¿Debo vacunar a mi hij@ contra la gripe?

Empieza la campaña de vacunación antigripal y , como todos lo años, se repite la pregunta: ¿Debo vacunar a mi hij@ de la gripe?. Para responder a la pregunta el Dr. José A. Arjona Sevilla, MIR de Medicina Familiar y Comunitaria del HGU de Elche que está haciendo la rotación de pediatría conmigo contesta a la pregunta en este artículo que hoy se publica en el suplemento de Salud del periódico Información. ¡Gracias Jose!:

Ya estamos en otoño, la antesala de los meses más fríos del año, y con ellos vuelven a la carga enfermedades propias de dicha estación, que harán que los padres de nuestra sociedad se hagan la pregunta de todos los años: ¿Debo vacunar a mi hij@ contra la gripe? Muchos serán los que se acerquen a sus pediatras y médicos de confianza, haciéndoles la pregunta que planteamos. Cada año se hacen públicas las claras indicaciones para llevar a cabo dicha práctica preventiva, siendo las estimaciones poco alentadoras para alcanzar los objetivos planteados.

En primer lugar encontramos la necesidad de vacunar a grupos de riesgo, entre los que se encuentran niños a partir de 6 meses y adolescentes que presentan patología de base (inmunodeprimidos, enfermedad oncológica, diabéticos, enfermedad cardiovascular grave, enfermedad respiratoria crónica, entre otras). Según las estadísticas, sólo se consigue llevar a cabo la vacunación en el 20-40% de dichos casos, registrándose el porcentaje de menor valor sorprendentemente en aquellos con enfermedades respiratorias crónicas.

A continuación, y no menos importante, nos encontramos a adultos en contacto con niños y adolescentes que pertenecen a dichos grupos de riesgo. Esta medida adquiere especial importancia en la vacunación del entorno familiar de niños menores de 6 meses con factores de riesgo asociados, que no han sido nombrados en el apartado anterior, ya que éstos no pueden recibir la vacuna antigripal correspondiente, siendo necesaria su protección indirecta vacunando a la gente que les rodea: familiares, trabajadores sanitarios, sector educativo, etc. Además, se recomienda la vacunación no sólo de los adultos, sino también de aquellos niños sanos a partir de los 6 meses de edad y adolescentes sanos que convivan con estos pacientes de riesgo. Con esta serie de medidas proporcionamos además de una protección individual, una protección familiar y comunitaria indirectas. Como dato preocupante, destacar que menos del 10% de los convivientes con pacientes de riesgo llevan a cabo la vacunación.

Para finalizar, aunque este último apartado no atañe directamente a la pregunta titulada, aprovecho la ocasión para incidir en la necesidad de la vacunación antigripal de todos los profesionales sanitarios. Entre este colectivo bien se hace honor al dicho popular “en casa del herrero, cuchara de palo”, quizá debido a la falta de concienciación de una parte de estos profesionales, que se encuentran a diario en estrecho contacto con los casos planteados anteriormente, y que no ven más allá de la protección individual que les puede brindar la vacunación. Debemos recordar que nuestra labor no sólo debe centrarse en la acción individual de cada persona, sino encaminar nuestra actividad en la mayor medida de lo posible a una intervención comunitaria, siendo parte importante de ésta la consecución de dicha medida preventiva.

Como todos los años, nos encontramos lejos de uno de los grandes objetivos de la Salud Pública, algo que a día de hoy se presenta como una utopía, la “vacunación universal”. Como todos los años, de todos y cada uno de nosotros depende que la ficción pueda hacerse realidad.

Las primeras semanas de cole

Acabamos de iniciar un nuevo curso escolar, para muchos es su salida al mundo: los que acuden por primera vez a la guardería, a la escuela infantil o se incorporan directamente a la escuela a los 3 o 4 años. Otros también “sufren” la novedad de un cambio de colegio o la incorporación al instituto. Todos ellos viven unos días, o mejor, unas semanas de adaptación a la nueva situación que se traduce en lloros en los más pequeños, problemas con el sueño, a veces están rabiosos, o ansiedad, malhumor… son problemas en el rango de normalidad… a veces somatización con dolor abdominal, vómitos matutinos, cefalea u otros síntomas que traducen el malestar que vive, el miedo al cambio, a un ambiente nuevo, en los más mayores miedo también a las nuevas relaciones, a crear nuevos amigos, miedo a no ser aceptados. Evidentemente el periodo de adaptación lo llevarán mejor o peor dependiendo de la personalidad del niño.

