselleria Sanitat” y aparece “GVA coronavirus”. Por cierto, la Generalitat Valenciana ha habilitado un teléfono de información para atender cualquier duda en relación al coronavirus. Es el 900 300 555.

Vayamos al protocolo. Lo primero es que “La familia o representantes legales del alumno o alumna y el alumnado mayor de edad, firmarán un compromiso, antes del inicio del curso escolar, de acudir sin síntomas al centro”. Repasados los síntomas por los que no deben acudir al centro educativo, fiebre como criterio principal, vienen a ser los mismos que siempre hemos aconsejado los pediatras para que los niños y niñas se queden en casa. Por respeto a ellos, porque precisan unos cuidados y atención que la escuela no puede darles, y por respeto a sus compañeros, para evitar contagios.

Otro punto importante es que “El alumno o alumna, así como el personal del centro se podrán incorporar al centro educativo, cuando se haya cumplido el periodo de aislamiento preventivo indicado por el protocolo sanitario vigente”. Quedan claros en el protocolo los periodos estipulados, tanto si se trata de un contacto como si ha sufrido la enfermedad. Si se trata de otro proceso infeccioso se reincorporará cuando ya esté asintomático, como siempre.
En ningún momento será necesario un certificado médico para la reincorporación al centro educativo.

Facilitaría que existiera la enfermera escolar. Excepcionalmente algún colegio público la tiene, contratada sólo 4 h. a la semana a cargo del Ayuntamiento, y sí la mayoría de los concertados y privados. Hoy más que nunca es necesaria esa profesional. ¿No sería factible que Educación tuviera una enfermera a tiempo completo para varios colegios?.

No podemos admitir situaciones como las que se denunciaban, niños que se quedan en casa sin estar enfermos porque han faltado un día al cole y les impiden incorporarse. Los protocolos han de estar claros y transmitirse así a los Centros, porque de lo contrario estaríamos incurriendo en un maltrato a niños y niñas al impedir su derecho a ir a clase estando sanos.

La estúpida añoranza

Publicado hoy en el diario Información

Me duele leer en redes sociales insultos a los profesionales sanitarios o comentarios despectivos, algunos añorando a aquellos médicos y pediatras que atendían a 80 o 100 personas en dos horas y media, “esos sí que trabajaban”. La misma estúpida añoranza, por ejemplo, de los que recuerdan tomar leche recién ordeñada, “aquello sí que era leche”.

Soy mayor pero no llegué a vivir los primeros años de pediatría ambulatoria. Sí he conocido a compañeros que la ejercieron desde la década de los 60, algunos buenos amigos. Fue en 1958 cuando se instaura en el Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE) la figura del Pediatra de zona, que atendían a un “cupo” de niños menores de 7 años. Realizaba una atención exclusivamente asistencial, sin funciones preventivas, con una dedicación de dos horas y media de consulta al día y con disponibilidad para “avisos” a domicilio. Mi amigo el Dr. José Vera, pediatra en Elche desde 1966, contaba que fueron años muy duros, con decenas de visitas a domicilio, a menudo hasta entrada la noche. Además el SOE daba cobertura inicialmente apenas al 25% de la población y el sueldo de los pediatras era ínfimo, por lo que se veían en la necesidad de tener consulta privada. Todo esto se traducía en vivir de lunes a sábado dedicado en exclusiva a trabajar, en jornadas maratonianas sin vida privada. Fueron los pioneros. Mi profundo respeto a aquellos primeros pediatras de cabecera. Por si no lo sabéis, España fue precursora en Europa de la atención a la infancia a nivel ambulatorio. 

Han habido muchos cambios, demográficos, sociales, científicos, tecnológicos y con ellos la atención sanitaria. No cabe la añoranza.

Pero a lo que iba, si mucha gente no entiende el funcionamiento actual de los Centros de Salud, será que no se está explicando bien. Y mientras una mayoría mantiene una actitud respetuosa con los profesionales sanitarios, otros no.

En estos tiempos de pandemia son necesarios dirigentes con capacidad de liderazgo y qué pena que brillen por su ausencia. Qué falta hace que alguien dirija el rumbo y que, entre otras muchas cosas, mantenga canales de información a la población claros, continuos, didácticos, una labor pedagógica de la pandemia que no sólo facilitaría la adhesión a las normas preventivas, también daría seguridad a la población y facilitaría el trabajo de los profesionales sanitarios.

