¿DEBEMOS TRATAR LA TOS?

Fieles a nuestra cita quincenal con el Suplemento de Salud del periódico Información, este fin de semana se publica este artículo que hemos realizado entre José A. Arjona Sevilla M.I.R. Medicina Familiar y Comunitaria HGU Elche y yo. José, ¡qué gusto hacer docencia con gente como tú!.

Ya hemos hablado en los artículos de las últimas semanas de la llegada del otoño, y con él de las enfermedades de carácter respiratorio que se convierten en el pan de cada día de la consulta del pediatra. Dentro de este tipo de patología, nos encontramos uno de los síntomas más molestos (sobre todo para los padres) y que a la postre supone uno de los principales motivos de consulta: la tos. En estos días, las salas de espera de las consultas pediátricas se convierten en un auténtico concierto de toses, dada la amplia variedad de presentación de ésta: tos irritativa, tos perruna (más profunda y metálica), tos en accesos (“ataque” de tos de unos minutos de duración), etc.

En primer lugar, debemos aclarar que la tos no se considera una enfermedad, si no uno más de los síntomas de las infecciones de vías respiratorias, sobre todo las que afectan a vías altas. Es necesario recordar que la tos es un mecanismo de defensa del aparato respiratorio, cuyo objetivo es eliminar los obstáculos presentes en la vía respiratoria, en este caso movilizar el moco. Es muy importante llegar al diagnóstico que origina dicho síntoma (catarro de vías altas, bronquitis, laringitis, neumonía, etc), para iniciar el tratamiento de la enfermedad desencadenante y no del síntoma como tal. Por lo tanto… ¿es aconsejable eliminar este mecanismo de defensa? A estas alturas, nuestra respuesta parece bien clara.

Es muy frecuente la demanda por parte de los pacientes (en este caso, sus padres) de medicamentos contra la tos. Sin embargo, la efectividad de los medicamentos antitusígenos en los niños es más que dudosa y apenas hay estudios realizados en la población infantil. Algunos de estos estudios han puesto en evidencia que fármacos como la codeína y el dextrometorfano tienen similar eficacia en la eliminación de la tos que la del placebo, y otros estudios no han demostrado que el dextrometorfano sea más efectivo que la miel (recordemos que ésta no se debe dar en menores de 12 meses). Por el contrario, sí está demostrado el riesgo de intoxicación con algunos de los medicamentos que se usan para la tos, siendo muchos los países (EEUU, Reino Unido, etc) que prohíben el uso de estos fármacos en menores de 6 años. En España, su uso se encuentra contraindicado en menores de 2 años, siendo usado con menor restricción en la etapa entre los 2 y los 6 años de edad.

Y para terminar insistimos en los mensajes que con este artículo queremos transmitir: debemos tratar la enfermedad y no el síntoma. Es necesario ofrecer a los padres una explicación sobre la benignidad del cuadro clínico (la mayoría son motivados por catarros de vías altas), educándolos con medidas como el lavado de fosas nasales, incorporar el colchón en los lactantes, no usando antitusígenos nunca en menores de 2 años. Además, debemos plantearnos la necesidad de que las Administraciones Sanitarias lleven a cabo una regulación más exigente sobre la venta de medicamentos antitusígenos de libre dispensación.

 

MI HIJO ES UN “MOCOSO”

Ha empezado la temporada otoño-invierno, aunque por estas tierras todavía estemos pasando calor, y se repiten las consultas por mocos. Por eso el Dr. Arjona, Residente de Familia en rotación conmigo, ha escrito este artículo dirigido a los padres y madres. Gracias Jose!:

Cuando éramos pequeños, pensábamos que el término “mocoso” era usado de forma despectiva para dirigirse a nosotros, en la familia, en el colegio… Hoy día, miramos a nuestros pequeños y vemos que no es más que una simple y vulgar descripción de la realidad… Llevamos ya un mes de guardería y colegio, y en el día a día de la consulta del pediatra nos enfrentamos al gran caballo de batalla durante estos meses: los mocos y la tos.

