40 años de la ley del Divorcio. ¿Hemos aprendido a separarnos?

En este mes de julio, hace ya 40 años, se aprobaba la ley del Divorcio. Desde entonces ha habido casi medio millón de rupturas matrimoniales en nuestra Comunidad, de las que 186.000 se produjeron en la provincia de Alicante.

Por desgracia, en muchas de las separaciones los conflictos siguen siendo la norma. Aunque la inmensa mayoría de los padres y madres quieren hacerlo bien, seguir siendo los mejores padres, afrontarlo civilizadamente, a menudo la rabia, el dolor, la tristeza o el miedo lo impiden.
En pediatría, desde luego, hemos ido constatando a lo largo de los años un aumento progresivo de consultas por problemas relacionados con los divorcios conflictivos.

El tiempo de separación es duro, es un duelo que todos los miembros de la familia han de transitar. Pero no olvidemos que el divorcio es la ruptura del vínculo de pareja, es un problema de los adultos, no de los hijos, aunque tenga una especial relevancia en la vida de éstos.

Ante los inevitables conflictos parentales es a los menores a los que hay que proteger para que el sufrimiento sea el menor posible. Hay que recorrer el tiempo de ruptura llevando a los hijos e hijas de la mano, una mano que ha de ser firme y segura. Por todo ello este recorrido exige a padres y madres madurez, respeto al otro, sacar lo mejor de cada uno y mucho diálogo. Es tiempo también para la generosidad, porque como padres seguirán juntos en la tarea de educarles; es necesario cuidar este tránsito porque quedan años por delante en los que tendrán que hablar y tomar muchas decisiones, sobre todo si los hijos son pequeños.
Es necesario hablarles a los hijos e hijas siempre con respeto del otro progenitor. Ellos y ellas aman al padre y a la madre por igual y los necesitan a los dos para crecer sanos y sentirse bien. Por eso la mayor muestra de amor que pueden dar unos padres es el agradecimiento mutuo por los hijos que han tenido y decirles: “Teneros a vosotros fue el mejor regalo que nos hicimos el uno al otro, y con nuestro amor siempre podréis contar, aunque no estemos juntos”.
También hablarles con el mismo respeto de los miembros de la otra familia. Pertenecen a las dos familias, la del padre y la de la madre y necesitan saber que pueden ir a las dos con confianza a recibir el amor de los suyos.

Si los conflictos como pareja impiden poner la mirada en los hijos y en su bienestar, es aconsejable pedir ayuda y consultar con un mediador familiar para superar esta complicada etapa y que facilite la toma de decisiones, las mejores posibles mirando su bienestar.

Transitar el camino de la separación no es fácil, pero sin duda los padres y las madres que deciden separarse siempre harán lo mejor que saben y pueden con aquellos que más aman, sus hijos e hijas.

¿ENTENDERÁN MIS HIJOS MI DIVORCIO?

IMG_0290

Os copio el artículo que ha escrito mi compañero Mariano Mancheño, pediatra en Altea, acerca del divorcio y que espero sea de vuestro interés. ¡Gracias Mariano!

Frases como “ Se vino abajo después del divorcio”, “…Era una cosa que se veía venir”, “…Nadie lo esperaba”, “…Lo peor son los niños” “…Debía de haber tomado la decisión mucho antes” y así muchas más ponen de manifiesto una realidad cotidiana. Las relaciones de pareja nos importan y los períódicos , revistas y televisiones recogen detalles tanto del divorcio de Angelina Jolie y Brad Pitt como de la nueva relación de Isabel Preysler. También de los nuevos matrimonios, desde la realeza a deportistas. Los ciudadanos de a pie nos vemos de alguna manera reflejados y así se explica el interés y la rentabilidad de los medios.

El cómo y cuando explicar las razones de la ruptura a los hijos no es fácil. En lo sucesivo en este artículo solo emplearé la palabra divorcio, aunque también me refiera a la separación legal. El divorcio supone la finalización del matrimonio mientras que la separación legal es el cese efectivo de la convivencia. Coinciden en las medidas con respecto al cuidado de los hijos (gastos, custodias, visitas, etc…)
.
El año pasado en la Comunidad Valenciana hubo alrededor de 17.000 matrimonios y 11.000 divorcios. De los divorcios, más del 50% eran de familias con hijos menores de edad.
Cuando un padre, una madre, una pareja me pregunta sobre cómo explicarle a los hijos una decisión tan trascendental y qué repercusiones tendrán sobre los hijos les digo que los hijos se beneficiarán de la desaparición de un clima de tensiones contenidas o manifiestas pero que es frecuente que tengan a veces trastornos del sueño, apetito, rabietas, regresiones ( perder el control de la orina de noche), dolores de cabeza , dolores abdominales. Los más mayores y los adolescentes pueden además volverse agresivos, faltar a clase, empeorar su rendimiento escolar, deprimirse. Está claro el papel del Pediatra.

Hay que hacer entender a los padres que LO MÁS IMPORTANTE es todo lo relacionado con el bienestar de los hijos, tratar de que el proceso sea lo más amistoso posible e insistir en que NUNCA hay que hacer comentarios negativos sobre el otro miembro adulto de la pareja.
Es un GRAVE ERROR tratar de que los hijos tomen partido por uno de los padres.

