¿Todavía piojos? (continuación)

piojos1

El tratamiento consiste en la utilización de una sustancia pediculicida, aconsejo Permetrina al 1 o 1,5%. Es importante que sea ésta la concentración y debe evitarse el uso de combinaciones de sustancias en el mismo tratamiento ya que puede aumentar la toxicidad de los productos. Se recomienda utilizar el producto en forma de gel-loción. Aplicaremos la sustancia por todo el pelo (como se hace con el tinte: desde la base hasta la raíz y mechón a mechón) y sobre la cabeza seca, dejándolo actuar el tiempo que se indica en las instrucciones.
Además del tratamiento con el pediculicida, para eliminar totalmente piojos y liendres, recomiendo usar un peine especial de púas estrechas llamado lendrera. Iremos peinando lentamente todo el cabello, de la raíz a las puntas una y otra vez, enjuagando bien la lendrera (este peinado previo al lavado es opcional aunque muy aconsejable). Después lavaremos el pelo con el champú habitual y, con el pelo mojado, puede aplicarse un bálsamo acondicionador capilar (en cuya composición está el ácido acético) dejándolo actuar durante unos minutos antes de aclarar. Tras volver a desenredar, peinar de nuevo con la lendrera bien limpia.
Por último se debe vigilar en los días siguientes el cabello del niño y proceder a la extracción manual de las liendres que se vean. Se visualizan mejor con luz natural, al sol.
Es aconsejable repetir la operación a los 7-10 días.

Quizás te interese también:
edupeque

Educar es un acto de amor

¿Todavía piojos?

Piojos03
Antes se asociaba la aparición de piojos a la falta de higiene; hoy en día sabemos que es falsa esta asociación.
La infestación capilar se ha mantenido a lo largo de la historia y sigue siendo necesario conocer qué es un piojo, cómo prevenir las infestaciones y qué hacer en el caso de que éstas se produzcan.
Los piojos son insectos de 2-3 mm pero difíciles de ver por su gran movilidad, solemos observar las liendres (huevos del piojo) que son blanquecinas y están adheridas a la base de los pelos.
Hablaremos sólo del piojo de la cabeza (pediculus humanus capitis) que es el que afecta a los niños; también existe el piojo del cuerpo y del pubis que sí tienen relación con el hacinamiento y la suciedad.
El piojo de la cabeza vive alrededor de un mes y ponen los huevos a 1 o 2 mm del cuero cabelludo (de ahí que cortar el pelo a los niños cuando se infestan no tiene sentido, pues tendríamos que, prácticamente, raparles la cabeza para llevarnos las liendres). Los huevos se van separando de la raíz a medida que crece el pelo, cuanto más alejados están, más viejos e inviables son pues no tienen la temperatura adecuada para su desarrollo. Suele afectar a las personas a cualquier edad, pero sobre todo a los niños en edad escolar y más a las niñas que a los niños.
El síntoma por el que los descubrimos es siempre el picor, producido por la reacción del cuerpo a la saliva del insecto y obliga al niño a rascarse constantemente la cabeza. Tiende a afectar más la zona de la nuca y detrás de las orejas y el contagio siempre es de cabeza a cabeza, aunque también puede ser por compartir el peine, una gorra, una cinta del pelo…

Quizás te interese también:

gordochico

Obesidad Infantil

Obesidad infantil

gordo gordo
Ando estos días redactando, para su publicación, el trabajo realizado en el año 2008 con 531 niños y niñas de edades comprendidas entre 4 y 14 años, que asistían a las Escuelas Deportivas Municipales de la localidad de Almoradí.
Dicho trabajo nace de la colaboración del Departamento de Biología Aplicada (Área de Nutrición y Bromatología ) de la Universidad Miguel Hernández y la entidad Fundesced, Fundación para el Desarrollo de la Sanidad, Cultura, Educación y Deporte “Vega Baja” de la Comunidad Valenciana. Fundesced gestiona, desde el curso 2007/2008, las Escuelas Deportivas Municipales de Almoradí, cuyo objetivo principal es la educación deportiva y para la salud, dentro de la población infantil y juvenil de Almoradí.
Uno de los proyectos de Fundesced fue, al iniciar la gestión de dichas EEDD, conocer el estado nutricional de los niños participantes en las Escuelas Deportivas para diseñar programas de intervención que permitan mejorar a largo plazo la salud en la población adulta y, al mismo tiempo, identifica a aquellos niños con riesgo de obesidad y de bajo peso en los que realizar una intervención temprana, encaminada a reconducir sus hábitos alimenticios y de consumo hacia otros más saludables.

De los resultados de este trabajo resaltar que un 16,8% de nuestro niños son obesos, mayor proporción entre los varones (17,5 %) que entre las niñas (13,8 %). En el tramo de edad situado entre los 6 y los 9 años es donde el porcentaje de niños obesos es mayor.
Pero si se toma en conjunto sobrepeso y obesidad, la prevalencia en la población estudiada es del 26,8 %, siendo mayor en las mujeres (27,8 %) que en los varones (25,9 %).

