Volviendo la mirada: Los primeros hospitales infantiles en España

Hospital Niño Jesús

Desde 1868 España vivía el periodo denominado sexenio democrático; en 1869 era promulgada por las cortes una Constitución de corte liberal y la actividad científica española se desarrollaba en libertad desde el punto de vista ideológico y eso suponía, por ejemplo, dejar de defender en privado las teorías de la evolución de Darwin para hablar de ello sin miedo en público, también libertad docente y la fundación de numerosas “Escuelas Libres” de Medicina, algunas claro está con medios muy precarios como la financiada por la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Zaragoza en la que se formó en su inicio Cajal, pero otras muchas consiguieron convertirse en instituciones de vanguardia.

La primera institución asistencial dedicada a la asistencia del niño enfermo en España fue el Hospital Niño Jesús de Madrid, que es inaugurado en 1877. Fue promovido y financiado en un principio por la duquesa de Santoña y ocupó al principio una casa de vecindad, disponía de seis salas con camas de hierro y algunos lujos insólitos para la época, como un plato, un vaso y una taza de metal para cada niño y estufas en las salas. Más tarde, entre los años 1879 y 1885, se construye el Hospital y la Iglesia central. En este Hospital se formaron numerosos pediatras españoles. Tres años más tarde, en 1880, se funda en Valencia un Hospital para niños con enfermedades nerviosas; en 1890 es creado el Hospital para Niños Pobres de Barcelona, que es una ampliación de un consultorio de pediatría. En 1892 es creado en la Villa de Pinto un Hospital Asilo de San Rafael de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que fue trasladado a Madrid cinco años más tarde. También en 1892 es creado en Chipiona un sanatorio para niños con tuberculosis.
Y este es el panorama hospitalario de la España que entra en el siglo XX.

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Las necesidades infantiles

Quisiera hacer un repaso de las NECESIDADES INFANTILES, una guía lo más sencilla y pedagógica:
Como seres vivos tenemos unas necesidades físicas, biológicas, que son básicas: recibir comida en cantidad y calidad suficientes, descanso, estar protegido de los peligros que pueden amenazar nuestra integridad, cobijo… todo esto es evidente, por eso, como leía hace unos días en “Los buenos tratos a la infancia” de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, un libro que os recomendaba días pasados, “el mundo adulto debería asumir la vergüenza de no haber podido garantizar a millones de niños en el mundo el mínimo necesario para garantizar este derecho a la vida”.

Pero sigamos con las necesidades infantiles: el niño tiene también unas necesidades asociadas al desarrollo psicosocial, es decir, necesidades afectivas, cognitivas, sociales y éticas. Veamos más despacio en qué consisten:
El niño tiene necesidad de lazos afectivos estables, incondicionales y continuos, así se vincula a sus padres, a su familia; el niño siente la vinculación como amor y felicidad, y desarrolla así un sentimiento de pertenencia: sabe que pertenece. Estos lazos afectivos estables suponen también cubrir la necesidad de estructura que tiene el niño desde que nace: estabilidad de personas que le cuidan, de espacios, horarios, de saciarle cuando tiene hambre o sed, facilitarle el sueño… más adelante necesidad de límites, de normas, de hábitos, porque el niño necesita saber qué va a pasar después, esto le genera seguridad y confianza. El niño necesita ser aceptado, debe recibir gestos y palabras que creen a su alrededor un verdadero espacio afectivo de aceptación, necesita ser importante para sus padres creándose vínculos de lealtad entre padres y niño.
El niño tiene necesidad de estímulo, más bien hambre de estímulos al igual que tiene hambre de alimentos. La mente humana para desarrollarse necesita estímulos sensoriales y le deben llegar de las personas de su entorno y así forma su propia estructura psíquica. En los primeros meses sobre todo, el niño necesita ser tocado, tomado, mirado, besado…es la forma que tiene de entrar en contacto con el mundo, por medio de sus sentidos.
Mas adelante será necesario estimular la curiosidad por lo que sucede a su alrededor con el fin de motivarle a explorar el mundo. A medida que el niño va creciendo, el hambre de estímulos se hace cada vez más simbólico y va dando paso al hambre de reconocimiento, que durará toda la vida; será necesario que los adultos importantes para el niño le refuercen, le manifiesten su alegría por los esfuerzos y logros que va realizando en la aventura de crecer.
Los niños tienen también unas necesidades sociales que serán satisfechas en la medida que los adultos faciliten su autonomía, apoyen sus capacidades y les animen a ser responsables, tanto en el ejercicio de sus derechos como en el cumplimiento de sus deberes.
Por último los niños tienen derecho a creer en valores que les hagan sentirse parte de su cultura, valores colectivos que les enseñen el respeto a la vida y a los derechos humanos de todos, que integren una ética que les haga responsables de sus actos.

