Here comes the sun

Hoy en el periódico Información se publica este artículo del Dr. Luis Martínez Peña, Residente de Pediatría actualmente en rotación en nuestro Centro de Salud. ¡Gracias Luis!

Se acerca el verano, y con él los días de buen tiempo, playa, castillos de arena y SOL, mucho sol. SOL, así en mayúsculas, porque él es el invitado al que llevamos esperando todo el invierno, y tenemos que aprender a disfrutar de él.

Con la llegada de un nuevo verano llegan padres, madres y niños que se enfrentan a su primer verano juntos, con todas las dudas del mundo. Para ellos y para todas las madres y padres van estas recomendaciones sobre cómo protegerlos del tan ansiado astro.

Al exponer nuestra piel al sol, recibimos radiación de este, la cual a pesar de calentarnos y hacernos sentir bien, deteriora nuestros tejidos. Como se suele decir: “La piel tiene memoria” y todo el daño que recibe se acumula en forma de lesiones en nuestro ADN. Cuanto más expongamos nuestra piel al sol desde el nacimiento, mayores probabilidades de acumular estos daños en el ADN que puedan en algún momento de nuestra vida desencadenar un cáncer cutáneo.

¿Cómo reducimos esta exposición dañina?
Los tres grandes pilares donde nos vamos a apoyar van a ser: Evitar la exposición, el uso de ropa adecuada y el uso de protector solar.

El primer paso es el más lógico y a la vez el más eficaz, consiste en evitar la exposición al sol en la medida de lo posible. Hay que incidir sobretodo en evitar las horas centrales del día (11:00-16:00), cuando se recibe mayor radiación. ¡Sentido común! Para lograr esto no hace falta gastarse demasiado dinero ni embadurnar a nuestros pequeños, basta con buscar sitios sombreados o fabricárnoslos, con sombrillas o tiendas donde pasar tiempo descansando o comiendo, evitando una exposición continuada.
Pero como será difícil mantenerlos todo el día debajo de la sombrilla, debemos de protegerlos una vez salgan, y aquí entran en juego los otros dos pilares.

La ropa puede ser un potente protector solar, siempre que se utilice la adecuada. Así, el uso de sombreros, gorras, gafas de sol y ropa, nos proporcionan una barrera, pero ojo, que no todo vale. Diferentes tejidos ofrecen diferente protección, lo que conocemos como el Factor de Protección Ultravioleta (FPU). EL FPU aumenta con tejidos más gruesos, menos porosos y principalmente con colores oscuros, mientras que disminuye en tejidos bajo estiramiento, húmedos o que hayan sufrido muchos lavados. Por lo tanto, no debemos de entender como protección eficaz el que nuestro hijo se bañe con una vieja camiseta blanca. Para ello, empresas especializadas han desarrollado tejidos con alta FPU y aditivos específicos, ideales para proteger a nuestros pequeños. Encontraréis información al respecto en la web http://www.albinismo.es.

Por último, llegamos al elemento indispensable del verano. Entre las palas, la neverita, la sandía y los bocatas de tortilla encontramos siempre el protector solar. Pero, ¿cuál es el que debo utilizar para mi hijo? 
En primer lugar, si tu hijo tiene menos de 6 meses, no se recomiendan este tipo de productos ya que la gran mayoría no están testados en esas edades y sobretodo porque confieren una falsa sensación de seguridad. Con ellos, nos debemos de quedar en los dos primeros puntos: Evitar la exposición y proteger con ropa adecuada.
Para el resto debemos de seguir las reglas generales de usar crema con FPS adecuado (entre 30 y 50) y aplicar y reaplicar de manera correcta. Debemos aplicarla al menos 30 minutos previos a la exposición y reaplicarla cada 2 horas o antes si se bañan o sudan, independientemente de que sean “resistentes al agua” o no. De los aceites de bronceado nos olvidamos.

En las manos de los padres está cuidar de la piel que van a tener nuestros hijos a lo largo de sus vidas. Con estos simples consejos y un poco de sentido común podemos disfrutar del verano sin sobresaltos. Protejamos el futuro de nuestros hijos protegiéndoles del sol.

Más información en:

¿Qué protector solar me aconseja?

Hablemos de ropa y protección solar

Objetivo: mejorar los menús en comedores escolares

Publicado en el Suplemento de Salud del periódico Información fiel a la cita quincenal

Aprovechando estos lluviosos días de vacaciones que invitaban a quedarnos en casa, he estado leyendo artículos y documentos pendientes de lectura. Entre ellos la Guía para los menús en comedores escolares 2018.
Un trabajo realizado por una comisión técnica multidisciplinar con profesionales de las Consellerias d´Educació y Sanitat en la que han participado compañeros pediatras a los que valoro profesional y personalmente y con la colaboración del Colegio de Dietistas y Nutricionistas.

