Se está celebrando en Santiago de Compostela el XXV Congreso de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y al que no he podido asistir.
Leo las noticias del Congreso y con titulares tan “periodísticos” como: Los niños ya no tienen tos sino “wifismo”, Niños «emperadores» y adictos al móvil desbordan a los pediatras, sigo a distancia su desarrollo. Se está hablando de patologías psicosociales, prevención del acoso escolar, depresión y trastornos de ansiedad en preadolescentes, la promoción del buen trato a los niños… temas que me interesan y siento no estar allí . Son problemas que, efectivamente, van en aumento en las consultas de Atención Primaria y que precisan un abordaje global. Veremos cuáles son las conclusiones del Congreso.
¿Vacunamos de la gripe a los niños y adolescentes?
Se inicia, como cada año, la campaña de vacunación frente a la gripe. Es la Organización Mundial de la Salud la que decide cada año las cepas de virus de la gripe que deben contener las vacunas. En esta temporada 2011-2012 la vacuna contiene las mismas cepas que la del año pasado: Cepa viral similar a A/California/7/2009 (H1N1) + Cepa viral similar a A/Perth/16/2009 (H3N2) + Cepa viral similar a B/Brisbane/60/2008. Aunque es la misma vacuna, como la protección inducida por la vacuna va disminuyendo, se debe vacunar este año aunque lo haya hecho en la campaña 2010-2011.
También, antes del inicio de la temporada estacional de gripe, el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP) realiza las recomendaciones de vacunación en los niños y adolescentes.
¿En qué situaciones está recomendada la vacuna antigripal?:
1.- Por un lado en niños mayores de 6 meses y adolescentes que tengan enfermedades de riesgo, es decir, niños y adolescentes que debido a la enfermedad de base que padecen o por el tratamiento crónico que reciben, es más fácil que sufran formas graves y complicadas de la gripe o bien la gripe implica una desestabilización de su enfermedad de base; por ejemplo, que padezcan una enfermedad respiratoria crónica como fibrosis quística, displasia broncopulmonar, asma etc., enfermedad cardiovascular grave, enfermedad metabólica crónica como diabetes, enfermedad crónica renal o hepática, enfermedad inflamatoria intestinal crónica, inmunodeficiencia, asplenia, enfermedad oncológica, enfermedad hematológica moderada o grave, enfermedad neuromuscular crónica, encefalopatía moderada-grave, malnutrición moderada o grave, obesidad mórbida, Síndrome de Down y otras cromosomopatías graves y niños en tratamiento continuado con ácido acetilsalicílico. También se considera grupo de riesgo el embarazo en adolescentes.
2.- Por otro lado niños sanos mayores de 6 meses y adolescentes sanos que convivan con pacientes de riesgo, es decir, que el pasar la gripe suponga un peligro para la salud de personas que conviven con ellos.
3.- No olvidemos que deben vacunarse también los adultos en contacto con niños y adolescentes pertenecientes a grupos de riesgo.
En todos estos casos la vacunación antigripal está indicada, representa un beneficio evidente y constituye una oferta de salud incuestionable.
¿Y cuáles son las contraindicaciones de la vacunación antigripal?: Aunque son preguntas obligadas antes de proceder a la vacunación, es conveniente conocer que no se debe administrar a niños menores de 6 meses, los que hayan tenido una reacción alérgica grave al huevo, o el antecedente de una reacción grave tras la administración de vacuna antigripal otros años.
¿Y los niños sanos, qué?:
Son muchos los padres y madres que plantean vacunar a sus hijos porque creen que así evitarán los procesos catarrales, o la bronquiolitis o las bronquitis, pero la vacunación de la gripe sólo previene la gripe, es decir, uno de los procesos que probablemente pasarán este invierno; en mi opinión, si es un niño sano rodeado de niños y adultos sanos, no es aconsejable la vacunación.