Conclusión: ALGUNOS ASPECTOS PRÁCTICOS.

-Conviene preparar bien y con antelación el momento de comunicar la noticia, explicándolo de forma clara, con palabras que entiendan. Un tiempo prudente para hacerlo es entre una y dos semanas antes de que se haga efectiva la ruptura.
-Si hay más de un hijo y tienen edades dispares, mejor hacerlo de forma separada.
-Los hijos NO SON LA CAUSA de la situación y los padres deben tenerlo presente y hacer hincapié en este aspecto. Y aún así a veces se sienten culpables.
-Hay que decirles si cambian o no de colegio, enseñarles el nuevo hogar que compartirán con el cónyuge que se va del domicilio actual, qué tipo de acuerdos les afectan ( visitas, fines de semanas, vacaciones, viajes).Para nada vale ocultarles datos que les afectan y que ellos mismos comprobarán.
-Comunicar a los familiares, a profesores y al pediatra la noticia.

Separados como pareja, juntos como padres

Esta es una de las frases más tranquilizadoras que les podemos decir a los hijos cuando los padres se separan. Separados como pareja significa que los padres ya no vivirán juntos. Juntos como padres significa que los dos los seguirán queriendo y atendiendo, que continuarán siendo un tándem a la hora de educarlos y reuniéndose en los momentos importantes. En definitiva, que sabrán poner el amor como padres y el respeto por encima de las turbulencias emocionales propias de una separación.
Hay padres y madres que pueden decirlo con total convencimiento desde del primer día. Otros, en cambio, quieren decirlo pero no pueden. También hay otros que no tienen ningunas ganas de decirlo. La situación ha llegado a un punto que no quieren seguir juntos ni siquiera como padres.
La lógica preocupación por las criaturas, acompañada de una compasión a veces mal entendida, nos lleva a menudo a descalificar a estos padres. Después de unos años orientando familias que pasan por este trance, me he dado cuenta que este no es el camino. Los padres que cuando se separan se sitúan de espaldas – incluso de uñas-, entre ellos, también son dignos de comprensión. Aunque estén ofuscados, en el fondo de su corazón saben que sus hijos estarán mejor si consiguen pacificarse. Y a eso no se llega con exigencias ni reproches. Se llega partiendo de lo que cada persona siente, y tomándose el tiempo y la ayuda necesarios para poder transformarlo en otros sentimientos más saludables.
Cuando das a entender a un padre o a una madre que lo está haciendo fatal, seguramente se sentirá culpable o molesto y lo más probable que se le cierre el corazón. Cuando le dices que sabes perfectamente que lo que le pides es difícil, pero que si algún día lo consigue será bueno para su hijo y para sí mismo, un pequeño y poderoso rayo de esperanza atraviesa la gran nube en que se convierte a veces una separación.

Su autora, Eva Bach, escritora y pedagoga, aporta reflexiones sobre la comunicación entre padres e hijos a partir de una frase que nos ayuda a educar.

El artículo original está escrito en catalán y lo ha traducido Cristina Sanz.

Quizás también te interese:

¿Te levantas 10 minutos antes o lloras rápido?

El divorcio que nos une

El divorcio que nos une

Dentro de los libros recomendados está El divorcio que nos une, cuyas autoras son Cecilia Martí y Eva Bach; ambas han preferido que la mejor presentación sea una de las cartas de agradecimiento que han recibido:

“Queridas Eva y Cecilia,

Acabo de terminar de leer vuestro libro El divorcio que nos une, y no he podido resistirme al impulso de dirigirme a sus autoras. No acostumbro a escribir a los autores de los libros que me gustan, pero en este caso, estoy encantado de hacerlo.

Y es que no quiero que pase un día más sin agradeceros cada una de los deliciosos y reparadores párrafos que, al alimón, habéis engarzado. Como supondréis, soy uno de esos afectados por una ruptura sumamente dolorosa. Y como os imaginaréis, los que nos vemos envueltos en tales tormentas de la vida buscamos, casi compulsivamente, consejo, información, terapia, etc. En mi caso, lo que iba cayendo en mis manos ejercía un efecto desigual en mi alma. Desde la culpabilidad por el crimen que llevaba a cabo hacia mis hijos (un conocido me dijo que el terapeuta al que tenía un servidor decidido acudir había soltado la perla de que los padres que se separan es que no aman a sus hijos. Por supuesto, decidí no ir), hasta el limitarse a informar acerca de los aspectos legales.

El caso es que cuando empecé a leer vuestra obra, además de provocar más de una saludable sonrisa, ejercíais una obra de reparación y de orientación que siempre os agradeceré.

Gracias por el bálsamo de vuestras palabras, por la sabiduría de vuestros consejos, y por abrirnos la mirada a un horizonte de esperanza para aquellos que, en medio del sufrimiento, estamos apostando decididamente por seguir siendo los mejores padres, buenas personas y miembros de pleno derecho del club de los bien separados (aunque en mi caso, no tenga descuento por entrar en pareja).

Recibid un cálido y agradecido saludo.”

JLL

Cecilia Martí.