Se han modificado los menús servidos en los comedores escolares valencianos, 448 en la provincia de Alicante, adecuándolos a las recomendaciones nutricionales actuales. Menús con una oferta gastronómica basada en la dieta mediterránea, una valiosa herencia cultural reconocida a nivel internacional como un patrón alimentario saludable y por lo que fue declarada en 2010 Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO.
Han tenido en cuenta criterios de sostenibilidad en la producción de alimentos y fomento del consumo de productos frescos, de temporada y de proximidad.

También se han tenido en cuenta las directrices que en el 2006 dio la Organización Mundial de la Salud para “el desarrollo de la comida escolar y políticas de nutrición para guarderías, preescolares, primarias y secundarias”. Directrices que van desde que una dieta saludable debe basarse en una variedad de alimentos predominantemente de origen vegetal, seleccionar preferiblemente alimentos con bajo contenido en azúcar o que una dieta baja en sal es mejor.

Se pretende también que todos los comedores escolares sean periódicamente revisados en relación a su adecuación a las recomendaciones realizadas desde la Conselleria.

Recomiendo su lectura porque con el fin de simplificar los mensajes alimentarios se propone la utilización del concepto ración, cantidad definida de alimento que habitualmente compone un plato y calculada para una ingesta correcta. Encontraréis las “raciones” con las cantidades de alimentos, en crudo y limpios de desperdicios, entre los 4 y 18 años. Una pregunta que a menudo me hacéis en la consulta.

Me ha gustado encontrarme con la imagen del “plato de Harvard”, imagen de un plato para comer saludable y no la obsoleta pirámide de los alimentos. En esta representación se recomienda que la mitad del menú, representado por la mitad del plato, sean verduras, hortalizas y frutas. De la mitad restante del plato, un cuarto lo constituyen los cereales integrales, evitando las harinas refinadas. Y por último otro cuarto está conformado por proteínas, como legumbres, pescado, aves y frutos secos naturales, todos ellos fuente de proteínas saludables.

Encontraréis también prototipos de menús por edades y frecuencias de consumo semanal/mensual de grupos de alimentos.

Sólo he echado en falta en esta Guía abordar que, siendo los comedores escolares espacios saludables para las niñas y los niños, se ha de limitar el número de comensales por turnos o distribuirlos en espacios diferentes con el fin de que el ambiente no sea ruidoso.

Como se recoge en esta Guía “el comedor escolar es un servicio complementario capaz de cumplir varias funciones: la alimentación, la socialización, la educación y la reducción de desigualdades de los niños y niñas en edad escolar”. Por ello es necesario un seguimiento de las cifras de niños y niñas que usan los comedores escolares a partir de implantar la jornada continua en los Centros. Según la encuesta de salud de la Comunidad Valenciana 2016, un 57,6% de niños de 3 a 5 años y un 47,9% de 6 a 10 años utilizaban este servicio. Mucho me temo que, como ha ocurrido en otras Comunidades que la implantaron hace años, las cifras vayan disminuyendo paulatinamente, perdiendo esta oportunidad de mejora de la nutrición y de adquisición de hábitos saludables relacionados con la alimentación. En definitiva, perdiendo la oportunidad de influir positivamente en la salud de tantos niños y niñas de nuestra Comunidad.

 

Educar para la vida digital

El pasado sábado publicaba este artículo en las páginas de Salud del periódico Información.

Este fin de semana se celebra el XXXV Congreso de la Sociedad Valenciana de Pediatría en Calpe y he sido invitada a participar en la mesa redonda “Internet+Redes sociales: peligros y adicciones en la infancia y adolescencia”.

Es un honor compartir cartel con Marta García, delegada de Participación Ciudadana de la Policía Nacional de Alicante, que hablará de “La triada del lobo feroz cibernética” y con José José Gil, enfermero de la Unidad de Conductas Adictivas, con mucha experiencia a sus espaldas, que hablará de “Las adicciones a la red: de la nomofobia al selficidio, de la Appstinencia al síndrome de Hikikomori”. Interesante, ¿verdad?.

Preparando el tema de educación en el buen uso de las nuevas tecnologías, que es de lo que hablaré, veía la necesidad de partir hablando de educación, reflexionar juntos acerca de lo que es educar. Los padres educamos a nuestros hijos para la vida… y la vida digital no es virtual, es también real, al menos tan real como la vida misma.

