Enseñando a dormir

el hombre esta en el mar 1989

Recibí el siguiente correo de los papás de un precioso niño de 18 meses y, con su permiso, lo publico, porque no se pueden explicar mejor las pautas que como lo han hecho ellos; su relato bien merece una lectura por su buen hacer:

Hola Isabel:
Soy el papá de Miguel XX. Últimamente está teniendo problemas para dormir bien y como no vemos gravedad como para llevarle a que le veas, hemos pensando en poner por escrito lo que observamos por si puedes leerlo cuando tengas un ratito y nos puedes aconsejar algo.

Desde los seis meses duerme solo en su habitación. Le damos el biberón al lado de su cuna, su muñeco de apego para dormir, un beso y siempre las mismas palabras de despedida tipo “mamá te quiere mucho y ahora hay que dormir”. Entonces salimos de la habitación y en un poquito está dormido. Siempre lo mismo desde hace ya un año.

Salvo las contadas veces que ha tenido fiebre o cosas tipo dolor de dientes o estreñimiento siempre ha dormido bien sus 10/12 horas (como de 21 a 9), incluso
cuando entró en la guardería en septiembre con 13 meses. Las dos siestas
diarias también son las mismas, un ratito antes de comer y otra antes o después de merendar. Al margen de las pequeñas rencillas y rebeldías propias de la edad, come estupendamente, disfruta en la guardería y lo pasamos muy bien juntos.

Procuramos “bajar el ritmo” una hora antes de acostarle apagando la tele, juguetes que le agiten, bajando la luz… ya que es bastante activo.

Cuando se ha despertado alguna vez por la noche, le hemos hablado bajito a través del vigilabebés y enseguida se ha vuelto a dormir.
Incluso a veces se despierta por la mañana y se queda más de media hora tranquilo en su cuna.

En fin, que todo muy bien hasta que después de las navidades se despierta “como un loco” gritando “mamá” y llorando de manera inconsolable por lo que sí que vamos a atenderle (siempre dentro de su habitación incluso encendiendo una luz bajita), pero nos cuesta mucho que se calme porque se pasa un buen rato gritando y pataleando y cuando se tranquiliza incluso empieza a reir y jugar por lo que no creemos que esté enfermo. Pero ya no hay manera de volverle a acostar hasta que al cabo como de una hora cae rendido y se duerme. Esto pasa dos o tres veces cada noche por lo que las 10/12 horas se acaban quedando en 7/8, duerme más de día porque está cansado y nos metemos en un bucle creemos que nada bueno.
Las horas de sueño que “perdemos” nosotros y el cansancio acumulado ni lo comento porque tenemos claro que eso es nuestro problema de adultos y demasiado bien estamos…

Comprendemos que son fases y lo achacamos a los cambios de la Navidad (no ir a la guardería, familia, viajes…) pero han pasado diez días y vamos un poco a peor cada noche y ya no sabemos si son pesadillas, terrores nocturnos o directamente rabietas… Es como si ya no supiera volver a dormirse solo cuando se despierta por la noche y ya no sabemos si sacarle de la cuna, si quedarnos con él mientras se duerme, si dejarle una luz… siempre evitando llevarle a nuestra habitación porque creemos que es un paso atrás que no le beneficia para nada.

No es que nos preocupe demasiado pero nos gustaría seguir una pauta para encauzar este problema de la mejor manera posible desde el inicio por lo que te pedimos si nos puedes dar algún consejo o remitirnos a algún libro o similar (ya hemos leído las entradas en maynet al respecto).

Te pido disculpas por la poca brevedad pero quería tratar de darte todas las pistas que se me ocurren.

Como siempre, muchísimas gracias por tu ayuda.
Saludos.

Hola papás de Miguel:

(….). Y ahora veamos:
Lo que contáis parecen despertares por pesadillas, es un poco pequeño pero se han visto en niños de 18 meses, no sería el primero.
El tema es tener la tranquilidad de que pase esta temporada sin meter la pata, es decir, responder a su llanto pero mantener el mismo hábito: le acompaño un rato pero cuando ya esté tranquilo, aunque tenga entonces ganas de jugar, se le mantiene en la cuna. Lleváis mucho y bien recorrido como para meterlo ahora en vuestra cama.
Desde luego entrar en la habitación para calmarle sin apenas luz, tono de voz bajo…que tenga claro que es la noche y seguimos durmiendo.
Tened claro que es una racha, cuya causa puede que sean las pesadillas, que durarán unas semanas pero que volverá todo a la normalidad, eso os debe mantener firmes en seguir haciendo lo que hasta ahora. Ya me decís como va.

Un saludo!

Ha pasado el tiempo y, efectivamente, me cuentan que todo vuelve a la normalidad. Son cambios que van a ocurrir también en otros hábitos, porque las cosas no son lineales, hay retrocesos incluso, para tomar impulso como a veces os digo y seguir avanzando… así que tranquilidad y mantener las pautas.

