Más allá de un mal comienzo… esperanza

¡Qué ganas teníamos de estrenar año!, ¡qué necesidad de dejar atrás el viejo 2020!, quizás con una ilusión, si queréis, infantil.
Hemos vivido un año en el que hemos aprendido mucho y cómo no, también la Navidad ha sido un tiempo de aprendizaje. Nos obligó a plantearnos qué era lo esencial en esos días para actuar de modo coherente. Pero la realidad de estas últimas semanas no habla precisamente de toda la coherencia ni de la responsabilidad que hubiera sido necesaria. A todos los niveles. Porque si en Navidad “quizás nos reunimos y lo pasamos mejor de lo que debíamos haberlo pasado” en palabras de Fernando Simón, también es cierto que como le respondía Antonio Ortuño el pasado martes en este diario “miles y miles de abuelos tuvieron que cenar solos en Nochebuena”, “miles y miles de padres y madres prohibieron la salida de sus hijos e hijas adolescentes para celebrar la llegada del año nuevo” y “millones de españoles estaban y están siguiendo a rajatabla las recomendaciones”. Que el chivo expiatorio, que la culpa, es de la “gente”no es admisible, porque por encima de la responsabilidad individual, que sí, que también, está la responsabilidad de las instituciones que deben velar por el bien de todos.

Hemos empezado el año y seguimos inmersos en una realidad asfixiante que va a durar semanas, que van a ser las más duras, que vuelve a exigirnos a todos sacar nuestras fortalezas y ser solidarios; que exige a los profesionales sanitarios un sobreesfuerzo más, que raya en lo titánico porque el cansancio acumulado es ya muy grande, y exige a los dirigentes altura de miras y ejercer la política tomando las decisiones que son necesarias para protegernos, para salvar vidas, sin la vacilación de la que han hecho gala hasta ahora, escuchando a los profesionales, no sólo a los sanitarios que hemos clamado en el desierto desde el inicio de la pandemia, también por ejemplo, a los que aportan sus modelos matemáticos que predicen lo esperado en un futuro próximo y permiten tomar medidas.

Sé que es difícil viendo el panorama actual, las cifras abrumadoras, el ascenso vertiginoso de las gráficas y el colapso sanitario, ser capaces de mirar más allá de esta realidad, pero tenemos que hacerlo por salud mental.
Sí, es un mal inicio, pero 2021 es un año de esperanza, lo necesitamos porque van pesando estos once meses de pandemia y la esperanza nos hace mirar al frente con optimismo, nos da energía. La esperanza no es una ilusión fantástica, irreal, la esperanza nos alienta porque sabe que es alcanzable lo que se desea, lo que se quiere.

Y tenemos muchos deseos. Os puedo decir algunos de los míos. Para empezar, que la salud nos acompañe y se contagie. Como deseo que se contagie la responsabilidad, la prudencia y la solidaridad.
Quiero paciencia para transitar estos primeros meses aún oscuros y un “barredor de tristeza”, que cantaba Silvio Rodríguez.
Quiero pasar tiempo con los que más quiero, disfrutar de la alegría de estar juntos, de cada encuentro. Porque, como decía el filósofo Higinio Marín en las páginas de este diario, “es la compañía de los que amamos lo que multiplica el tiempo de nuestra vida”. Y ya voy teniendo una edad.
Quiero abrazos largos, cálidos, tiernos, apretados… ¡muchos abrazos! por todos los que no nos hemos dado.
Quiero sonrisas visibles, besos, muchos besos. Quiero risas.
Quiero ilusión, alegría y optimismo.

Que este 2021, que viene cargado de esperanza, la reparta a manos llenas.

7 respuestas a «Más allá de un mal comienzo… esperanza»

  1. Querida Isa, que sabiduría destilan tus palabras.
    No puedo estar más de acuerdo contigo y además: seré una de las que te de esos abrazos, sonrisas, risas y besos!
    Un abrazo virtual por ahora y gracias por hablar de Esperanza

  2. Yo añado un deseo: poder expresar mis ideas y sentimientos la mitad de bien que lo haces tú

  3. Cierto,….2021 esperanzador, vamos a despertar de este mal sueño……mientras tanto, ayuda que no dejes de escribir. Gracias Isabel.

  4. Bonitas palabras que alientan y dan fuerza para ir a por este 2021.Gracias por estas lecciones de verdades y esperanzas. Gracias Isabel!!

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