Crianza respetuosa

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El pasado 2 de septiembre se celebraba el Día Internacional de la Crianza Respetuosa. Como todos los “Días de…” el objetivo es poner el foco de atención en un tema, ya sea para reivindicar, dar visibilidad, concienciar… en este caso ponemos la mirada en la importancia de una crianza basada en los estudios que John Bowlby desarrolló como “teoría del apego” y desde entonces ampliamente avalada.

Precisamente se escogió el 2 de septiembre por ser la fecha del fallecimiento de John Bowlby, psicólogo y psiquiatra inglés del siglo pasado. Dedicó su vida al estudio del desarrollo infantil poniendo de relieve la importancia de las relaciones tempranas. Consultor de salud mental de la Organización Mundial de la Salud durante más de dos décadas, trabajó con niños sin hogar tras la Segunda Guerra Mundial asesorando acerca de los problemas que la “privación materna” provocaba.
Conclusiones de sus primeros estudios son que “consideramos esencial para la salud mental que el bebé y el niño pequeño tengan la vivencia de una relación cálida, íntima y continuada con la madre, o sustituto materno permanente, en la que ambos hallen satisfacción y goce” o “el hambre que tiene el niño pequeño del amor y la presencia de su madre es tan grande como su hambre de alimentos”. Establece la importancia de las relaciones en los primeros meses de vida, vitales y determinantes del funcionamiento de su personalidad en el futuro y la necesidad de un vínculo emocional sólido que le dé seguridad y tranquilidad. Así construye el bebé los cimientos sobre los que se desarrollará y aprenderá.
A partir de sus estudios y los realizados por otros científicos de su época, que observaron las relaciones tempranas en animales, elabora su teoría del apego en la década de los 60.

Años después, el pediatra norteamericano William Sears acuñó el término Attachment parenting, es decir, paternidad con apego, que es lo que se ha denominado en español Crianza respetuosa.
La Crianza respetuosa es un estilo de atender las necesidades del bebé, es un acompañamiento atento y amoroso.

El Dr. William Sears definió ocho puntos para ponerla en práctica:
Lazos afectivos desde el nacimiento. Es decir, fomentar el contacto piel con piel desde el momento que nace. Es el placer y la seguridad de estar juntos.
Lactancia materna. No voy a entrar en sus ventajas, que todos sabemos. Pero una madre que, si por opción o por necesidad, hace una lactancia con biberón puede crear el mismo vínculo. Es un momento de estar presente, de hablarle, de miradas… con la teta o con el biberón.
Llevar al bebé encima. En la cercanía, en el contacto, encuentran cobijo y se sienten más tranquilos. Se aconsejan portabebés o fulares. Yo añado llevarlos tomados, en brazos o apoyados en la cadera. Hace ya años escribía estas recomendaciones:
siempre que puedas, en brazos…
en brazos le contienes, se ve en el mundo seguro,
en brazos para el consuelo, para el juego y las caricias,
en brazos para miraros, para hablaros y la risa.…
en brazos para el apego.
Dormir cerca del bebé.
Atender el llanto del bebé puesto que es su lenguaje. Es la forma de decirnos que no está bien, de disconfort. No necesariamente que pasa algo grave, es que tiene hambre, necesita contacto…
Tener cuidado con las rutinas, que estén en función de las necesidades del bebé y no de la de los adultos.
Mantener el equilibrio a la hora de educar. Es decir equilibrio entre “amor y autoridad” o “cariño y normas” o “autoridad afectiva”.
Si hay dos miembros progenitores, ambos han de implicarse en la crianza, en atender sus demandas, su educación y en los valores que se le quieren transmitir.

En definitiva, una forma de criar, de educar a nuestros hijos e hijas basada en el cariño, el respeto y el diálogo.

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