Nosotros echamos en falta que no se haya explicado lo suficientemente bien el funcionamiento actual de los Centros de Salud. Todos debemos hacerlo, cada uno desde el ámbito y la responsabilidad que tiene. Nuestra Conselleria tendría que estar realizando una labor informativa de cómo acceder al primer nivel de asistencia sanitaria y el porqué de estas medidas, asumiendo así la responsabilidad última de la organización del trabajo en los Centros y respaldando a los profesionales. Tendría que haberlo explicado por el bien de todos. 

Desde estas líneas aporto mi grano de arena informando porqué sigue siendo necesario acceder al Centro de Salud mediante contacto telefónico. 

De entrada lo más importante: permite filtrar pacientes con síntomas sospechosos COVID, por lo que si ha de acudir a consulta se le citará en un circuito diferenciado de acceso y valoración con todas las medidas necesarias. Si son síntomas leves se le estudiará y seguirá desde casa, evitando desplazamientos.

En segundo lugar: evita la acumulación de pacientes en las salas disminuyendo los contagios.

Realizar este triaje telefónico permite también solucionar muchas consultas de asesoramiento, problemas administrativos o diagnosticar y tratar problemas sanitarios menores.

Por último y muy importante, si tras hablar por teléfono es necesario explorar y valorar, se citará presencialmente.  

No olvidéis que se toman estas medidas POR LA SEGURIDAD DE TODOS.

Infancia, cole y mascarillas

Publicado hoy en el diario Información

Cuando era pequeña mi madre me tapaba la boca y la nariz con la bufanda antes de salir de casa para la escuela. Recuerdo muy frías aquellas mañanas de invierno.
Este curso nuestros niños y niñas también salen de casa con la boca y la nariz tapadas con su mascarilla para ir al cole. Son los tiempos.

Hay muchas preguntas en el aire acerca de las mascarillas. Veamos si puedo aclarar algunas.

Para empezar ya sabéis que son obligatorias desde los seis años y recomendables desde los tres, sobre todo en el transporte escolar. En el colegio os habrán informado de la obligatoriedad de su uso según la edad y en qué espacios. En las aulas dependerá del número de alumnos. Por tanto van a formar parte del “material escolar” que deben llevar.

¿Qué mascarillas usar?

Existen las mascarillas quirúrgicas que deben cumplir Norma UNE-EN 14683:2019+AC:2019 y las máscaras filtrantes de protección contra partículas, que deben cumplir la Norma UNE-EN 149:2001+A1:2010.
Y existen las mascarillas higiénicas recomendadas para la población general, que también deben cumplir una normativa.

La mascarilla higiénica es un producto no sanitario que cubre la boca, nariz y barbilla provisto de una sujeción a cabeza u orejas y que realiza una función de barrera. Destinada a adultos y niños a partir de 3 años sin síntomas.

Ante la situación de pandemia y la necesidad de uso de mascarillas por la población, la Asociación Española de Normalización (UNE) creó un Grupo de Trabajo que elaboró la normativa a cumplir para fabricarlas. En este Grupo de Trabajo participaron entidades tanto del sector público como privado: Ministerio de Sanidad, Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, Ministerio de Consumo, Agencia Española del Medicamento y Producto Sanitario (AEMPS), Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), Consejo Intertextil Español (CIE) o el Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV) entre otros. El resultado del trabajo fue la publicación de las “Especificación UNE 0065:2020”, un documento con los requisitos mínimos que deberían tener las mascarillas higiénicas a ser utilizadas en este escenario frente a la COVID-19 por los adultos y niños: desde los materiales que se deben utilizar para su elaboración, a la confección, marcado y uso, o los parámetros que deben cumplir de respirabilidad y eficacia de filtración bacteriana (BFE) mayor o igual al 90%.

La mascarilla higiénica puede estar formada por una o varias capas de un material o combinación de materiales. En el caso de combinaciones de varias capas de materiales, la capa filtrante debería colocarse en el medio o como capa externa. Existen 4 tallas: De 3 a 5 años, de 6 a 9, de 10 a 12 y mayores de 12 años.