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Internet en la consulta: una necesidad

Se ha iniciado una campaña creada por médicos de atención primaria de diversas comunidades autónomas: «Internet en la consulta: una necesidad», iniciativa apoyada, entre otras, por las sociedades científicas AEP, (AEPap, SEPEAP) y a la que, desde maynet, también me adhiero. Este es su manifiesto:

«A punto de finalizar la primera década del siglo XXI, muchas consultas médicas de nuestro país, aun disponiendo de ordenador conectado a una red informática, tienen bloqueado el acceso a Internet o éste se encuentra muy limitado… por decisión de los gestores sanitarios. Como en el absurdo caso de los diversos calendarios de vacunación españoles, las restricciones son diferentes de unas comunidades autónomas a otras, llegando a ser casi absolutas en algunas de las que se autoconsideran más avanzadas en la implantación de las nuevas tecnologías en el ámbito sanitario. [ver mapa de la situación] Resulta evidente que esta actitud de censura es precisamente una muestra de desconocimiento, tanto de la utilidad como del funcionamiento de esas nuevas (ya no tanto) tecnologías y además constituye una flagrante desconsideración hacia el médico y sus pacientes. Es de sentido común que este error se subsane cuanto antes y en consecuencia solicitamos el acceso abierto y sin restricciones a Internet desde las consultas de los profesionales sanitarios españoles para solucionar una necesidad real, tanto de ellos como de la población atendida, y que se concreta en:
Necesidad de INFORMACIÓN. Prácticamente todo resulta accesible a través de La Red. Un centro sanitario es también un centro de información que, para realizar adecuadamente su función, requiere acceso a cualquier fuente de datos disponible.
Necesidad de FORMACIÓN. La formación continuada es parte del trabajo de un médico. La enseñanza online con tecnología multimedia es una de las vías de formación más extendidas en las ciencias biomédicas. Internet es en la actualidad la mayor biblioteca de temas médicos y relacionados con la salud.
Necesidad de COMUNICACIÓN. A todos los niveles: con los pacientes, los colegas, los gestores y la comunidad.
Necesidad de PARTICIPACIÓN. La medicina actual implica la participación y la ayuda del paciente en la toma de decisiones clínicas que afectan a su salud, y también de los colectivos de enfermos.
Pretendemos con esta nota dar a conocer a la sociedad española esta injustificable situación anacrónica y trasladar la petición de un Internet abierto a los responsables de la gestión sanitaria en cualquier nivel de responsabilidad en que se encuentren.»

Repaso semanal a la blogosfera (11 a 17/10/2010)

Empezaré hoy con Mañana lo dejamos, esta semana dos entradas para ir aclarando conceptos: Concepto de droga y  ¿Las drogas enganchan?, en el que nos muestra un cuadro con la capacidad adictógena de distintas drogas, la nicotina la que más, curioso, verdad?.
Rubén en Hij@s de Eva y Adán nos regala otra segunda entrevista a una mujer que trabaja en un centro de menores.
En Pediatria Social: El papel del pediatra en la prevención de los malos tratos, sobre este tema y debido a la infradeclaración que se está constatando hablaré un día de estos, debemos reflexionar acerca de qué estamos haciendo mal.
En Reflexiones de un pediatra curtido el Dr. García Tornel continúa una semana más trabajando por conseguir desestigmatizar la enuresis y nos presenta un moderno pipi-stop que funciona con “bluetooth”.
No puede faltar la cita con el cine que nos regala Javier González de Dios, esta semana: Cine y Pediatría. Los valores de Atticus Finch para la sociedad y la familia, continúa con Robert Mulligan en el Hollywood clásico y se centra en su obra maestra: Matar a un ruiseñor (1962). Sin comentarios.