Nota AEMPS sobre derivados terpénicos en supositorios
El pasado día 23 de septiembre, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) emitió una nota informativa sobre los «derivados terpénicos en supositorios: restricciones de uso en niños».
«La AEMPS informa a los profesionales sanitarios sobre la contraindicación en niños menores de 30 meses o con antecedentes de convulsiones febriles o epilepsia, del uso de medicamentos en forma de supositorios que contienen derivados terpénicos (alcanfor, cineol, citral, eucalipto, mentol, niaouli, pino, terpineol, terpina, tomillo, trementina).
Los derivados terpénicos provienen fundamentalmente de plantas, se encuentran disponibles en diversos países europeos como principios activos de medicamentos elaborados en distintas formas de administración (tópica, oral, inhalada, rectal). El uso más amplio de estos derivados es para el tratamiento sintomático de la tos, alteraciones bronquiales y síntomas catarrales.
El Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP), comité científico de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) constituido por representantes de todas las agencias nacionales europeas, ha revisado el balance beneficio/riesgo de estos medicamentos administrados en supositorios en niños.
Esta revisión fue propuesta por las autoridades francesas, motivada por el riesgo de alteraciones neurológicas (convulsiones) que podrían asociarse con el uso de estos medicamentos en supositorios en niños pequeños.
Las conclusiones de esta revisión han sido que existe un riesgo de alteraciones neurológicas, en particular convulsiones, en niños de corta edad y en aquellos con antecedentes de epilepsia o de convulsiones febriles, por lo que el CHMP ha recomendado contraindicar su uso en niños menores de 30 meses o en aquellos con los antecedentes mencionados. Adicionalmente, se ha concluido que la eficacia de estos medicamentos no está claramente demostrada al no disponerse de ensayos clínicos controlados con estos medicamentos en forma de supositorios en pacientes pediátricos.
En España se encuentran autorizados varios medicamentos en supositorios con alguno de los principios activos mencionados, indicados en niños menores de 30 meses, aunque únicamente se encuentran comercializados Brota rectal supositorios niños y Pilka supositorios lactantes y niños. La AEMPS actualizará la ficha técnica y el prospecto de estos medicamentos con objeto de introducir esta contraindicación.»
Síndrome de Alienación Parental

Hoy, en el suplemento de salud del periódico Información, publico el siguiente artículo:
Hace unos días leía en la prensa digital la noticia: Un estudio matemático predice un 50% de aumento de los divorcios en cinco años
Un equipo de investigadores del Instituto Universitario de Matemática Multidisciplinar de la Universitat Politècnica de València ha realizado un estudio que predice un incremento del 50% en el número de divorcios en España en los próximos cinco años.
En la mayoría de las separaciones los conflictos son la norma. Los pediatras lo vemos a diario, sufren todos los miembros de la familia, es un proceso doloroso que se resolverá más o menos pronto en la medida que padre y madre sean capaces de poner la mirada en sus hijos y sacar lo mejor de sí mismos.
En el otro extremo está lo que se ha venido a llamar síndrome de alienación parental (SAP), un proceso que se caracteriza porque uno de los progenitores, habitualmente el que tiene la custodia, manipula a los hijos para que rechacen al otro; es al fin y al cabo una forma de maltrato al menor.
Fue el psiquiatra estadounidense Richard Gardner quién introdujo, en 1985, este término y según muchos informes se dá en un tercio de las separaciones contenciosas. Se denomina padre alienador el que quiere excluir (mejor denominarlo “padre aceptado”) y el excluído del mundo afectivo del hijo padre alienado (mejor denominarlo “padre rechazado”). Evidentemente hay distintos grados: hablar mal del otro progenitor, hacerles partícipes a los hijos de la rabia que siente hacia el otro o de los conflictos de pareja que han llevado al divorcio, desvalorizarlo, culpabilizar de todo al padre alienado y a veces también al hijo… hasta llegar a una manipulación psicológica del hijo que puede incluir denuncias falsas al otro progenitor.