Las mascarillas deben estar marcadas de manera clara en el embalaje. Si la venta es a través de Internet, esta información también se debe mostrar en la página web.
El marcado debe incluir: marca comercial o identificación del fabricante o proveedor. Especificación UNE 0065:2020. También constará la advertencia de que no es un producto sanitario, que se regula por otra normativa. Instrucciones de cómo colocarse la mascarilla y en el caso de niños, que debe ser supervisada por un adulto, así como instrucciones de uso. Por supuesto talla y rango de edad.
Si es reutilizable significa que es un producto previsto por el fabricante para ser utilizado en varias ocasiones siempre que se sigan las instrucciones de limpieza recomendadas. Debe aguantar al menos 5 ciclos de lavado y secado manteniendo sus prestaciones. El método de lavado debe asegurar la eliminación del virus por lo que debe constar en las instrucciones del fabricante por ejemplo: “Lavar con ciclo completo de lavado a 60º con el detergente habitual un máximo de 5 veces y secar al aire”.

Para un uso correcto debemos lavarnos las manos antes de ponérnosla.
Identificar la parte superior de la mascarilla y posicionarla en la cara, a la altura de la nariz. Sostener la mascarilla desde el exterior y sujetar las gomas detrás de las orejas. Debe cubrir nariz, boca y barbilla, garantizando un ajuste adecuado con la cara y pellizcar la pinza nasal si existe.
Una vez ajustada, no tocar la mascarilla con las manos.
Para retirarla primero lavado de manos, a continuación retirar la mascarilla sin tocar su parte frontal y volver a lavarnos las manos.

Se recomienda no usar la mascarilla más de 4 h. y no llevarla en una posición de espera en la frente o debajo de la barbilla.

Espero que tengáis clara la respuesta a la pregunta que tanto me habéis formulado ¿qué opinas de las mascarillas de tela?.

Vuelta al cole

Cada año, por estas fechas, suelo escribir un artículo de “vuelta al cole”. Este año la complejidad del tema ha estado a punto de paralizarme.

Empezaré por una reflexión. Esta pandemia está poniendo en evidencia muchas cosas, desde nuestras debilidades y fortalezas personales a las debilidades y fortalezas de nuestro sistema sanitario y educativo. Sometidos a una situación de stress, el sistema sanitario deja al descubierto el abandono que sufre desde hace años la Atención Primaria. También el sistema educativo nos muestra sus vergüenzas. Está dejando ver, por ejemplo, su incapacidad para equilibrar las desigualdades sociales.

Pero además esta pandemia nos ha puesto delante lo poco que importa la infancia. Empezando por la decisión durante el confinamiento de poder sacar a pasear al perro pero no a los niños y siguiendo porque tendría que haber sido prioridad absoluta establecer la vuelta al cole.

La vuelta al cole debía hacerse en las mejores condiciones epidemiológicas posibles y mucho me temo, ojalá cambie la tendencia, que van a cerrar los colegios antes de abrirlos.

La vuelta al cole exige, de entrada, unas directrices generales con las medidas que hay que tomar y dinero. Exige adaptar esas líneas generales a la realidad de cada escuela. Todo ese trabajo tendría que estar ya hecho.
Pero es más, tendría que estar elaborado un plan B si la enseñanza presencial no puede realizarse por el empeoramiento de la situación epidemiológica. Ahora no nos puede pillar desprevenidos.

Y aquí estamos, sin ir más lejos el 27 de agosto se volvían a reunir los responsables educativos y sanitarios de Gobierno y Autonomías. La anterior, en junio, terminó con la publicación de un Documento que recoge una serie de medidas que se establecen en torno a cuatro principios básicos: limitación de contactos, medidas de prevención personal, limpieza/ventilación y gestión de los casos.

Desde entonces las distintas CCAA han elaborado sus protocolos con bastante uniformidad apostando por una vuelta al cole presencial.

