Las secuelas de un tsunami llamado coronavirus

Publicado hoy en Información

No puedo empezar a hablar de secuelas de este tsunami que estamos viviendo, sin dirigirme primero a las familias que han perdido a un ser querido, a las que han vivido la enfermedad en carne propia y en soledad, a las que han vivido o viven la incertidumbre de tener enfermo, cerca o lejos, a un hijo, un padre o una madre, un hermano, su pareja.… A todos ellos nuestro recuerdo, nuestro apoyo y cariño, en nombre de la Asociación de Pediatría Extrahospitalaria de Alicante, desde este rincón que el periódico Información nos regala.

Este es un espacio en el que hablamos de Pediatría desde hace unos 30 años, por eso me centraré en otras consecuencias que el tsunami coronavirus nos deja. Y es que hay que planificar la organización de la Pediatría en Atención Primaria. Aunque son tiempos de incertidumbre es de prever que los próximos meses… el próximo invierno, serán diferentes y supondrá un cambio en la forma de atender a los niños.

En estos meses de confinamiento las consultas están siendo mayoritariamente telefónicas. Vosotros, padres y madres, habéis sabido gestionar las fiebres, las toses… creo que todos hemos sido conscientes de lo “empoderados” que estáis, por utilizar esta palabra tan de moda. Hemos ensayado otras formas de consulta que han demostrado su utilidad y que debemos seguir mejorando, permitiendo el envío de imágenes y vídeos o realizar videoconferencias. No es solo que sea necesario mantener las consultas telefónicas, es que ha llegado el momento de tener acceso desde el Sistema Público a la telemedicina. Daremos así un gran paso en actualizarnos a las “nuevas” tecnologías. Los profesionales sanitarios lo veníamos demandando.

Las consultas presenciales han de ser espaciadas con el objetivo de mantener las salas de espera lo mas vacías posible y eso supone limitar el número de consultas y realizar un triaje telefónico antes de acudir.
Es importante que habléis con vuestros hijos e hijas y les expliquéis que ahora, para luchar contra el coronavirus, su pediatra va a ir vestido de otra forma para que no se asusten al entrar, sobre todo los más pequeños. A éstos podéis decirle que es el traje, o el disfraz, que tenemos para asustar a los coronavirus y que no entren a la consulta.
A los mayores evidentemente una explicación más real, tenemos que estar protegidos y por eso además de la mascarilla podemos llevar una pantalla en la cara, bata verde o incluso un EPI.

Es probable que tengamos que tomar medidas de sentido común, como estratificar los horarios de consulta para que haya tramos sólo de niños y adolescentes que acuden a revisiones y a vacunación.

En cuanto al Programa de Salud Infantil, en unas semanas habremos actualizado los calendarios de vacunación que se habían suspendido. Continuaremos con las vacunaciones de escolares y adolescentes. Es necesario mantener las excelentes coberturas vacunales que siempre hemos tenido.

Pero es necesario replantear muchas de las cosas que por inercia se han estado haciendo y que llevábamos tiempo queriendo actualizar. Pues ese tiempo ha llegado.
Uno es el de los informes de salud escolar, “como documento sanitario de utilización obligatoria para el acceso a un centro escolar”.
Todos tenemos claro que la educación es un derecho de todo niño, que se rige, entre otros, por los principios de no discriminación y además es obligatoria. Pues bien, solo en nuestra Comunidad seguimos realizando dichos informes que además vulneran el Reglamento de la UE 2016 del Parlamento Europeo relativo a la protección de datos personales y vulneran los derechos a la intimidad del menor que se regula en la Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales.
Para terminar esta diatriba jurídica, la Orden de la Conselleria que obliga a la realización del Informe de Salud Escolar es de rango inferior y debe entenderse como derogada por la legislación de 2016 y 2018.

Sólo está justificado informar, con el visto bueno de los padres, de aquellos problemas de salud que precisen dar la atención necesaria a un alumno concreto. La mayoría de los datos que se solicitan son irrelevantes y repito, vulneran los derechos del menor.

Seguiremos realizando las revisiones a los 3, 6 y 12 años, porque son edades en las que es conveniente realizarlas para detectar determinados problemas, por ejemplo a los 12 años problemas de columna, coincidiendo además con la administración de vacunas.