Hablamos de Síndrome de Alienación Parental cuando existe un maltrato psicológico del progenitor “aceptado” sobre el hijo y el progenitor “rechazado”. Está claro que esta forma de maltrato al menor le causará graves problemas, caen en un conflicto de lealtades por el que pagan un precio muy alto.
Detrás de esta situación no hay, como en el caso del Síndrome de Munchausen por poderes (una forma de abuso infantil en la que el padre o la madre induce en el niño síntomas reales o aparentes de una enfermedad) un problema mental del progenitor “aceptado”, es la utilización de los hijos como modo de mitigar su rabia, para hacerle daño al otro al que siente culpable de la situación, por venganza. Suelen ser personas egocéntricas e inmaduras.
El SAP se detecta sobre todo en niños de 7-14 años de edad. En los más pequeños podemos observar inestabilidad emocional, inseguridad, sentimiento de abandono y al mismo tiempo gran dependencia del padre “aceptado”, conductas más infantiles de las que les corresponden por su edad y estallidos de conductas violentas. En las edades de 7 a 11 años viven la lucha entre el rechazo y el recuerdo de momentos agradables vividos con el padre excluído; frente a esta dualidad pueden radicalizar el rechazo. Por encima de los 12 años puede haber otras fuentes de información que dificulten la manipulación del menor, no obstante también se detectan casos. Con el desarrollo del hijo, progresivamente, irá teniendo una visión más objetiva de las relaciones con el padre rechazado y si supera el temor a la respuesta que pueda tener éste, suele darse el acercamiento.
Aprendiendo a vivir
He vuelto a releer el libro de mi amigo Tomás Castillo, Aprendiendo a vivir (Ediciones ceac) en unos días de incertidumbre diagnóstica, afortunadamente no confirmada, y motivo también de este “perezoso” inicio de curso en maynet.
Esta segunda mirada siento que es con otros ojos, con la necesidad de incorporar lo que para mí, en la sencillez de lo obvio, tienen de revolucionario sus reflexiones: La vida convive con la enfermedad y tenemos que «seguir aprendiendo a afrontar este fenómeno con naturalidad, como un componente de nuestro existir.
Nadie se ocupó de educarnos para afrontar la asignatura más difícil de nuestra vida: convivir con la enfermedad, vivir la enfermedad integrándola en nuestra existencia, durante la infancia, la juventud, en la madurez o en la ancianidad.»
El mazazo del diagnóstico de una enfermedad grave, propia o de un ser querido, nos invade con la fuerza de sentirnos diana de la desgracia, como si alguien hubiera acuñado de golpe una fecha de caducidad aunque tengamos por delante años de lucha… después, más serenamente, cuando empezamos a poner la cabeza en marcha, tomas conciencia de que vivimos como si fuéramos seres inmortales, creyendo que todo funcionará adecuadamente y, como dice Tomás, “quizá hay que profundizar en la idea de que la vida tal como la queremos entender no existe. Enfermedad y salud forman parte de nuestra existencia.”
Llega entonces la valoración de lo importante y lo superfluo, el inmenso amor a la vida… y el sentimiento de fragilidad.
La nueva realidad se impone y la enfermedad pasa a ser la protagonista principal, aunque sólo debiera ser “inexorable compañera de nuestra vida.”
En su optimismo que tanto admiro, dice que «probablemente tampoco hemos valorado lo suficiente el protagonismo que tiene la fuerza de la vida en nuestra existencia. La vida se abre camino, constantemente, con una fuerza inusitada». Es así como podemos adquirir la gran capacidad de relativizar lo que nos ocurre, ahuyentar el miedo, atrevernos a encarar la nueva realidad. Es necesario que aflore en nosotros «esa fuerza interior, esas ganas de vivir que la vida induce».