Hay que facilitar la adaptación, en los más pequeños y sobre todo si es vuestro primer hijo, dejaros asesorar por los profesionales de la escuela infantil, confiad en ellos, suelen hacer una incorporación escalonada que os ayudará a vosotros (no olvidéis que la adaptación es un proceso que también vais a vivir) y a vuestro hijo. Os darán pautas para la despedida (que sea corta, no a escondidas, diciéndole la verdad, que os vea alegres) y cuando vayáis a recogerle que sea sin prisas, al menos los primeros días, hablad con su educador, que observe que hay buena sintonía entre vosotros, etc..

En los más mayores un cambio de cole o un paso al instituto, sobre todo si no va en grupo, va a suponer un abanico de posibilidades dependiendo de cómo es vuestro hijo, de las habilidades sociales que tenga, de cómo es la familia…desde que sea muy fácil hasta el rechazo abierto a ir al cole, somatizaciones o una auténtica fobia escolar.

Pero hablemos de preparativos y repasemos una serie de temas:

  • ¡Al cole siempre desayunados!. Estas primeras semanas con el cambio de horario y después de la relajación del verano puede ser más difícil levantarlos con tiempo para hacer una desayuno “de mesa y mantel”, pero progresivamente lo haremos. Para media mañana procurad mandar fruta.
  • Las mochilas deben llevar lo imprescindible, lo más pesado al fondo y correctamente colocadas, utilizando siempre las dos cintas para los hombros, que deben ir bien sujetas.
  • Seguridad en el traslado a la escuela y regreso a casa: Si va andando al cole, repasad los puntos conflictivos si va sin un adulto que le acompañe. Si va en bici, recordad las normas de circulación y debe usar casco y si va a ir en coche o autobús debe utilizar dispositivo de seguridad apropiado para la edad y estatura.
  • En cuanto a las actividades extraescolares, creo que no deben ser excesivas (no más de 2 o 3 días a la semana) y sobre todo no deben convertirse en obligaciones con un nivel de exigencia igual o mayor que el de la escuela. Aconsejo mejor deportes de equipo y no deben convertirse en actividades de competición donde el que no lo hace bien quede excluido. Debe haber tiempo para llegar a casa y organizar sus tareas, hablar y estar juntos.

 

¿Cómo educar las emociones en los niños?

Ayer se publicaba en el suplemento de Salud del periódico Información, con el que sabéis colaboro, el siguiente artículo:

Inicio este artículo conmovida por el trágico accidente de tren en Santiago, muertes y sufrimiento inesperados; de corazón les acompaño en su sentimiento de dolor.

Leo con avidez cualquier información que cae en mis manos acerca del mundo emocional de los niños, creo que, en general, tenemos poca formación en este campo, me atrevo a decir que somos un poco “analfabetos emocionales”.

En los lactantes la expresión de las emociones es directa: se ríen, se enfadan o lloran en función de lo que sienten o imitando a los adultos que tienen a su alrededor. Pero la expresión directa se va a ir modificando a lo largo de los años según sea la interacción con las figuras más cercanas, papá y mamá.
Como siempre los padres somos el modelo, debemos ser conscientes de lo que sentimos y así saber leer lo que sienten nuestros hijos, respetarlos, permitirles sentir lo que sienten y acompañarles en la expresión de sus emociones. Y la razón es sencilla: porque ésto es saludable.

Últimamente he encontrado un libro y unos cuentos sobre el tema de las emociones que me han gustado:

El libro EmocionArte con los niños. El arte de acompañar a los niños en su emoción de Macarena Chías y José Zurita, que me ha encantado. El lenguaje es claro, fácil de leer, dirigido a padres y profesionales que trabajamos con niños, y el recorrido extenso: empezando por hablar del apego… después va desmenuzando emociones: alegría, tristeza, amor, rabia, miedo… para terminar hablando del duelo.

Y los cuentos son una colección publicada en colaboración con el Observatorio FAROS, plataforma de promoción de la salud y el bienestar infantil del Hospital Sant Joan de Déu, un referente en pediatría, quien ha orientado y revisado esta colección, por lo que supone todo un aval. También, hace ya un año y en colaboración con la Fundación Eduard Punset, publicaban el informe “¿Cómo educar las emociones? La inteligencia emocional en la infancia y la adolescencia” en el que participaron expertos de todo el mundo y que se puede descargar de la web de FAROS.
Esta colección de cuentos va dirigida a niños y niñas de 2 a 7 años y mediante las vivencias de unos personajes “animan al niño a reconocer, entender, expresar y gestionar positivamente las emociones” pues van intercalando preguntas directas que le harán reflexionar mientras van leyendo el cuento, podrán hablar de lo que sienten porque se verán reflejados en sus personajes. Al final de cada historia, y dirigida a familiares y educadores, hay una guía que explica la emoción básica tratada en el cuento, consejos y orientaciones para trabajar con el niño. Los dos primeros títulos publicados, “Una tormenta…de miedo” y “¡Qué rabia de juego!”, nos hablan de estas dos emociones: el miedo y la rabia.