Me he extendido más de lo habitual. Seguiré hablando de las secuelas del tsunami coronavirus, porque es también una oportunidad de mejora en la atención sanitaria a la infancia y adolescencia.

Cuidados del cordón umbilical tras el nacimiento

La OMS ha promovido en países desarrollados la llamada «cura en seco», que consiste en  mantener el cordón limpio y seco, sin gasas ni vendas alrededor del cordón que entorpezcan  el secado .
No cubrir la zona con el pañal como se observa en la foto y ponerle ropa holgada.
Por tanto en nuestro medio, haremos la limpieza con agua y jabón y el secado al aire y seguiremos las instrucciones descritas.
Son medidas suficientes y seguras para el cuidado del cordón
umbilical.

En países en vías de desarrollo la OMS recomienda seguir cura con antisépticos como Clorhexidina.

Todo esto nos lo ha recordado en una sesión clínica la Dra. María Hernández Espinosa R1 Pediatría del Hospital General Universitario de Elche. ¡Muchas gracias!

Bibliografía
● Márquez Carrasco A Mª, Rico Neto M, Aragundez Marcos P. Los
cuidados del cordón umbilical tras el nacimiento. Rev Enferm docente.
2017; enero – junio (108): 45 – 49.

Los cuidados de salud del niño y de la niña con Síndrome de Down

Ayer en el Suplemento de salud del periódico Información publicaba el siguiente artículo

Ha sido habitual, a lo largo de mis ya muchos años de profesión, tener entre los niños que atendía uno o dos niños con Síndrome de Down: María, Rubén, Carlos, Juanjo… pero la incidencia ha ido disminuyendo y llevaba más de ocho años sin atender a ninguno, hasta que ha llegado Marcos.

He necesitado una puesta al día, actualizar el seguimiento que precisará en Atención Primaria. En estos años se ha editado unPrograma de Salud para Personas con Síndrome de Down« donde se incluyen, por ejemplo, sus curvas de crecimiento, los controles de salud que precisa, el despistase de alteraciones o enfermedades que presentan con más frecuencia que la población general, controles analíticos periódicos, etc., es decir un documento imprescindible para el seguimiento de estos niños y niñas y que se prolonga hasta la edad adulta.

También contamos con el Programa de salud baby, una guía para el primer año de vida y complemento a la web Mi hijo Down, o la guía Otorrinolaringología y síndrome de Down, un instrumento al servicio de médicos otorrinos y pediatras para responder a las necesidades y seguimientos preventivos que requieren en esta área de salud, o guías médicas de otras especialidades clínicas que profundizan en los ámbitos de salud mental, atención bucodental, oftalmología, etc.

Por su especial susceptibilidad a padecer infecciones, sobre todo del tracto respiratorio en los primeros años, es importante la vacunación, aconsejando un calendario de vacunación de máximos: vacunación antigripal anual a partir de los 6 meses, vacunas frente al neumococo, no sólo con las vacunas del calendario oficial, también la llamada VPN23 a partir de los 2 años de vida; o dosis adicionales de vacuna antitosferina ante una exposición a esta enfermedad. Por otro lado, como pueden tener una respuesta subóptima a algunas vacunas se aconseja confirmar, por ejemplo, la respuesta a la vacunación frente a la hepatitis B.

El pasado día 21 de marzo se celebró el Día Mundial del Síndrome de Down, una iniciativa de la Asamblea General de Naciones Unidas que se celebra desde el año 2012, con el objetivo de “alentar a los Estados Miembros a que adopten medidas para que toda la sociedad tome mayor conciencia, especialmente a nivel familiar, respecto de las personas con síndrome de Down”.
Este año se lanzó la campaña “Auténticos” que invadió las redes sociales, mostrándose “sin artificios, espontáneos, genuinos, en definitiva auténticos” y que intentaba acercarnos más a la manera de ser, pensar y sentir de este colectivo. Os aconsejo ver el vídeo de la campaña, disponible en YouTube, frases tan contundentes como “no somos un bicho raro, no somos enfermos”, “mi hijo es alegría, es superación desde el minuto uno” emocionan.