Los niños sufren unas 100 infecciones respiratorias los primeros 10 años de vida, la mayoría de éstas se producen antes de los 3 años de edad, coincidiendo con el inicio de la escolarización y sus primeros años. Se trata de infecciones víricas y autolimitadas, de carácter banal, pero no por ello dejan de ser molestas para el ámbito familiar. Si calculamos en base a estas cifras, vemos que el niño puede presentar de media unas 10 infecciones distintas al año, que se concentran mayoritariamente en los primeros meses de curso, por lo que en la mayor parte de los casos el fin de un proceso se solapa con el inicio del siguiente, dando la impresión de que la infección es continua, siendo el intervalo libre de enfermedad difícil de apreciar por parte de los padres. Por lo tanto, es muy importante saber diferenciar el inicio y el fin de cada uno de los procesos, para así no confundirlos y alarmarnos ante una posible enfermedad crónica.

La mayoría de estas infecciones son catarros de vías altas, cuya duración se estima en torno a 7 días, aunque la tos y el moco pueden persistir unos días más, llegando a los 10 días la totalidad del proceso. Tras el contacto con el virus, se inicia un periodo de incubación de unos 2 días, dando paso a síntomas comunes: se inicia frecuentemente con fiebre, que puede ser alta y persistir durante 2-3 días; moco, al principio acuoso y posteriormente más espeso, obstrucción nasal, tos, estornudos, lagrimeo y congestión ocular. Por tanto, dentro de estos 10 días que suele durar el proceso, debemos observar la desaparición de la fiebre y que el niño se encuentra mejor del catarro en los últimos días, aunque pueden persistir la tos y el moco; si apreciamos que inicia de nuevo estornudos, congestión nasal y ocular, moco acuoso más transparente, vuelve a encontrarse más molesto, y posiblemente fiebre de nuevo, estaremos ante el inicio de un nuevo proceso, por tanto volvemos a contar un nuevo periodo de 7-10 días.

Lamentablemente, no existe forma de prevenir este tipo de cuadros, más que llevar a cabo medidas higiénicas adecuadas (lavado de manos, uso de pañuelos desechables, taparse la boca al toser o estornudar) y tratamiento sintomático para hacerlo lo más llevadero posible para los niños… y sus padres.

Este artículo ha sido escrito en un despacho, ante un escritorio lleno de multitud de pañuelos repletos de mocos, heridas de guerra personales de nuestra consulta diaria.

¿Debo vacunar a mi hij@ contra la gripe?

Empieza la campaña de vacunación antigripal y , como todos lo años, se repite la pregunta: ¿Debo vacunar a mi hij@ de la gripe?. Para responder a la pregunta el Dr. José A. Arjona Sevilla, MIR de Medicina Familiar y Comunitaria del HGU de Elche que está haciendo la rotación de pediatría conmigo contesta a la pregunta en este artículo que hoy se publica en el suplemento de Salud del periódico Información. ¡Gracias Jose!:

Ya estamos en otoño, la antesala de los meses más fríos del año, y con ellos vuelven a la carga enfermedades propias de dicha estación, que harán que los padres de nuestra sociedad se hagan la pregunta de todos los años: ¿Debo vacunar a mi hij@ contra la gripe? Muchos serán los que se acerquen a sus pediatras y médicos de confianza, haciéndoles la pregunta que planteamos. Cada año se hacen públicas las claras indicaciones para llevar a cabo dicha práctica preventiva, siendo las estimaciones poco alentadoras para alcanzar los objetivos planteados.

En primer lugar encontramos la necesidad de vacunar a grupos de riesgo, entre los que se encuentran niños a partir de 6 meses y adolescentes que presentan patología de base (inmunodeprimidos, enfermedad oncológica, diabéticos, enfermedad cardiovascular grave, enfermedad respiratoria crónica, entre otras). Según las estadísticas, sólo se consigue llevar a cabo la vacunación en el 20-40% de dichos casos, registrándose el porcentaje de menor valor sorprendentemente en aquellos con enfermedades respiratorias crónicas.