Educar es guiar, conducir y los padres tenemos esa responsabilidad. Educar exige compromiso, implicación, dedicarle tiempo, hace falta “presencia” en la vida del hijo. Si en la balanza entre el esfuerzo que esto supone y el placer de vivir esta etapa de madurez de nuestra vida ganara el disfrute, sería el mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos y a nosotros mismos.

Educamos desde que nacen dotándoles de unos cimientos más o menos firmes. Para ello deben sentir que atendemos sus necesidades, protegidos, sentirse queridos incondicionalmente, necesitan ser valorados, necesitan lazos fuertes e invisibles a la familia, sentir que pertenecen, así cimentamos su autoestima. A más autoestima serán menos influenciables.

Educamos en valores y educamos en habilidades para la vida: en la empatía, en el pensamiento crítico, en el manejo de problemas y conflictos, en habilidades de negociación, en la reflexión, en que se conozca, que sepa mirarse y sepa leer lo que siente, en la toma de decisiones, en la comunicación asertiva… y así vamos educando, aprendiendo de este proceso que obliga a mirar a los que estuvieron antes, a nuestros padres, a cómo nos educaron, qué valores nos transmitieron. Obliga a mirarnos a nosotros mismos, lo que somos, los valores que tenemos, nuestros hábitos, la coherencia o no en nuestra manera de actuar.
Educamos con amor y normas, cariño y límites, es decir, ejerciendo una autoridad afectiva.

Hablaré de prevención, qué podemos y debemos hacer. Y prevenir es educar, no hay otros atajos.

A los padres, en estos tiempos, les ha tocado educar en algo más: en las tecnologías de la información y la comunicación. Para ello tienen que estar informados y formados en las nuevas tecnologías, es necesario que las conozcan. No podemos dejar huérfanos digitales a los hijos, necesitan un padre y una madre que les guíen y les protejan.
No podemos confiar la vigilancia de los hijos en la vida digital instalando un programa de control parental, por muy bueno que sea, porque la clave para un uso saludable de las nuevas tecnologías está en casa. El mejor filtro parental para los hijos son sus padres y exige conocimiento de las tecnologías, una buena comunicación familiar y educación.

Mi hijo tiene otra vez dolor de barriga

Aquí tenéis el último artículo publicado en el diario Información, escrito por María Dos Santos Carrilho Martínez. MIR Medicina de Familia, actualmente en rotación en nuestro Centro de Salud Raval. Elche.

Desde hace unas semanas estoy realizando mi rotatorio de pediatría en el Centro de Salud, donde he podido comprobar que uno de los motivos de consulta más frecuentes en los niños y adolescentes es el dolor abdominal.

Me llamó la atención que se trata de un síntoma que suele generar bastante preocupación entre los padres, es por ello que me planteé realizar una pequeña revisión sobre este tema, con el objetivo de puntualizar cuáles son los aspectos clave sobre el dolor abdominal crónico y, sobre todo, dar a conocer los signos de alarma por los que los padres deben consultar a su Pediatra.

El dolor abdominal en muchas ocasiones es un síntoma inespecífico, por lo que lo más importante en estos casos es realizar una historia clínica y una exploración física completas.
Además de las molestias abdominales, el niño puede presentar otros síntomas asociados que pueden ayudarnos a orientar la causa del dolor.
La mayoría de dolores abdominales son trastornos funcionales que suelen resolverse con medidas higiénico-dietéticas y que en gran parte son transitorios. Esto implica que en muchas ocasiones la exploración física del niño es estrictamente normal y debemos guiarnos por la historia clínica u otros síntomas que presente el paciente (por ejemplo estreñimiento, diarrea, flatulencias, etc.) y el registro en calendario los episodios de dolor, sin ser necesario realizar pruebas analíticas o de imagen complementarias en la mayoría de los casos.
Podemos hablar de la existencia de un “cerebro intestino”, que está constituido por neuronas y que es sensible a nuestra forma de ser, de vivir, existiendo una relación con problemas emocionales, sobre todo ansiedad, con la fobia social, con el miedo. Es decir, interaccionan lo biológico, lo psicológico y lo social. Se habla también que estos niños y adolescentes tendrían disminuido el umbral doloroso visceral, es decir, sienten más el dolor, con aumento de las sensaciones del aparato gastrointestinal.

A pesar ello, no debemos olvidar que un niño con un trastorno transitorio de este tipo que produzca dolor abdominal puede presentarse una enfermedad de mayor gravedad que precise una nueva valoración por su Pediatra.