Marcos tiene la suerte de tener una madre coraje que le ha regalado una lactancia materna exitosa y prolongada, un padre, un hermano, una familia que le quieren con locura y un equipo de profesionales, desde el Servicio de Neonatología a los profesionales de Atención Temprana, que desde el primer momento están sacando de él todo su potencial… mientras él nos devuelve ya su sonrisa.

Fiebre-fobia: combatámosla con información

El pasado sábado publicaba en el periódico Información este artículo:

Hace unos días leía en una revista de Pediatría, Acta Pediátrica, un estudio en el que se analizaban los datos de una encuesta realizada a trabajadores de cuatro hospitales públicos de la Comunidad de Madrid, sobre el grado de conocimiento de la fiebre en niños.
Los encuestados fueron un 30% médicos, 25% enfermeros y porcentajes menores de auxiliares de enfermería, celadores, administrativos, etc. De todos ellos un 60 % tenían hijos. Resulta curioso, aunque hay diferencias entre sanitarios y no sanitarios y entre aquellos que tienen hijos y los que no los tienen, que un 83% crean que deben usarse las medidas físicas para bajar la temperatura cuando hace ya años que no se recomienda, así como que un 60% piense que el tratamiento precoz prevenga la convulsión febril, cosa que no es cierta, o que más de la mitad de los encuestados considere que siempre se deba bajar la fiebre aunque el niño esté contento y feliz. Sí hay unanimidad, un 86%, en que existe un miedo excesivo a la fiebre por parte de padres y abuelos.

El término fiebrefobia empezó a usarse en el lenguaje pediátrico hace casi cuarenta años para referirse al miedo injustificado que sienten padres o madres ante la fiebre de sus hijos e hijas, es la “necesidad” de combatir la fiebre a toda costa.
Poco hemos avanzado en estos años puesto que seguimos viendo ese temor a la fiebre que hace que se consulte urgentemente por la cifra que marca el termómetro sin tener en cuenta el estado general del niño. Y esta labor de información, de educación sanitaria a los padres no debemos de estar haciéndola bien pues seguimos igual.

Suelo decirle a padres y madres que la fiebre ejerce un efecto beneficioso en el niño, pues aumenta la respuesta de sus defensas frente a la infección, sea vírica o bacteriana y que tratar la fiebre con más o menos empeño no varía la evolución de la enfermedad ni de sus posibles complicaciones. Insisto en que deben mirar más al niño o a la niña, a su estado general, que la cifra que marca el termómetro y será el estado general y no la cifra, lo que les debe hacer consultar de urgencia. También les digo que deben tener en cuenta qué infección hay detrás de la fiebre, si ya está diagnosticado y es una faringoamigdalitis o un cuadro catarral por ejemplo, tranquilidad y toca acompañar al niño en su proceso infeccioso, vigilando cambios que obligarían a una nueva consulta.

Frente a la fiebrefobia es necesario recalcar:

La fiebre es una respuesta defensiva, estimula la respuesta inmune y la hace más eficiente a temperaturas entre 37 y 40ºC, por tanto beneficiosa para el organismo.

Las infecciones de los niños son, en general, de carácter leve.

Las convulsiones febriles sólo afectan a un 4% de los niños entre 6 meses y 5 años de edad.

Se debe administrar un antitérmico, paracetamol o ibuprofeno, a las dosis correctas cuando la fiebre es sintomática (es decir, si el estado general del niño está afectado por la fiebre) o si ha presentado anteriormente convulsiones febriles. Si el niño está febril pero come, bebe bien y está contento, el antitérmico no le aportará beneficios.

La fiebre, por sí misma, no es una urgencia médica, salvo que afecte a un lactante menor de 3 meses.

Recomiendo leer el Decálogo de la fiebre de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). Seguiremos hablando de la fiebre, motivo de consulta tan frecuente en estos días.

El llanto del bebé en los primeros meses

El llanto en las primeras semanas de vida es uno de los motivos de preocupación de los padres y genera muchas consultas para saber si el bebé está bien o el llanto es la manifestación de que algo le está pasando.