En nuestra Comunidad Autónoma se publicaba en los últimos días de julio un documento de 27 páginas que recoge las líneas generales marcadas. Plantea una serie de medidas adaptadas a las diferentes etapas educativas y establece protocolos de actuación que faciliten la gestión de casos.
Se habla de limitación de contactos que implica distanciamiento físico de metro y medio, circuitos señalizados, escalonar entradas, salidas y recreos. Grupos más reducidos y de convivencia estable sobre todo para el alumnado de Infantil, 1º y 2º de Primaria, son los denominados grupos “burbuja” que funcionarían como si fueran una unidad familiar. Complicada la similitud cuando hablamos de 20-25 alumnos.
Prioriza actividades al aire libre. Habla de transporte escolar, comedor, uso de mascarillas, detalla cuando “no” se ha de acudir al centro educativo, de las medidas de higiene personal por todos conocidas, de ventilar las aulas e intensificar los esfuerzos de limpieza y desinfección. Por último protocoliza la gestión de casos en los centros educativos y las medidas específicas en Educación Especial y para Educación Infantil de Primer Ciclo.
En resumen, perdemos una oportunidad de cambio de modelo educativo.
No consta un plan B en el caso de que la situación epidemiológica obligue a una enseñanza presencial parcial o incluso no presencial.

La vuelta al cole exige implicación de todas las administraciones, no sólo Consellerías, también Diputaciones y Ayuntamientos. Esta pandemia pone en evidencia aquello de que “educamos todos”, efectivamente exige que la sociedad en general deba implicarse. Pondré un ejemplo: si hay que disminuir ratios habrá que buscar espacios alternativos, si es posible en el entorno escolar.

Pero garantizar las mejores condiciones de seguridad no sólo implica a la administración, también a la comunidad escolar y a atención primaria.

La vuelta al cole exige a los educadores un gran esfuerzo. Han de organizar la escuela de la mejor manera posible, grupos, espacios, horarios…la complejidad es enorme porque las soluciones deberían ser a medida para cada centro a partir de las directrices generales.
Exige compromiso, gestionar sus temores, responsabilidad, serenidad, optimismo y alegría para recibir de la mejor manera posible a su alumnado.
Precisarán un tiempo para celebrar la alegría del encuentro, para elaborar el relato de lo sucedido, para la resiliencia, para trabajar los miedos, para el duelo, sobre todo si ha habido algún fallecimiento en la familia.

La vuelta al cole exige mucho también a los padres y madres. Exige gestionar sus miedos, sus incertidumbres y necesitan sentir que todo está organizado.
Como pediatra puedo transmitiros que la mayoría de los niños y niñas infectados por SARS-CoV-2 presentan una enfermedad leve-moderada y que en España, teniendo en cuenta los casos estimados a partir de la encuesta de seroprevalencia, han necesitado ingreso hospitalario el 0,56 % de los casos en el grupo de edad de 0-4 años; el 0,08% en los de 5-9 años; un 0,10 % en los de 10-14 años y 0,21 % en los de 14-19 años. Datos que aparecen en el Documento de las Consellerías y que son muy tranquilizadores.
También se les exige responsabilidad. Han de asumir el compromiso de no enviar al colegio a su hijo si está enfermo, incluso con síntomas banales. Este año es más necesario que nunca que tengan resuelto su cuidado en casa porque también puede que tengan que hacer cuarentena, si ha habido un caso en su aula.

La vuelta al cole exige que la Atención Primaria cuente con el personal adecuado. El pediatra tras un primer contacto telefónico valorará la atención necesaria al niño enfermo y de precisar la realización de una PCR, agilidad en las pruebas. Debe existir línea directa entre Colegio, Centro de Salud y Salud Pública para investigar con rapidez cuando haya un caso. También será importante que este otoño-invierno alcancemos las máximas coberturas vacunales de gripe.

La escuela es un lugar donde aprender a vivir, a relacionarse y ha de garantizar el bienestar de la infancia. Esperemos que esta escuela que abre sus puertas en septiembre no lo olvide.

Artículo publicado hoy sábado 29 de agosto en el periódico Información

 

Aquel verano con mascarilla

Estamos en pleno mes de agosto. Vacaciones. Hagamos un paréntesis y en este suplemento de salud demos paso a un relato o, si queréis, un cuento para leer a vuestros hijos e hijas.

Así que, “Érase una vez”….