A continuación, y no menos importante, nos encontramos a adultos en contacto con niños y adolescentes que pertenecen a dichos grupos de riesgo. Esta medida adquiere especial importancia en la vacunación del entorno familiar de niños menores de 6 meses con factores de riesgo asociados, que no han sido nombrados en el apartado anterior, ya que éstos no pueden recibir la vacuna antigripal correspondiente, siendo necesaria su protección indirecta vacunando a la gente que les rodea: familiares, trabajadores sanitarios, sector educativo, etc. Además, se recomienda la vacunación no sólo de los adultos, sino también de aquellos niños sanos a partir de los 6 meses de edad y adolescentes sanos que convivan con estos pacientes de riesgo. Con esta serie de medidas proporcionamos además de una protección individual, una protección familiar y comunitaria indirectas. Como dato preocupante, destacar que menos del 10% de los convivientes con pacientes de riesgo llevan a cabo la vacunación.

Para finalizar, aunque este último apartado no atañe directamente a la pregunta titulada, aprovecho la ocasión para incidir en la necesidad de la vacunación antigripal de todos los profesionales sanitarios. Entre este colectivo bien se hace honor al dicho popular “en casa del herrero, cuchara de palo”, quizá debido a la falta de concienciación de una parte de estos profesionales, que se encuentran a diario en estrecho contacto con los casos planteados anteriormente, y que no ven más allá de la protección individual que les puede brindar la vacunación. Debemos recordar que nuestra labor no sólo debe centrarse en la acción individual de cada persona, sino encaminar nuestra actividad en la mayor medida de lo posible a una intervención comunitaria, siendo parte importante de ésta la consecución de dicha medida preventiva.

Como todos los años, nos encontramos lejos de uno de los grandes objetivos de la Salud Pública, algo que a día de hoy se presenta como una utopía, la “vacunación universal”. Como todos los años, de todos y cada uno de nosotros depende que la ficción pueda hacerse realidad.

Las primeras semanas de cole

Acabamos de iniciar un nuevo curso escolar, para muchos es su salida al mundo: los que acuden por primera vez a la guardería, a la escuela infantil o se incorporan directamente a la escuela a los 3 o 4 años. Otros también “sufren” la novedad de un cambio de colegio o la incorporación al instituto. Todos ellos viven unos días, o mejor, unas semanas de adaptación a la nueva situación que se traduce en lloros en los más pequeños, problemas con el sueño, a veces están rabiosos, o ansiedad, malhumor… son problemas en el rango de normalidad… a veces somatización con dolor abdominal, vómitos matutinos, cefalea u otros síntomas que traducen el malestar que vive, el miedo al cambio, a un ambiente nuevo, en los más mayores miedo también a las nuevas relaciones, a crear nuevos amigos, miedo a no ser aceptados. Evidentemente el periodo de adaptación lo llevarán mejor o peor dependiendo de la personalidad del niño.

Hay que facilitar la adaptación, en los más pequeños y sobre todo si es vuestro primer hijo, dejaros asesorar por los profesionales de la escuela infantil, confiad en ellos, suelen hacer una incorporación escalonada que os ayudará a vosotros (no olvidéis que la adaptación es un proceso que también vais a vivir) y a vuestro hijo. Os darán pautas para la despedida (que sea corta, no a escondidas, diciéndole la verdad, que os vea alegres) y cuando vayáis a recogerle que sea sin prisas, al menos los primeros días, hablad con su educador, que observe que hay buena sintonía entre vosotros, etc..

En los más mayores un cambio de cole o un paso al instituto, sobre todo si no va en grupo, va a suponer un abanico de posibilidades dependiendo de cómo es vuestro hijo, de las habilidades sociales que tenga, de cómo es la familia…desde que sea muy fácil hasta el rechazo abierto a ir al cole, somatizaciones o una auténtica fobia escolar.

Pero hablemos de preparativos y repasemos una serie de temas:

  • ¡Al cole siempre desayunados!. Estas primeras semanas con el cambio de horario y después de la relajación del verano puede ser más difícil levantarlos con tiempo para hacer una desayuno “de mesa y mantel”, pero progresivamente lo haremos. Para media mañana procurad mandar fruta.
  • Las mochilas deben llevar lo imprescindible, lo más pesado al fondo y correctamente colocadas, utilizando siempre las dos cintas para los hombros, que deben ir bien sujetas.
  • Seguridad en el traslado a la escuela y regreso a casa: Si va andando al cole, repasad los puntos conflictivos si va sin un adulto que le acompañe. Si va en bici, recordad las normas de circulación y debe usar casco y si va a ir en coche o autobús debe utilizar dispositivo de seguridad apropiado para la edad y estatura.
  • En cuanto a las actividades extraescolares, creo que no deben ser excesivas (no más de 2 o 3 días a la semana) y sobre todo no deben convertirse en obligaciones con un nivel de exigencia igual o mayor que el de la escuela. Aconsejo mejor deportes de equipo y no deben convertirse en actividades de competición donde el que no lo hace bien quede excluido. Debe haber tiempo para llegar a casa y organizar sus tareas, hablar y estar juntos.

 

Más sobre la alimentación en el segundo semestre

Copio parte del correo recibido de la mamá de I., una preciosa niña de 10 meses, porque expresa muy bien la situación y, como acordamos, le contesto desde aquí por la frecuencia con que surgen estas dudas.

(…) Te escribo porque tengo alguna duda sobre su alimentación y claro, desde la última visita al centro de salud allá por su sexto mes de vida, parece que se hace un poco largo y la información de la hoja del centro de salud, un poco «corta». 

Durante este tiempo son muchísimos los cambios, tanto a nivel de alimentación como de evolución y, como mamá primeriza, de vez en cuando me asaltan las dudas y la típica frase en mi cabeza «lo estaré haciendo bien?».

(…) me surge la duda de si estará comiendo poco….

Te resumo: 

Lactancia materna prácticamente a demanda, no menos de 4-5 veces al día. Por la noche se suele despertar una vez y después, a las 7:00, antes de irme a trabajar, le doy pecho otra vez.

Sobre las 10:00: una pequeña papilla de cereales (90-100 ml)..con agua o caldo de verduras, pues sigue sin aceptar con agrado la leche de fórmula.

13:30 – 14:00: papilla de verduras con carne (pollo y ternera) o lentejas con arroz.

Zumo de media naranja, y un poco de fruta raspada con la cuchara. Pecho.

18:00: frutas y/o yogur natural….pero la fruta la come muy mal, apenas unas cucharadas…la envasada mejor, pero intento que sea fresca….habría alguna alternativa para la merienda ?

Pecho (a veces ya no quiere después de la merienda!).

21:00: pecho…y suele pedir después sobre las 23:00.

De entrada: lo estás haciendo muy bien!, y cuando vengan las dudas consulta, para eso estamos.

Y en cuanto a la segunda pregunta, si estará comiendo poco, también tranquilidad… hay dos aspectos que nos orientan a cómo va la cosa…por un lado su curva ponderal y por otro la encuesta de lo que come, si es variado o no… no importa tanto las cantidades pues variarán desde que empezamos a introducir los nuevos alimentos, las nuevas texturas, la facilidad de cada niño a adaptarse a los cambios, si respetamos su ritmo y no intentamos imponer el nuestro… poco a poco irá aumentando las cantidades hasta alcanzar «su» volumen que será más o menos diario y que también variará porque no siempre tendrá el mismo apetito; desde luego los volúmenes que alcanza en la etapa de bebé suelo deciros que difícilmente lo mantendrá en su infancia, lo mismo que la fruta. A propósito, en cuanto a lo que comentas de la fruta, no te preocupes si toma poca, el zumo esporádicamente, siempre mejor fruta bien madura puedes meterla en el yogourt; dentro de poco la tomará a trocitos o chafada con tenedor y la aceptan mejor que triturada.

He repasado lo escrito hasta ahora y veo que en una entrada anterior he tocado también el tema: Orientando en la comida a los 10 meses de vida. Especialmente destacaría:

En cuanto a cuándo empezar con cenas, como llamo yo “de mayor”, sobre los 10 meses es un buen momento: aunque no tenga dientes hacen ya movimientos de masticación y como lo que le damos esta muy deshecho no hay problema; por otro lado ya ha aprendido a pinzar con los dedos de la mano y se llevará ya pequeños trocitos a la boca, ya tiene una participación activa y es importante; así que la imagen sería ella sentada frente a ti y mientras se va llevando como un juego el alimento a la boca, tu vas dándole también.

Espero que te haya orientado. Disfruta de esta maravillosa etapa!