Os dejo el enlace con unos artículos de la Asociación Española del Sueño que pueden ser de vuestro interés:

Insomnio en los niños
El sueño en los niños 
Terrores nocturnos
Pesadillas 

La importancia de dormir bien

sueño

El pasado sábado la Dra. Mª del Mar Clavera Roger, Pediatra Especialista en Psiquiatría Infantil y de Adolescencia, publicaba el siguiente artículo en las páginas de Salud del periódico Información que os puede interesar

Con los últimos avances en el estudio del sueño cada vez es más evidente que juega un papel importantísimo en el bienestar de las personas, tanto físico como mental. Desde aquí trataré de convencer de ello a algún adolescente, o cuando menos a sus padres. Y para ello recurriré a argumentos que a ellos les llegan, y que tienen que ver con lo inmediato en su día a día. Siempre recuerdo que en las campañas antitabaco para adolescentes, son más sensibles a cosas como que el tabaco amarillea los dientes y causa mal aliento, que al argumento de que el tabaco es altamente cancerígeno a largo plazo.

Veamos qué pasa en nuestro organismo mientras dormimos, que no es precisamente poco…y la repercusión que tiene cada cosa:
-1. Huesos. Aumenta mucho su formación, sobretodo en la pubertad. Así que nuestras abuelas tenían razón.. ¡Y todos los adolescentes quieren ser más altos y esbeltos!
-2.Músculos.Durante el sueño se recuperan de su desgaste y de microlesiones . Si hemos dormido bien, al día siguiente nos irá mejor en Deporte o Educación Física
-3.Pancreas.Se metabolizan los azucares ingeridos durante el día. Se ha demostrado que la mala calidad/cantidad de sueño favorece la tendencia al sobrepeso
-4.Piel.Aumentan los factores de crecimiento en las células, recuperándose de pequeñas lesiones y manteniendo su elasticidad. Suena bien, ¿Verdad?
-5.Cerebro. Las neuronas “se encogen” para dejar espacio a que otras células eliminen las sustancias tóxicas producidas durante el día. Es el órgano que más energía consume y el peor equipado para desprenderse de ellas. Pero esto sólo puede hacerlo mientras dormimos…

Podemos decir que durante el día el cuerpo está ocupado en “hacer” cosas, mientras que cuando dormimos puede dedicarse a “cuidarse”.

Dormir al menos 8 horas, tiene otras ventajas importantísimas para los estudiantes: Mejora la concentración, atención y memoria. Por lo tanto no hay mejor ayuda ante un examen que “fijar” todo lo aprendido durmiendo lo suficiente la noche anterior.
La luz es otro factor importante: Nuestro cerebro está programado para pensar cuando la luz es intensa, y bajar el ritmo cuando va anocheciendo. Así que cuanta menos luz tengamos alrededor desde un rato antes de acostarnos, tanto mejor.
Pero normalmente los adolescentes tienen su feudo en su habitación. Están rodeados de todo tipo de dispositivos electrónicos que emiten luz, aparte de ondas electromagnéticas nocivas, especialmente para sus cerebros en formación. Es muy atractivo estar en la intimidad chateando hasta las tantas, en el PC o whatsapp. Pero esta costumbre, que se ha generalizado ya incluso en preadolescentes, es incompatible con un hábito de sueño saludable.
Las condiciones en que duermen nuestros hijos son al menos tan importantes para su salud como su alimentación o la gestión de su tiempo libre. Por lo tanto, pensemos si no es demasiado arriesgado dejarlas exclusivamente en sus manos.

Un repaso a la fiebre

Fiebre

Dadas las fechas, en las que el síntoma estrella es la fiebre, Cristina Giménez, Residente de Pediatría, ha hecho un repasillo sobre algunos aspectos clave de este mecanismo de defensa de nuestro organismo que tan de cabeza os trae a los padres.

  • La fiebre estimula la respuesta inmune y la hace más eficiente a temperaturas entre 37 y 40ºC.
  • Posee un efecto bacteriostático, es decir que impide la proliferación de bacterias, a temperaturas mayores de 37ºC.
  • La principal indicación de tratar la fiebre es el malestar que le produce al niño, pero si él la tolera bien hay que dejarla “trabajar”.
  • Tratar la fiebre con más o menos empeño no varía la evolución de la enfermedad ni de sus posibles complicaciones.
  • El efecto máximo de los antitérmicos se alcanza entre 1 y 4 horas, según posología y relación con la ingesta (la cual puede retrasarlo entre 30-60 min).
  • Los medios físicos pueden ser útiles como adyuvante al antitérmico, una vez que éste ya está actuando, pero no como alternativa. Y siempre que no le provoquen más malestar al niño.
  • No hay estudios que avalen la alternancia de antitérmicos, que por otro lado aumenta el riesgo de errores de dosificación y fomenta la “fiebre-fobia”.
  • El tratamiento con antitérmicos no ha demostrado que prevenga la aparición de crisis febriles, éstas están relacionadas con la susceptibilidad individual a padecerlas.

