LA RESILIENCIA: Una infancia infeliz no determina la vida

 

resiliencia 2El concepto fue introducido en el ámbito psicológico hacia los años 70 por Michael Rutter, directamente inspirado en el concepto de la física (que es la capacidad de los materiales para volver a su posición original tras ser deformados al aplicar una fuerza sobre ellos). En psicología, el término resiliencia sería la capacidad de los sujetos para sobreponerse a tragedias o períodos de dolor emocional. Podemos decir que resiliencia equivale a resistencia al sufrimiento e incluso resultar fortalecido por el mismo.
Este término apareció cuando se realizaron estudios longitudinales en las Islas del Caribe: se estudiaron niños durante 30 años y se observó que los factores de riesgo no eran tales, porque si bien la potencialidad era de riesgo, estos niños se adaptaban y eran capaces de vivir con un psiquismo positivo frente a la adversidad. Entonces comenzó a investigarse qué era lo que sucedía.
Boris Cyrulnik amplió el concepto de resiliencia observando a los supervivientes de los campos de concentración, los niños de los orfelinatos rumanos y los niños de la calle bolivianos. Él mismo, con tan sólo seis años escapó de un campo de concentración, el resto de su familia murió; pasó a ser un niño huérfano y su propia historia le llevó, siendo ya neuropsiquiatra, a interesarse por el fenómeno de la resiliencia.
La resiliencia no debe ser entendida como la negación de las difíciles experiencias de la vida, es más bien la habilidad para seguir adelante a pesar de ello. La herida o el daño es un hecho real, pero a pesar de las heridas infringidas, para muchos, estas situaciones que fueron críticas y traumáticas pueden ser elementos de aprendizaje, crecimiento y superación humana.

El enfoque de la resiliencia es una mirada esperanzadora, en vez de poner énfasis en aquellos factores negativos que permitirían predecir quién iba a sufrir un daño, trata de ver aquellos factores positivos que, a veces, sorprendentemente y contra lo esperado, protegen a un niño.
La idea de resiliencia mantiene la esperanza viva en la práctica clínica: aunque la balanza esté inclinada hacia un resultado negativo, sabemos que muchos niños escapan a su destino y que es posible promoverle. Una realidad confirmada por el testimonio de muchísimas personas que, aún habiendo vivido una situación traumática, han conseguido encajarla y han seguido desenvolviéndose como si el trauma vivido y asumido hubiera desarrollado en ellos recursos latentes e insospechados.

¿Qué sabemos del proceso que permite la resiliencia?: La resiliencia no es un atributo con que los niños nacen, no hay un perfil de niños resilientes, pero sí de niños aptos para la resiliencia: niños que no han sufrido separaciones o pérdidas tempranas, niños que han adquirido la confianza o seguridad básica en su primer año de vida. También sabemos que se trataría de un proceso interactivo entre el niño y su medio. Todos los que resultaron resilientes tenían, por lo menos, una persona que los aceptó de forma incondicional, necesitaron contar con alguien. Es decir, que la aparición o no de esta capacidad depende de la interacción de la persona y su entorno humano.

Libros recomendados para saber más:
Un niño afortunado de Thomas Buergenthal , juez de la Corte Internacional y prisionero de Auschwitz de niño.
Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida de Boris Cyrulnik, neuropsiquiatra que también vivió una infancia traumática en un campo de concentración nazi.