La OMS considera desde 1998 la obesidad como una epidemia global. Estudios nutricionales reflejan que la obesidad es el principal trastorno nutricional de la población adolescente en los países desarrollados. En España la frecuencia de la obesidad en la infancia ha aumentado en los últimos 20 años. En el período comprendido entre el año 1984 y el año 2000, se ha triplicado su frecuencia en niños/as de 6 a 12 años.

A la vista de nuestros resultados, y siendo además una población que practica deporte como actividad extraescolar (una media entre 2 y 4 horas semanales), es posible que en la población general las cifras sean incluso algo más elevadas.

Isabel Rubio

Las chuches

barcelona-boqueria-chuches Las chuches son pequeños regalos que damos a nuestros hijos, con demasiada frecuencia en algunas familias. Les compramos golosinas desde la más tierna infancia para gratificarles, más adelante las compraran ellos solos, a veces sin control alguno del adulto, invirtiendo las pequeñas cantidades de dinero de que disponen y suponiendo un aporte demasiado frecuente de azúcares, tan perjudicial para su boca, como calórico, tan perjudicial para su dieta. Sin olvidar su abundancia en cualquier fiesta y cumpleaños.
Pero mi intención hoy es que seamos conscientes, como consumidores bien formados e informados, ante la compra de “las chuches”. Existe mayoritariamente la venta a granel de muchas de ellas, dónde no consta ni la composición, ni dónde se realiza la elaboración e incluso, a veces, ni el registro sanitario; y no hablaré de higiene.
No se trata de ser detectives (aunque lupa necesitamos si queremos leer la mayoría de las composiciones), ni investigadores obsesionados o expertos en edulcorantes, estabilizantes, colorantes, saborizantes, humectantes, espesantes, etc. más bien propongo un uso comedido de ellas y sobre todo el conocimiento de que existe un registro sanitario del producto y debe constar su composición y calorías.
Las chuches son hilos que todavía nos unen a la etapa oral, que gratifican al niño, que aún nos gratifican a nosotros y es admisible su consumo esporádico.

Isabel Rubio

«Mamá está enferma»

depre2 Llegó a mis manos un cuento, publicado por un laboratorio farmacéutico que promocionaba un nuevo antidepresivo, titulado “Mamá está depre”. La protagonista es una niña, de unos 8 años, que relata en primera persona cómo ha vivido la enfermedad de su madre.
En el cuento, como en la vida real, palpamos el sufrimiento de los niños y, lo que es más grave, un sufrimiento en soledad.
Empieza diciendo: “Un día eché en falta la alegría de mamá (…) entonces sentí por primera vez que Gabriela (su hermana pequeña) y yo estábamos solas en casa; con mamá, pero solas”. Es el descubrimiento, por ella misma, de que algo está pasando. Y el silencio dispara su fantasía. Los adultos tratan de ocultar a los ojos de los niños la enfermedad grave en un intento inútil de evitarles el dolor, inútil porque ellos observan, porque son hábiles en captar los silencios, los gestos, los múltiples detalles de la comunicación no verbal, los tonos en las conversaciones entre los adultos, percibir la atmósfera densa que se ha creado en su hogar cuando algo importante y grave pasa.
Y en el cuento, tras muchos días, es la niña la que toma la iniciativa:”…me atreví a preguntar:¿mamá no viene a darnos las buenas noches?” y ¡por fín! el padre le dice que “mamá está enferma”.
Pero ante el silencio de los adultos, cuando no se da la información clara y adecuada a la edad del niño, surge en él un sentimiento de culpabilidad (“¿está enfadada conmigo?”), el niño cree ser el culpable de la tristeza de su madre o de su padre.
Otra reacción, que también se plantea en el cuento, es la de asumir el papel de protector de la mamá enferma, invirtiendo los papeles. Esta situación supone una sobrecarga para la hija que pasa a hacer de mamá de su propia madre (“…aproveché para recordarle que le diera las medicinas a mamá”, “en el colegio estuve pensando en cómo conseguir que mamá…”, ”cogía a Gabriela y me ponía a jugar con ella para que no llorase y molestase a mamá”).
Como pediatra entiendo el drama que la niña vive, acercarme a su soledad, a su culpabilidad, a su exigencia de ser “una niña buena”, “a portarme como mamá quiere que me porte”, porque es una historia real la de muchos niños que viven la enfermedad grave de su padre o de su madre sin una explicación de lo que está pasando, información que debe ser dada por la persona más cercana al niño, si no es posible que lo haga el progenitor enfermo.
Por último sería necesario que también le quedara claro que va a seguir estando cuidado como siempre, aunque ahora quizás tenga que pasar más tiempo con los abuelos, o con los tíos…dándole la seguridad profunda que el niño necesita.

Isabel Rubio