Y por último os dejo con un vídeo de una serie de y para adolescentes, Glee y su particular e integradora versión de Imagine:

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=JNl91QXws7o[/youtube]

¡Felíz semana!

La implicación del pediatra en la consulta

Mi consulta

Acaba de terminar su rotación conmigo Aurora, residente de pediatría. Le explicaba que hay distintos niveles de implicación del pediatra con las familias, que son secuencias evolutivas por las que vamos pasando a lo largo de nuestro ejercicio profesional, al menos en atención primaria.

Un primer nivel en el que la atención al niño está enfocado sólo hacia la enfermedad, a resolver el problema que presenta y la familia la tenemos en cuenta sólo lo necesario por razones obvias. Es decir, la mirada está puesta en el niño enfermo y hay un énfasis mínimo hacia la familia.

Un segundo nivel que, aunque el enfoque es también principalmente “médico”, tenemos una comunicación eficaz con la familia respecto al problema por el que consultan, sabemos dar la información e identificamos posibles problemas que puedan interferir el cumplimiento terapeútico. Podemos decir que hay una mirada a todos: al niño en primer plano y a su familia en segundo plano, pero una foto del aquí y ahora por el que consultan.

Un tercer nivel en el que el médico es más activo en descubrir las preocupaciones, los problemas que hay debajo del motivo de consulta o la angustia que aquejan al niño, al adolescente o a su familia. El pediatra, si es capaz de enfocar las necesidades de ese niño o esa familia, debe estar adiestrado y cómodo para entablar un diálogo en el que afloren las preocupaciones y pueda dar su apoyo, debe saber escuchar atentamente e intentar entender la historia del problema tal como la familia la percibe, debe manejar bien la entrevista familiar.

Un cuarto nivel en el que el pediatra es capaz de realizar entrevistas más estructuradas para apoyar y acompañar a los niños, adolescentes y sus familias en la resolución de conflictos normales del desarrollo, facilitando un enfoque adecuado en problemas de familias que básicamente funcionan bien. Requiere formación básica en sistemas familiares.

Los pediatras de Atención Primaria estamos acostumbrados a visitas breves en las que tomamos un papel activo, moviéndonos habitualmente en los 2 primeros niveles y sólo en ocasiones realizamos entrevistas más abiertas en consultas programadas alcanzando nivel 3 y algunos pediatras nivel 4.

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La Familia Es el Paciente

No suelo releer libros, pero he vuelto a coger “La Familia Es el Paciente”, subtitulado “Las entrevistas familiares aplicadas a la atención médica infantil”, un libro fruto de la experiencia del equipo de la Sección de Conducta y Desarrollo del Departamento de Pediatría de la Universidad de California, San Francisco. Hace ya más de 50 años iniciaron su andadura en el manejo de problemas emocionales y de comportamiento en niños y adolescentes con especial énfasis en los aspectos docentes, pretendiendo mejorar la formación de los pediatras de cabecera, que entendiéramos el desarrollo normal y las diferencias de desarrollo en los niños para comprender y manejar los problemas de conducta que vemos a diario.
Aplica los principios de la terapia familiar en la consulta de pediatría para el diagnóstico y tratamiento de algunos problemas pediátricos, especialmente los problemas de comportamiento.

Ahora que la atención a los niños está cambiando en nuestro país y que probablemente el pediatra de cabecera es un “especie en extinción”, cobran más sentido las palabras del Dr. Robert Haggerty, que en 1995 decía en un artículo:
Las necesidades de los niños actualmente y en el futuro muestran una diversidad enorme; las diferencias en estatus socioeconómico, raza y etnia, cultura, nivel cultural, estado marital, movilidad y enfermedades y problemas sociales entre familias. Ésta es la realidad bajo la que deben trabajar los pediatras. Familias diferentes tienen y tendrán necesidades diferentes. Los pediatras que tratan niños que tienen la suerte de vivir con sus padres con medios adecuados en comunidades seguras con buenos colegios, tendrán un papel muy distinto al de los pediatras que trabajan con niños que tienen un padre o una madre pobres y rodeados de un ambiente de incultura, violencia, drogas y sexo precoz. Para todos los niños es fácil predecir que en el siglo XXI la pediatría estará más comprometida con la salud emocional, el papel de la educación escolar y la resolución de conflictos, que podría denominarse “prevención de la nueva morbilidad”.

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