Isabel Rubio

Educar es un acto de amor

educar Izan 5Sobre el tema de educación y familia hay mucho escrito y a veces tengo la sensación de que está todo dicho y nos repetimos.
Lógicamente no es así, pues por mucho que se hable o se escriba de educación, siempre habrá estilos diferentes que nos aporten nuevas miradas.
La pregunta que me hago es: ¿Qué necesitamos los padres a la hora de educar a nuestr@s hij@s? y de ahí me surge otra: ¿Qué necesitan nuestr@s niñ@s de hoy?.
Cuantas veces nos hemos visto en situaciones en las que tenemos que dar una respuesta a nuestros hijos, ante una situación que nos “saca de quicio”, y nos decimos: Ahora me gustaría ver aquí al psicólogo o al orientador de su colegio para que me diga ¿Qué hago?. Pues ellos desde la teoría lo tienen todo muy claro y parece muy fácil, pero a la hora de la verdad, aquí es donde los quisiera ver yo, pues la teoría no tiene nada que ver con la práctica. Y es cierto.
Realmente educar es la tarea más hermosa y a la vez más difícil a la que nos enfrentamos los padres y los profesionales de la enseñanza. Educar es un acto de amor, pues damos al hij@ lo que yo tengo que te puede servir a ti y que con ello, y lo que tú eres ya potencialmente, consigas ser la persona que quieres ser; ayudándole a sacar lo mejor de sí mismo.
Esta tarea de educar es hermosa porque tenemos la posibilidad de colaborar en la formación de hombres y mujeres del mañana, de formar a los seres humanos de nuestro futuro más próximo y más lejano, pues lo que estamos dando a nuestros hijos, de una o de otra forma, ellos se lo transmitirán a los suyos, nuestros nietos.
Y es difícil porque ¿quién nos ha enseñado a formar personas?, ¿adónde hemos ido a aprender a ser padres?, ¿en qué universidad nos han dado el título de Padres?, ¿Quién nos ha dicho, tú ya estás preparado para tener hijos?.
Cuando imparto cursos o conferencias a padres y madres con niñ@s de diferentes edades y veo en sus rostros reflejada la sensación de “no sabemos qué hacer”, o “necesitamos saber si lo estamos haciendo bien o mal”, o “¿nos puede dar alguna receta?”, etc. Les pregunto: ¿Cuándo tuvisteis al niñ@, en el hospital no os dieron un librito de instrucciones de cómo manejar al niño y os explicaron cómo es su funcionamiento?. Y les digo, cuando compramos un móvil o cualquier aparato doméstico, nos dan un enorme libro de instrucciones en todos los idiomas, donde nos explican, con todo lujo de detalle las características del aparato y todo lo que se necesita saber para su buen funcionamiento y sacarle el máximo provecho.
Lógicamente se echan a reír y algunos dicen, pues sí, teníamos que habernos preparado un poco antes de que naciera nuestro primer hij@, pues le hemos dedicado tiempo a la preparación de su habitación, a la canastilla, y a menesteres que tienen que ver con su llegada, pero no a lo que nos toca hacer como padres, que es una tarea desconocida por nosotros. Y, añaden, con el segundo fue diferente, pues ya sabíamos de qué iba, pero con el primero lo pasamos muy mal.
Lo que yo me propongo en estos artículos es reflexionar sobre los temas que nos preocupan, tanto a los padres como a los profesionales de la enseñanza, para ver entre todos, qué estamos haciendo, qué podemos hacer de forma diferente o qué tendríamos que cambiar para educar a las nuevas generaciones de niñ@s que tenemos delante.
TODOS educamos y enseñamos, no siempre de una manera formal e intencionada, pero sí con nuestros conocimientos, ideas, sentimientos, emociones, palabras y acciones, pues con todo ello ofrecemos un modelo de persona a los demás. Por supuesto los primeros los padres, luego sigue la familia más extensa, los profesionales de la enseñanza, los políticos, los medios de comunicación, la sociedad en general. Ninguno de los agentes sociales podemos eludir, ni olvidar esta importante responsabilidad. La educación nos atañe a todos.
La sociedad del futuro estará formada por nuestr@s niñ@s de hoy.
Y acabo dejando, una pregunta en el aire: ¿Qué tipo de personas queremos dejar nosotros al mundo, para ese futuro tan cercano?.

«Si educáis a los niños, no tendréis que castigar a los hombres». Pitágoras

Cecilia Martí

Niños y Gripe A

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CARTA ABIERTA A LAS MADRES Y PADRES ACERCA DE LA GRIPE A:
Ante el bombardeo de noticias a través de prensa, radio y televisión que a diario recibís acerca de la gripe A, quiero haceros un resumen riguroso con la información necesaria que os permita saber leer las noticias y conocer la dimensión del problema:

• La gripe es una enfermedad vírica conocida desde antiguo. A lo largo del siglo XX ha habido 3 pandemias: 1918, 1957 y 1968. A partir de cada pandemia cambia el virus circulante y las sucesivas gripes estacionales son provocadas por virus, con pequeñas variantes, a partir del virus pandémico.
• El virus A/H1N1, como definitivamente se le denomina, se detecta por primera vez la pasada primavera, en pacientes del norte de México y/o sur de EEUU.
• A lo largo de los meses se extiende a muchos países de todos los continentes y entonces hablamos de pandemia.
• Por tanto el virus A/H1N1 ha venido para quedarse. Ahora es ya el principal virus gripal circulante y probablemente será el causante de la gripe estacional los próximos años.
• Se trata de una gripe benigna, es decir, los mismos síntomas gripales de todos los años pero más leves y con menos mortalidad. En los niños suele cursar como un cuadro catarral con fiebre. De los procesos catarrales que pasa a lo largo del invierno vuestr@ hij@, uno de ellos probablemente es debido al virus de la gripe de ese año.
• El pasado día 11 de septiembre la Asociación Española de Pediatría dio a conocer un informe elaborado por un comité de expertos que defiende las actuaciones más sencillas frente a la gripe A y aconsejan la vacunación sólo en aquellos niños con enfermedades crónicas que supongan un mayor riesgo de complicaciones.
• Las recomendaciones básicas son lavarse las manos frecuentemente, estornudar o toser usando pañuelos desechables. No está claro si el uso de mascarillas evita la propagación. En cuanto al tratamiento es el que ya conocéis para las enfermedades víricas: cuidados en casa, líquidos abundantes, antitérmicos para la fiebre y antitusígenos si la tos es muy molesta.
• El miedo a la gripe este invierno no tiene una base real, pues si miramos a los países que han vivido ya el invierno con el virus de la gripe A vemos que ha sido más leve que la gripe que todos los años pasamos y con menor mortalidad.
• Y por último el colegio. De las medidas aconsejadas en el ámbito escolar aplaudo la dotación de jabones (no hace falta ninguno en especial) en los aseos y aulas de nuestros colegios y que se eduque a los niños para que se laven las manos y que usen pañuelos desechables. También creo que un niño con fiebre necesita los cuidados y mimos de la familia; creo que el respeto al niño merece que, cuando enferma, de gripe o de lo que sea, se cuide en casa. Pero lo que no comparto es tratar a un niño al que se detecte fiebre como un “pestoso”, al que se le saca corriendo del aula y se le coloca una mascarilla (¡imaginad el susto de los niños!).
• Para terminar quiero recomendar una web que ofrece una información clara, responsable y rigurosa: Gripe A: ante todo mucha calma  http://gripeycalma.wordpress.com/
• Iniciemos el otoño con tranquilidad y vivamos la vuelta al cole con la alegría de un nuevo curso.
Isabel Rubio