Y dice mucho más, que «disfrutar de la vida depende de la actitud con la que afrontemos la enfermedad que se nos presenta y de cómo convivimos con ella», que «la grandeza de la persona permite convivir con la enfermedad como una mera circunstancia de su vida»…reflexiones que son fruto de su experiencia, de lo vivido, y por eso tienen esa fuerza.
Os animo a leerlo.
¡Gracias Tomás!
Su salida al mundo (cont.)
3.- ¿Qué suele ocurrir a lo largo del periodo de adaptación?:
Es una separación dolorosa para padres e hij@s…pero sólo al principio. Puede haber el segundo, tercer día….los llantos que no hubo el primero, porque no se enteró de qué iba ésto….pero progresivamente lo irá interiorizando y, poco a poco, veréis cómo se va haciendo más autónomo, como inicia el camino de la socialización.
Como periodo doloroso, aparte del llanto en el momento de separarse, puede tener problemas con el sueño, estar más llorón, a veces rabioso, vómitos, menos apetito… otras veces los ves aislados en el aula o aferrados al peluche que han traído de casa, o parece que están muy bien en el aula desde el primer momento pero en casa tienen conductas regresivas…son problemas “en el rango de normalidad”, son las manifestaciones de la ansiedad por separación de la maduración normal.
Cada niño llega a la escuela infantil con un grado de “madurez emocional y social”, cada niño tiene un ritmo de adaptación personal que hay que respetar, necesita “su” tiempo, tiempo que va en relación a la adaptación que también hacen los padres; todo lo que vosotros sintáis: la inseguridad, la culpabilidad por la separación, el temor a si va a ser bien cuidado…dificultará y alargará el periodo de adaptación. Y por otro lado también está en relación al modo en que se trabaje en la escuela infantil, a su modelo pedagógico, si responde a las necesidades que en este periodo tiene el niño. Un ejemplo: si tiene establecida la incorporación progresiva de los alumnos en pequeños grupos se minimiza el esfuerzo de adaptación en los niños y facilita la tarea del educador.
Por último recordad que no es un buen momento para introducir más cambios en la vida del niño (quitar pañales, cambio de habitación…). Es conveniente esperar a que supere el proceso de adaptación.
4.- ¿Qué supone para el niño la adaptación a la escuela infantil?:
* Aceptar la separación de sus padres, sabiendo que ellos siguen estando ahí, que le siguen queriendo. Podemos decir que la adaptación sería el proceso por el que el niño y la niña elaboran emocionalmente la pérdida y la ganancia que le supone la separación.
* Establecer vínculos de afectividad con el educador@, otros adultos de la escuela y los demás niñ@s. Aceptar que debe compartir al adulto, que ya no es el centro de atención.
* Aceptar su nuevo espacio, moverse libremente en él, adaptarse a las nuevas rutinas, a las normas que va estableciendo su educador@.
* Continuar su socialización, ahora a través de la escuela, porque en la guardería y en la escuela infantil todo conduce a la socialización.
La socialización se realiza primordialmente en el seno de la familia; son los padres los que introducen al hij@ en las normas, hábitos, modos de actuar, valores… Al acudir a la escuela infantil inicia la socialización escolar que le supone iniciarse en nuevos roles sociales, en nuevos hábitos… nuevos para ellos con respecto a los familiares.
En la escuela el proceso socializador se da en dos direcciones, una vertical: la de las relaciones educador@-niñ@ y otra horizontal: la relación entre iguales. Las primeras son similares a las que el niñ@ vive en casa con sus padres, el adulto tiene la autoridad, pero en el caso de la escuela el educador@ es un profesional y puede ser otro modelo para el niño y, en algunos aspectos, jugar un papel muy importante como generador de salud. Las segundas son informales, espontáneas y ofrecen unas posibilidades de relación social cualitativamente distintas a las que tiene el niñ@ en su casa, aunque tenga hermanos; los compañeros son también “ventanas” al mundo, “representantes” de otras culturas.






