¿Cuándo surgen los problemas de alimentación en la infancia?

Publicado hoy en el diario Información

Una parte importante del trabajo de un pediatra en Atención Primaria es lo que llamamos puericultura, etimológicamente sería cuidado del niño. En los últimos años parece que se impone hablar de “acompañamiento en la crianza” y hemos pasado a hacerla en equipo: matrona, enfermera y pediatra.
En este “acompañar” ocupa un lugar importante el asesoramiento en la alimentación. Empezamos por el trabajo de matronas en la preparación al parto, en las primeras consultas tras el nacimiento y en los talleres de lactancia. Después, a lo largo de los controles del Programa de Salud Infantil, enfermeras y pediatras dedicamos un tiempo a asesorar en la alimentación.

Haciendo un recorrido por los primeros años hay determinados tiempos que hay que atender con especial cuidado. Hoy me limitaré a señalar esos momentos sin detenerme demasiado.

Los primeros días de vida son una vorágine emocional, física, un curso intensivo de aprendizaje, de adaptación… para la madre y para el recién nacido. Si la decisión de la madre es iniciar una lactancia materna hay que acompañar especialmente estos primeros días por si hay dificultades, porque pasadas apenas dos semanas, y una vez instaurada la lactancia, el camino será gratificante para ambos.

A partir de ahora los momentos vulnerables serán los tiempos de cambio y para transitarlos necesitamos darle y darnos un tiempo para la adaptación a la nueva forma de alimentarse.
En los primeros meses, a veces, hay que suspender la lactancia materna y pasar a biberón. Éste será el siguiente cambio para algunos. Apliquemos lo dicho.

Otro momento importante es el inicio de la alimentación complementaria, cuando empezamos a ofrecerle otros alimentos distintos a la leche. Suele ser alrededor de los seis meses.
Se haga BLW (del inglés “baby-led weaning” o alimentación complementaria dirigida por el bebé) o con papillas, de los 6 a los 12 meses habrán muchos cambios. Si hasta ahora se alimentaba succionando en un continuo chupar-tragar hasta que se saciaba, ahora lo hará de otro modo: se lleva directamente alimentos a la boca o, lo más habitual, le llega el alimento con la cuchara. Alimentarse así es un cambio importante, no sólo la cuchara es un elemento nuevo en la boca, es también un tiempo de espera a que llegue la siguiente cucharada y si está tranquilo es porque confía en nosotros y sabe que le daremos alimento hasta que se sacie. Paulatinamente introduciremos frutas, verduras, carnes, pescados, legumbres… e irán cambiando sabores y texturas.
Y se inicia también en estos meses el camino a la autonomía: comerá sentado, beberá solo, se llevará primero con sus manos y después con la cuchara la comida a la boca… hasta ser capaz de comer solo.
En esta sucesión de cambios volvemos a tener presente que necesitamos tiempo para la adaptación, que respetamos su ritmo, que mantenemos una actitud serena al ofrecer el alimento y estimulamos la autonomía. Es una etapa importante de aprendizaje en la que se establecerá, dependiendo de lo que hagamos, una relación más o menos sana con la comida.

Queda un último momento que señalar: sobre los dos años se enlentece la ganancia ponderal y comerá menos, que unido a la etapa del “No” por la que atraviesa, hace de esta edad un tiempo dificultoso a la hora de educar. Efectivamente las cantidades que ingiere ahora son a veces menores que las que comía hace sólo unos meses y se niega a comer o se niega a probar determinados alimentos, como se niega a vestirse o recoger los juguetes.
A todo lo dicho añadiré ahora que necesitamos conocer la etapa que está viviendo para entenderla y respetarla, una etapa en la que es normal que las cantidades que come sean muy variables, irá a días; que el acto de comer es una más de las actividades diarias en las que educamos y sobre todo no olvidemos que la comida es un acto placentero.

Día Internacional de las Personas con Discapacidad

Hoy se ha publicado en el diario Información este artículo de mi compañero el Dr. Mariano Mancheño, pediatra de Altea. ¡Muchas gracias!

Queridos Reyes Magos: el día 3 de Diciembre se celebra el día
internacional de la discapacidad. Ya os dije el año pasado que seguiría
escribiendo una carta. Lo hago desde niño y no voy a dejarlo por ahora.

Desearía que el Ministerio de Educación y Cultura (en adelante MEC) se interesara más por las personas con discapacidad, sobre todo los niños y niñas. Melchor por ejemplo podría simplemente dotar de plantillas docentes especializadas de verdad a los colegios donde van nuestros peques con discapacidad y cubrirlas cuando haya bajas. Lo de hoy es una chapuza.