… Una niña llamada Aitana. Hoy es su cumpleaños. Ya tiene 11 años. Cumplir los años en verano es un poco rollo porque lo celebra con sus padres, con sus tíos y sus primas, sus yayos y alguna amiga de clase que no se ha ido de viaje esos días. Es mejor cumplirlos durante el curso, porque a esos sí que van todos los de la clase y a ella le encanta que haya mucha gente.

Ese día a la mamá de Aitana le gusta decorar la pared blanca de la terraza con grandes fotos de todos sus cumpleaños, desde el primer año. En ese primer cumple está en brazos de su padre con una carita sonriente mirando la tarta que tiene una sola vela encendida. Y después la de los 2, la de los 3, la de los 4… cada vez más mayor.

Pero hay una foto que aún es un poquito más grande, la del cumple de los 7 años. Esa foto le encanta. Es la del verano con mascarilla. Todos en la foto la llevan. Cada uno está haciendo una tontería y aunque solo es una foto parece que se oyen las risas que tenían cuando se la hicieron.

Aitana se acuerda de aquel verano porque todo fue muy muy raro. El cole terminó pronto, antes de junio, que es cuando acaban los colegios. Cerraron porque llegó un virus de China llamado coronavirus y pensaron que era mejor estar en casa para que no lo pillaras y no te pusieras enfermo. Los médicos de los laboratorios que lo vieron, con ayuda de un microscopio gigante, lo dibujaban como una pelota redonda con clavitos alrededor, unas veces de color rojo, otras verde. Viendo el dibujo no daba ningún miedo.

Fueron unos meses en los que no salió de casa. Pero estaba con papá y mamá. También ellos dejaron de ir a su oficina y trabajaban con el ordenador desde casa. A eso se llamaba teletrabajo. Enseguida el cole empezó a mandar deberes y más deberes. Menos mal que tenía la ayuda de sus padres. Así que todos en la mesa del comedor trabajando. Después ya empezó a conectarse por videoconferencia con su maestra, o sea, que también ella tenía “teleescuela”.

También con el móvil o la tablet hablaban y se veían con los yayos, con sus primas, con las amigas. Se pasaban un buen rato cada día hablando por las pantallas, pero de juegos nada de nada, bueno eso fue al principio, después sí que la dejaban, pero solo una hora.

Por las tardes salían al balcón a aplaudir y así saludaban a los vecinos. Aplaudían para darles las gracias a todo el personal de los Centros de Salud y de los Hospitales que cuidaban de los que se ponían enfermos y tenían mucho trabajo. A Aitana le gustaba mucho aplaudir al mismo tiempo con tanta gente, a veces alguien ponía después música muy fuerte y se oía por toda la calle.

Cuando acabó el curso ya se podía salir a la calle, primero un rato solo y cerquita y después siempre que quisieras y por dónde quisieras. Pero con mascarilla. Debían llevarla todos los mayores de 6 años así que compraron un montón. A Aitana la que más le gustaba era una con mariposas. Cuando volvían a casa lo primero era lavarse las manos, aprendió a hacerlo aún mejor de lo que sabía, su madre decía que así se lavaban los cirujanos para operar.

Y por fin volvimos, aunque al principio con mascarilla, a ver y abrazar a los amigos. Pero empezamos con saludos raros: a los yayos al principio le abrazaba las piernas, nos tocábamos con los codos, a veces abrazos al revés dándonos el culo… después llegaron los abrazos como los de antes, los achuchones y los besos.
Esto es lo que recordaba de aquel verano de los 7 años que fue el verano con mascarilla.

Publicado en el suplemento de Salud del diario Información el pasado sábado 15 de agosto.

Semana Mundial de la Lactancia Materna 2020

En la mayoría de los países se celebra del 1 al 7 de agosto la Semana Mundial de la Lactancia Materna, este año con el lema “Apoyar la lactancia materna para un planeta más saludable”. Años anteriores he escrito con este motivo en maynet: Aquí, aquí

Este año tenía pendiente escribirlo, pero después de leer el magnífico y contundente artículo del Dr. José María Paricio «La lactancia, saludable para la humanidad y el planeta», publicado en la web APILAM no me siento capaz. Sólo queda aplaudir. Muchas gracias José María por el artículo y por tu trabajo en defensa de la lactancia materna.