Por ello, una de las cuestiones más importantes a tener en cuenta en relación al dolor abdominal crónico son los signos de alarma. Ante la presencia de dolor abdominal asociado a alguno de los problemas que se enumeran a continuación, es importante consultar con su Pediatra:

  • En caso de que el niño presente dolor persistente en la zona superior derecha o inferior derecha del abdomen, o que un dolor abdominal generalizado se focalice en una de las localizaciones anteriormente nombradas
  • Que el dolor despierte al niño por la noche
  • Aparición de fiebre que no se pueda explicar por otra causa​
  • Presencia de vómitos persistentes o dificultad para tragar sólidos o líquidos
  • Episodios de diarrea nocturna o presencia de sangre en heces
  • Pérdida involuntaria de peso y/o deceleración de la curva decrecimiento
  • Que en la familia se presenten casos de enfermedad inflamatoria intestinal o celiaquía.

En resumen, lo que deben tener en cuenta los padres con respecto al dolor abdominal de larga evolución es que se trata de un síntoma que en muchas ocasiones está relacionado con trastornos digestivos transitorios, siendo de gran importancia no olvidar los signos de alarma que deben ponerles en alerta.

En la clase de mi hijo hay un caso de Hepatitis A

El pasado sábado publicaba este artículo en el suplemento de Salud del periódico Información, Cristina Mora Caballero Residente de Pediatría del Hospital de Elda, actualmente en nuestro Centro de Salud. ¡Muchas gracias Cristina!

Hace unas semanas entré en el centro de salud y vi que en la puerta de la consulta de enfermería esperaban un grupo de niños. Las caras de los niños estaban llenas de sonrisas y ganas de jugar, sin embargo, en la de sus padres asomaba la preocupación.
Se había producido un caso de hepatitis A en la clase de esos niños y, desde Salud Pública, habían sido citados para administrar la vacuna.
 
Desde ese momento, las dudas acerca de esta enfermedad han ido en aumento y son muchos los padres que se han acercado al centro de salud para consultar. Por ello, queremos aprovechar para dar a conocer algunos puntos básicos de esta enfermedad.
 
¿En qué consiste? Se trata de una enfermedad inflamatoria del hígado, de origen infeccioso, causado por el virus de la hepatitis A.
 
¿Cómo se transmite la enfermedad? El contagio requiere un contacto estrecho ya que la transmisión es fundamentalmente fecal-oral, es decir el virus entra por la boca y se elimina a través de las heces. Es por esto por lo que los más pequeños son especialmente susceptibles al contagio, ya que tienden a llevarse a la boca cualquier objeto que encuentran a su alcance. Por ello, resulta fundamental inculcar un adecuado lavado de manos para evitar la transmisión de unos a otros.
En los países industrializados como España, la infección en niños es poco frecuente y se produce principalmente tras viajar a países endémicos o entrar en contacto con un caso.
 
¿Qué síntomas pueden aparecer? En la mayoría de los niños menores de 6 años la infección cursa de manera asintomática (solo el 10% presentan síntomas). Los niños más mayores pueden presentar fiebre, vómitos, diarrea, malestar general, pérdida de apetito, dolor abdominal y coloración amarillenta de la piel.
Se trata de una infección aguda que cura de forma espontánea y una vez pasada confiere inmunidad duradera.
 
¿Cuándo está indicada la vacunación? En España se siguen las indicaciones de vacunación establecidas por el Ministerio de Sanidad. Se recomienda la vacunación en los mayores de 12 meses tras contacto estrecho con una persona afecta de Hepatitis A. Por ejemplo, hermanos o compañeros de clase del caso índice. También está indicado vacunar antes de viajar a zonas endémicas de la enfermedad, en niños con riesgo de inmunodepresión o enfermedades hepáticas y en personal de riesgo (sanitarios, trabajadores de guarderías…).
Solo en Cataluña, Ceuta y Melilla la vacuna se incluye dentro del calendario vacunal.
 
¿Cuántas dosis hay que administrar? La pauta de vacunación consiste en administrar dos dosis separadas con un intervalo de al menos 6 meses. 
 
En definitiva, lo que los padres deben saber es que aunque se trata de una infección infrecuente, puede aparecer en caso de contacto estrecho con niños afectos. También recordar la importancia de una buena higiene de manos tanto en las escuelas como en casa, para prevenir no solo esta infección si no muchas otras.

 

Otras entradas en las que también se habla de Hepatitis A:

Hepatitis A: prevención

Hepatitis A: prevención de casos secundarios