También os puede ser útil:

  1. Termómetros
  2. Aprendiendo la dosis de los antitérmicos 
  3. El paracetamol no es inofensivo 

Nuevo curso on-line para padres y madres: “EN FAMILIA”

2014-Profundizando-castellano La Conselleria de Sanitat de la Generalitat, en colaboración con la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), pone en marcha una nueva edición del CURSO ON-LINE PARA PADRES Y MADRES: “EN FAMILIA”. Consta de cinco módulos en los que se facilitarán, a todos los padres y madres que se inscriban, documentos, materiales audiovisuales, foros de consulta y debate, actividades y asesoramiento para que mejoren sus capacidades educativas. Los contenidos que se abordan en esta primera edición de profundización son:

  • El mundo emocional en la familia
  • Jóvenes, ocio y drogas
  • La familia ante las nuevas tecnologías
  • Conflictos, tensiones y violencia familiares
  • Estrés familiar

“En Familia” comienza el  10 de noviembre y finaliza el 22 de diciembre de 2014. Más información e inscripción en la siguiente dirección Web http://aulavirtualfad.org/enfamilia_VALENCIA2.htm. Abierto plazo de inscripción. Por último recordad que tenéis un Servicio Integral de Orientación Familiar sobre Drogas, a través del teléfono 900 22 22 29, gratuito y confidencial, que ofrece asesoramiento personalizado sobre cómo manejar adecuadamente situaciones y problemas que surjan en las relaciones familiares.

Fobia escolar

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María tiene 12 años y en la última semana ha venido en tres ocasiones a consulta porque tiene dolor abdominal y vómitos matutinos. Es una niña sana. Tras completar las preguntas acerca de otros posibles síntomas y una exploración rigurosamente normal la actitud más lógica a seguir será la observación en los próximos días, ver cómo evoluciona.

Esta consulta, que en estas fechas se presenta con relativa frecuencia, nos deja siempre la sospecha, entre las posibilidades diagnósticas, de que los síntomas abdominales sean la manifestación de una fobia escolar.

La fobia escolar es la incapacidad total o parcial del niño de acudir al colegio como consecuencia de un miedo irracional a algún aspecto de la situación escolar. El niño permanece en casa con conocimiento de los padres cuando debería estar en el colegio y por tanto quedan excluídas las situaciones de negligencia por parte de los de los padres, es decir, que no se preocupen en llevarlos al cole o que sea el niño o adolescente el que “haga novillos”, conducta en la que los padres no son conocedores de la situación.
Podemos decir que es una dificultad grave para asistir a la escuela, con excesivo miedo, que provoca síntomas físicos ante la perspectiva de acudir al colegio y que en ocasiones produce periodos prolongados de absentismo escolar. Es más frecuente en la adolescencia temprana y solemos verlo en la entrada al instituto tras dejar el colegio, otras veces cuando debe incorporarse tras vacaciones y afecta tanto a niños como a niñas.

Los síntomas principales son la ansiedad, más o menos intensa, que se manifiesta con palidez, llanto, cefalea o síntomas digestivos: dolor abdominal, náuseas, vómitos o diarrea. Menos frecuente es encontrarnos síntomas depresivos como tristeza. Estos síntomas son más intensos por la mañana, en las horas previas a ir al colegio o al instituto, mejoran durante el día y empeoran de nuevo por la noche, si es que hay colegio al día siguiente. Desaparecen en vacaciones o si el niño se queda en casa.

Es necesario descartar siempre otras causas orgánicas de las manifestaciones abdominales o de la cefalea antes de llegar al diagnóstico de fobia escolar. Tendremos que ver la evolución a lo largo de los días, entrevistar a los padres y entrevistar y valorar al niño, así como pedir información al colegio. No debemos demorar el diagnóstico porque retrasar la reincorporación complica la evolución. El primer objetivo es conseguir la asistencia a clase lo antes posible, porque en cuanto la asistencia a clase es ya regular muchos de los síntomas de ansiedad desaparecen.

Es necesario por tanto que cuanto antes asesoremos a los padres, explicándoles el diagnóstico. Es frecuente encontrar en estos casos que el padre ha asumido una posición periférica en la familia, por eso es útil que ambos padres estén en casa a la hora de ir al colegio, que le acompañen y le muestren determinación y seguridad en que tiene que ir.
Conseguir la colaboración del niño o del adolescente suele ser complicado al principio y requiere un trabajo personal con él.

Como tantas veces ocurre en consulta, sólo unos pocos requerirán que los derivemos a la Unidad de Salud Mental Infantil para trabajar con el niño y su familia, la mayoría entrarían en “formas menores” de fobia escolar, es decir, niños que tienen más dificultad en adaptarse a los cambios, más tímidos o con menos habilidades sociales. Probablemente este será el caso de María y pronto la tendremos incorporada felizmente al instituto.

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