Baltasar podría restituir las becas del MEC al valor de hace tres años y evitar la reducción drástica de ahora. Y acompañar a Ministra, secretarios, secretarias, Consellers, Conselleres y a los albañiles, arquitectas, eléctricistas etc. a dar un paseo por los edificios en mal estado incluidos en algo llamado Plan Edificant (para la Comunidad Valenciana), un plan del que muchos tienen noticia pero que no llega año tras año. Quizás sea un Plan Fantasma. O un Fake Plan. 

Según algunas estimaciones fiables hay en torno a 75.000 familias con algún niño/niña con discapacidad en España. Puede que me quede corto. Yo me vengo abajo en la consulta cuando los papás me cuentan su lucha titánica para que los derechos de sus hijos se cumplan y cómo la desesperación los abate cuando solo obtienen buenas palabras ( no siempre) ante sus reclamaciones. Lo difícil que es cobrar alguna beca o subvención concedida.

Gaspar, hoy vas a enterarte de algo que hace dos mil años era menos corriente. Hoy consideramos discapacitado/a a una persona que tiene Trastorno Generalizado del Desarrollo, que engloba a personas que tienen solas o combinadas algunas patologías como Autismo, Retraso Mental, Parálisis Cerebral Infantil y un largo etcétera que es también REAL, pero del que no se enteran o no se quieren enterar en mi país, en mi Comunidad Autónoma.

Quisiera que los tres juntos instárais a quienes nos gobiernan a que se
cumpla simplemente lo que las leyes recogen. Que aumenten los centros de día y ocupacionales para que cuando acaben su etapa escolar sigan su vida con ilusión. Que los padres y madres duerman mejor sabiendo que existe un articulado legal y mueran sabiendo que a sus hijos alguien los cuidará bien.

Y que en Atención Primaria, los médicos que velamos por la salud de lo más precioso de nuestra sociedad tengamos tiempo suficiente para desarrollar nuestro trabajo con dignidad con todos los pacientes, con todos.
¡Hasta el año que viene!

Dejo el enlace con un artículo anterior Discapacidad e infancia que también os puede interesar.

Crianza respetuosa

Hoy en el diario  Información

El pasado 2 de septiembre se celebraba el Día Internacional de la Crianza Respetuosa. Como todos los “Días de…” el objetivo es poner el foco de atención en un tema, ya sea para reivindicar, dar visibilidad, concienciar… en este caso ponemos la mirada en la importancia de una crianza basada en los estudios que John Bowlby desarrolló como “teoría del apego” y desde entonces ampliamente avalada.

Precisamente se escogió el 2 de septiembre por ser la fecha del fallecimiento de John Bowlby, psicólogo y psiquiatra inglés del siglo pasado. Dedicó su vida al estudio del desarrollo infantil poniendo de relieve la importancia de las relaciones tempranas. Consultor de salud mental de la Organización Mundial de la Salud durante más de dos décadas, trabajó con niños sin hogar tras la Segunda Guerra Mundial asesorando acerca de los problemas que la “privación materna” provocaba.
Conclusiones de sus primeros estudios son que “consideramos esencial para la salud mental que el bebé y el niño pequeño tengan la vivencia de una relación cálida, íntima y continuada con la madre, o sustituto materno permanente, en la que ambos hallen satisfacción y goce” o “el hambre que tiene el niño pequeño del amor y la presencia de su madre es tan grande como su hambre de alimentos”. Establece la importancia de las relaciones en los primeros meses de vida, vitales y determinantes del funcionamiento de su personalidad en el futuro y la necesidad de un vínculo emocional sólido que le dé seguridad y tranquilidad. Así construye el bebé los cimientos sobre los que se desarrollará y aprenderá.
A partir de sus estudios y los realizados por otros científicos de su época, que observaron las relaciones tempranas en animales, elabora su teoría del apego en la década de los 60.

Años después, el pediatra norteamericano William Sears acuñó el término Attachment parenting, es decir, paternidad con apego, que es lo que se ha denominado en español Crianza respetuosa.
La Crianza respetuosa es un estilo de atender las necesidades del bebé, es un acompañamiento atento y amoroso.