No nos viene mal este aprendizaje sobre el mundo emocional de los niños, enseñarles a nombrar lo que sienten, acompañarles en su sentir y facilitar la expresión sana de sus emociones y ahora que tenemos más tiempo para disfrutar de estar juntos es un buen momento.

Consejos para el verano

El balandrito

Ampliando la información que daba días pasados en «Disfruta del agua, evita los riesgos», aquí tenéis un resumen de los consejos, porque, como siempre, la prevención es lo más importante:

  • Elige siempre lugares seguros para bañarte y si es posible vigilados por socorristas.
  • Respeta siempre las banderas de señalización: verde: baño sin peligro; amarilla: baño peligroso, bañarse solo hasta la cintura y con precaución y roja: prohibición de baño.
  • Aunque sepas nadar, antes de entrar en el agua, avisa siempre a tu padre o a tu madre para que te vigilen.
  • Cuando  vayas a bañarte mejor acompañado.
  • Si no sabes nadar, usa un chaleco salvavidas siempre que estés en el agua o jugando cerca de ella, y aunque sepas nadar úsalo siempre que subas a una barca o practiques algún deporte acuático.
  • Si te vas a tirar de cabeza debes de conocer antes la profundidad, ya que si la zona es poco profunda podrías producirte una lesión grave en la cabeza o en la espalda.
  • Si has hecho una comida abundante espera un par de horas para meterte en el agua.
  • Por último te recuerdo que debes protegerte del sol, sobre todo en las horas centrales del día y usar gorra, ropa y cremas protectoras que aplicarás antes de la exposición y renovarás periódicamente.

Y especialmente dirigido a padres y madres:

  • Los ahogamientos se producen de forma rápida y silenciosa, por eso es importante no perder de vista a los pequeños ni un minuto. La mayoría de los casos se producen en el entorno familiar, piscinas hinchables o piscinas privadas. Hay que vigilarlos en todo momento cuando estén en el agua o jugando cerca de ella. No delegues esta responsabilidad en un niño más mayor.
  • Recuerda también que aunque acudas a playas o piscinas con socorristas, la misión de éstos es el rescate cuando sea necesario, pero la vigilancia de los menores es una responsabilidad del adulto que les acompaña.
  • Enseña a tus hijos a respetar las normas de seguridad en piscinas, parques acuáticos y aguas abiertas (ríos, lagos, pantanos y playas).
  • Si tienes una piscina privada, la mejor medida de seguridad es que tenga un cercado completo, alto y con una puerta con seguro .
  • Vacía la bañera o la piscina hinchable inmediatamente después de usarla.
  • Los flotadores hinchables y manguitos no son aconsejables, ponles chaleco salvavidas.
  • Es muy importante enseñar a nadar a los niños lo antes posible.
  • Por último os animo a aprender primeros auxilios y maniobras de reanimación.

Recordad que el teléfono de emergencias es el 112.

Decálogo de la alimentación

En el marco del 62 Congreso de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y con el objetivo de promover una alimentación saludable entre la población infantil, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) ha presentado el Decálogo de la Alimentación, un documento divulgativo dirigido a padres, tutores y guarderías con varias pautas de cara a enseñar a los niños a comer desde pequeños.

En entradas anteriores os hablaba que debíamos desterrar ya la imagen de la pirámide alimentaria y «pasarnos» al icono del plato (difundido por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard) porque refleja de forma más sencilla y rigurosa lo que se considera en la actualidad una alimentación sana; incluso me atreví a hacer una versión propia del plato de Harvard , pero a pesar de esto reconozco que es un buen decálogo.

Disfruta del agua, evita los riesgos

Esta semana volvía a ser noticia la muerte de un niño por ahogamiento en una piscina hinchable con apenas dos palmos de agua. Hoy abro el periódico y ya son tres más. Todos los veranos lo mismo.

Según el Ministerio de Sanidad en el 2011 fallecieron en España 473 personas ( 373 hombres y 100 mujeres) a consecuencia de una lesión grave ocurrida en un entorno acuático. En el caso de los niños más pequeños, ocurren con mayor frecuencia en piscinas.

Por eso debemos insistir en las recomendaciones para prevenir ahogamientos y otras lesiones graves relacionadas con el baño. Este año el Ministerio de Sanidad ha editado una guía en forma de comic con el mismo lema que años anteriores: “Disfruta del agua y evita los riesgos”  que os aconsejo leer en familia.

Está dirigida a niñ@s  y adultos. Su objetivo es advertir de los riesgos de sufrir lesiones en los distintos entornos acuáticos y recomendar las conductas de seguridad que se deben adoptar para evitarlos.