Hace ya muchos años, en el 84, se publicaban en la revista Pediatrics unas «instrucciones para tratar el cólico» que a día de hoy seguimos recomendando y que hoy he vuelto a repetir a unos padres que acaban de tener su primer hijo. Son didácticas y útiles:

  1. Intente no dejar nunca llorar a su bebé.
  2. Para descubrir por qué llora su hijo, tenga en cuenta las siguientes posibilidades: a) el bebé tiene hambre y quiere comer; b) el bebé quiere chupar aunque no tenga hambre; c) el bebé quiere que le tomen en brazos; d) el bebé está aburrido y quiere estimulación; e) el bebé está cansado y quiere dormir.
  3. Si sigue llorando durante más de cinco minutos con una respuesta, pruebe con otra.
  4. Decida usted misma en qué orden probar las anteriores opciones.
  5. No tenga miedo de sobrealimentar a su hijo. Eso no va a ocurrir.
  6. No tenga miedo de malcriar a su hijo, eso tampoco va a ocurrir.

Os dejo enlace a otras entradas que también hablan del llanto:

El llanto del bebé

Cólico del lactante (primera parte)

Cólico del lactante (segunda parte)

Cólico del lactante (tercera parte)

Memoria grande, memoria chica

El pasado 29 de julio mi compañero Mariano Mancheño publicó este artículo en el periódico Información con el que colaboramos quincenalmente los pediatras de la Asociación de Pediatría Extrahospitalaria de la provincia. Es un precioso artículo, ¡Gracias Mariano! 

Cuando de niños nos enseñaban un elefante en una cartulina, sin haber visto ninguno real, aprendíamos el significado de la palabra «Elefante». Antes de poder hablar ya reconocíamos el elefante y lo señalábamos en el dibujo.

Esta forma de reconocimiento, este tipo de memoria está presente desde temprana edad y crece rapidísimo a partir del segundo año, siendo imprescindible para el aprendizaje y el desarrollo de habilidades del tipo que sean.

No sabemos con exactitud porqué unas vivencias son recordadas más y mejor que otras. En general lo que recordamos a partir de los 3 años (que es poco y difuso) o lo que recordamos después de los 7 (que es mucho más nítido y abundante) son asociaciones de experiencias que podremos recordar, evocar, durante diez , treinta u ochenta años y se conoce como memoria autobiográfica. Es la base de nuestras relaciones futuras. Los lazos entre humanos se basan en el intercambio de experiencias y éstas, en lo que recordamos.

No hay escapatoria: todo lo vivido queda almacenado. El no poder contarlo no significa que no se haya guardado, simplemente no puede ser evocado y no equivale a ausencia de memoria. Y también los sentimientos, los enfados, los miedos, lo placentero. Hablamos de la memoria emocional.

La memoria emocional fija nuestros recuerdos y las emociones que nos provocan, una asociación sólida y sin la cual no podríamos sentir. El niño al que no se toca, no se acaricia, disfrutará menos con el tacto que otro. El niño con el que no se juega tenderá más que otro al aislamiento y le será más difícil interpretar el mundo porque el juego es una guía para entender el mundo del adulto.

El creciente aumento en nuestro medio de niños que «no quieren crecer» (niños Peter Pan), «solitarios» y «difíciles», por citar solo algunos, nos debe hacer reflexionar sobre el modo de vida que llevamos y la deriva de una sociedad no siempre atenta a las necesidades de presencia cariñosa que a veces damos por supuesta y no lo es, debido a prisas, a la sustitución de regalos por tiempo, a la disminución de las horas de juego por la falta de compromiso con el menor.
Pero, ¿qué recuerdos tendrán los niños maltratados?. En España se estima que 1 de cada 15 niños es víctima de la crueldad mental de sus padres, que 1 de cada 5.000 padece violencia física. La causa más común es la pérdida de control frente al niño que llora demasiado o no deja dormir.

Por ello como personas y como colectivos (profesores, educadores, puericultores, pediatras, psicólogos, etc. ) debemos impulsar una revolución profunda de nuestros comportamientos, tratar de comprender mejor al eslabón más débil, vulnerable y silenciado, que no silencioso, de nuestra sociedad. Y a reclamar de nuestros gobernantes medidas concretas (ampliación de tiempo por maternidad, mejor atención en escuelas a niños con y sin problemas, mejores escuelas) que procuren un panorama esperanzador en los ojos recién abiertos de los que nos siguen.