El Dr. William Sears definió ocho puntos para ponerla en práctica:
Lazos afectivos desde el nacimiento. Es decir, fomentar el contacto piel con piel desde el momento que nace. Es el placer y la seguridad de estar juntos.
Lactancia materna. No voy a entrar en sus ventajas, que todos sabemos. Pero una madre que, si por opción o por necesidad, hace una lactancia con biberón puede crear el mismo vínculo. Es un momento de estar presente, de hablarle, de miradas… con la teta o con el biberón.
Llevar al bebé encima. En la cercanía, en el contacto, encuentran cobijo y se sienten más tranquilos. Se aconsejan portabebés o fulares. Yo añado llevarlos tomados, en brazos o apoyados en la cadera. Hace ya años escribía estas recomendaciones:
siempre que puedas, en brazos…
en brazos le contienes, se ve en el mundo seguro,
en brazos para el consuelo, para el juego y las caricias,
en brazos para miraros, para hablaros y la risa.…
en brazos para el apego.
Dormir cerca del bebé.
Atender el llanto del bebé puesto que es su lenguaje. Es la forma de decirnos que no está bien, de disconfort. No necesariamente que pasa algo grave, es que tiene hambre, necesita contacto…
Tener cuidado con las rutinas, que estén en función de las necesidades del bebé y no de la de los adultos.
Mantener el equilibrio a la hora de educar. Es decir equilibrio entre “amor y autoridad” o “cariño y normas” o “autoridad afectiva”.
Si hay dos miembros progenitores, ambos han de implicarse en la crianza, en atender sus demandas, su educación y en los valores que se le quieren transmitir.

En definitiva, una forma de criar, de educar a nuestros hijos e hijas basada en el cariño, el respeto y el diálogo.

Otra vuelta al cole con mascarilla

Empieza el curso escolar. Otro curso más transitado por la pandemia.
Vuelven a abrir las escuelas, colegios e institutos con mascarillas, geles, distancia… pero con la ventaja de la experiencia del curso anterior y la vacunación completa de los adultos y buena parte de los adolescentes. Por otro lado, en negativo, tenemos unas condiciones epidemiológicas con una incidencia superior a la deseable, que va descendiendo muy lentamente, y la variante Delta circulante de alta contagiosidad.

Llevamos ya mucho recorrido. Hemos ido adaptándonos y atrás quedan las incertidumbres y los miedos que toda la comunidad educativa tuvo que gestionar en el inicio del curso pasado.
Las medidas tomadas funcionaron, por eso mantenerlas sería lo más prudente.

Como recomienda la Asociación Española de Pediatría, desde el punto de vista preventivo, no deben suprimirse ninguna de las medidas tomadas el curso pasado. Se ha de seguir la vigilancia y monitorización estricta de las infecciones en las escuelas. Las mascarillas obligatorias en los mayores de 6 años. Ventilar, ventilar y ventilar los espacios cerrados. Continuar las medidas de limpieza e higiene adicionales. Mantener los grupos burbuja del menor número posible para disminuir la interacción generalizada y garantizar una buena trazabilidad de los casos positivos y sus contactos. Cualquier persona enferma (escolar, personal docente o no docente) no debe acudir a la escuela y si hay sospecha de estar infectada por el SARS-CoV-2 debe descartarse o confirmarse antes de su incorporación. Si lo está, deberá completar el aislamiento.
Es importante también que todo el personal que trabaja en la escuela, docente y no docente, esté vacunado frente a la COVID.

Pero la realidad con la que nos encontramos mayoritariamente en Infantil y Primaria es la vuelta a las ratios prepandemia. La dotación de profesorado de apoyo ha disminuido en las escuelas y no permite mantener las ratio del curso pasado.
La bajada de ratios no sólo era una medida “preventiva” importante por lo que supone de limitación del número de contactos, es también una mejora educativa. Y las mejoras que la pandemia ha traído a la escuela deben quedarse.
Que se lograra el curso pasado bajar ratios con refuerzos de plantilla docente o la sustitución del personal de baja laboral no dejan de ser aspectos básicos de un sistema educativo de calidad.

Hemos aprendido mucho en este tiempo de pandemia y lo aprendido se ha incorporado a nuestras vidas, a nuestros centros educativos. La mejora de los hábitos de higiene, la ventilación de los espacios o el aumento de actividades al aire libre han hecho más saludable nuestra escuela. Siempre hemos recomendado que si un niño o niña enferma no debe acudir al cole; en primer lugar porque precisará una atención que la escuela no puede darle, pero también por respeto a sus compañeros, para evitar el contagio. Ahora lo tenemos todos asumido, no podemos poner en riesgo a otros, y esto vale para todas las enfermedades infecciosas.
Incluso las entradas escalonadas, que permiten una recepción más personalizada, me parecen más saludables. Como saludable es que los niños y niñas coman en pequeños grupos, en un ambiente tranquilo y no en grandes comedores con un ambiente ruidoso y poco agradable. Los refuerzos de monitores de comedor lo hicieron posible.
Lo mismo ocurre con la mejora en la limpieza de escuelas e institutos por el aumento de personal el pasado año.

En resumen: Todas las actuaciones sanitarias y pedagógicas que mejoran la calidad de nuestro sistema educativo deben quedarse. No perdamos esta oportunidad de mejora. Es necesario exigirla a nuestras autoridades.
Dicho ésto, demos la bienvenida al nuevo curso. Iniciemos la andadura con la serenidad y la confianza del camino ya recorrido, con el compromiso, la ilusión y el optimismo que exige el hermoso oficio de educar.

Mejor, “permiso de crianza”

Hace unos días la ministra de Derechos Sociales Ione Belarra anunciaba que, dentro de la ley de diversidad familiar y apoyo a las familias en la que están trabajando, se contempla ampliar a 6 meses los permisos de maternidad y paternidad. El anteproyecto estaría listo para finales de año.

Ahora un poco de historia:
Podría remontarme a 1931, con la II República, en la que se concedía un subsidio y un periodo de descanso durante 12 semanas a las madres; pero empezaremos en 1980, año en el que se aprobó el Estatuto de los trabajadores. En él se contemplaba que “la suspensión y la reserva del puesto de trabajo será de un tiempo máximo de 14 semanas para la madre tras el parto” y para el padre “dos días de permiso en el caso de nacimiento de hijo y 4 en caso de fallecimiento”.
En 1989, se amplió este permiso de maternidad de 14 a 16 semanas. De éstas, las primeras 6 debían ser disfrutadas por la madre tras el alumbramiento; de las otras 10, cuatro podían ser disfrutadas por el padre si la madre daba el consentimiento y no coincidían con las disfrutadas por ella.

Así hasta nuestros días. ¡Han pasado 32 años!. A lo largo de estos años no se ha aumentado el número de días del permiso de maternidad a pesar del clamor social de ampliarlo a los 6 meses. Los pediatras también lo hemos reivindicado, es el tiempo aconsejado de lactancia materna exclusiva, si así lo desea y puede la madre.
No ha habido voluntad política para hacerlo.

Pero a lo largo de estos 32 años sí ha habido mejoras. ¿De qué mejoras estamos hablando?. Primero se amplió a 4 días el permiso al padre por nacimiento de hijo. En el 2007 se amplió de 4 a 13 días ininterrumpidos. En 2017 pasó de 13 a 28 días. En el 2018 de 28 a 35 días. Por último, en marzo del 2019, el Gobierno aprobó la ampliación de la duración del permiso de paternidad a 8 semanas desde el 1 de abril del 2019; a 12 semanas a partir del 1 de enero del 2020, y a 16 semanas desde el primer día del 2021. Por tanto desde enero están equiparados los permisos de maternidad y paternidad a 16 semanas. Iguales e intransferibles. Las primeras 6 semanas obligatorias y simultáneas a partir del nacimiento o la llegada del menor en el caso de adopción. Las 10 semanas restantes son opcionales y han de consumirse en el primer año de vida del menor como las familias dispongan.

¿Dónde estamos? Pues podemos resumir diciendo que tenemos un permiso de maternidad de los más cortos de Europa y uno de los permisos de paternidad más largos del mundo.
Interesante el estudio de UNICEF con las políticas de 41 países de la OCDE y la Unión Europea, publicado en junio del 2019 y que forma parte de la campaña “La primera infancia importa”. Como es sabido los países nórdicos encabezan la clasificación, pero no es tan conocido que nuestro vecino Portugal está en los 5 primeros puestos. España en permiso de maternidad es el número 27. España en permiso de paternidad estaría en el podio con medalla.

El tema es complejo, aún obviando lo laboral que aquí no toca. Un análisis somero sobrepasa la extensión del artículo, pero creo necesario hacer una serie de puntualizaciones:

  1. ¿Para qué sirven estos permisos? Para cuidar del recién nacido, cubriendo sus necesidades y que se recupere la madre, si es que ha sido la madre gestante. Responden así al derecho de los bebés a tener los cuidados de sus progenitores y al derecho de éstos a atenderle y disfrutar de la crianza en corresponsabilidad.
  2. Hemos avanzado espectacularmente en la ampliación del permiso de paternidad, que es intransferible, mientras está estancado 32 años el permiso de maternidad. Son muchas las madres que piden un permiso sin sueldo si quieren prolongar la lactancia materna hasta los 6 meses. La mirada hay que ponerla en la criatura.
  3. Hablamos de permisos que sólo disfrutarán un segmento de población, personal funcionario y trabajadores en grandes y medianas empresas.
  4. Hablamos de un tipo de familia, pareja heterosexual, pero familias hay muchas. Sobre todo habrá que tener en cuenta las de una sola progenitora o progenitor.
  5. Cada familia es un mundo, por eso deberíamos hablar de “permiso de crianza”, poniendo así al bebé en el centro. Inmediatamente tras el parto serán necesarias unas semanas “obligatorias” para que se recupere la madre y deberían ser esas mismas semanas obligatorias para ambos a la vez. A partir de ahí, el resto del tiempo de permiso debería ser gestionado por los progenitores: tomarlo al mismo tiempo, alternándose, transfiriendo de uno a otro… Sin duda, sabrán elegir la mejor opción poniendo la mirada en el bienestar de su bebé.
  6. Los primeros años de vida son decisivos en el desarrollo de niños y niñas, por tanto es vital políticas que ayuden a los progenitores en la crianza y que favorezcan la corresponsabilidad. Pero después hay que seguir estando ahí, cuidando y educando. Por tanto es necesario que vayamos más allá y de una vez por todas se acometan reformas para mejorar la conciliación entre la vida familiar y laboral de hombres y mujeres.

40 años de la ley del Divorcio. ¿Hemos aprendido a separarnos?

Publicado en el diario Información. Autoras Cecilia Martí e Isabel Rubio

En este mes de julio, hace ya 40 años, se aprobaba la ley del Divorcio. Desde entonces ha habido casi medio millón de rupturas matrimoniales en nuestra Comunidad, de las que 186.000 se produjeron en la provincia de Alicante.

Por desgracia, en muchas de las separaciones los conflictos siguen siendo la norma. Aunque la inmensa mayoría de los padres y madres quieren hacerlo bien, seguir siendo los mejores padres, afrontarlo civilizadamente, a menudo la rabia, el dolor, la tristeza o el miedo lo impiden.
En pediatría, desde luego, hemos ido constatando a lo largo de los años un aumento progresivo de consultas por problemas relacionados con los divorcios conflictivos.

El tiempo de separación es duro, es un duelo que todos los miembros de la familia han de transitar. Pero no olvidemos que el divorcio es la ruptura del vínculo de pareja, es un problema de los adultos, no de los hijos, aunque tenga una especial relevancia en la vida de éstos.

Ante los inevitables conflictos parentales es a los menores a los que hay que proteger para que el sufrimiento sea el menor posible. Hay que recorrer el tiempo de ruptura llevando a los hijos e hijas de la mano, una mano que ha de ser firme y segura. Por todo ello este recorrido exige a padres y madres madurez, respeto al otro, sacar lo mejor de cada uno y mucho diálogo. Es tiempo también para la generosidad, porque como padres seguirán juntos en la tarea de educarles; es necesario cuidar este tránsito porque quedan años por delante en los que tendrán que hablar y tomar muchas decisiones, sobre todo si los hijos son pequeños.
Es necesario hablarles a los hijos e hijas siempre con respeto del otro progenitor. Ellos y ellas aman al padre y a la madre por igual y los necesitan a los dos para crecer sanos y sentirse bien. Por eso la mayor muestra de amor que pueden dar unos padres es el agradecimiento mutuo por los hijos que han tenido y decirles: “Teneros a vosotros fue el mejor regalo que nos hicimos el uno al otro, y con nuestro amor siempre podréis contar, aunque no estemos juntos”.
También hablarles con el mismo respeto de los miembros de la otra familia. Pertenecen a las dos familias, la del padre y la de la madre y necesitan saber que pueden ir a las dos con confianza a recibir el amor de los suyos.

Si los conflictos como pareja impiden poner la mirada en los hijos y en su bienestar, es aconsejable pedir ayuda y consultar con un mediador familiar para superar esta complicada etapa y que facilite la toma de decisiones, las mejores posibles mirando su bienestar.

Transitar el camino de la separación no es fácil, pero sin duda los padres y las madres que deciden separarse siempre harán lo mejor que saben y pueden con aquellos que más aman, sus hijos e hijas.