Frutas y verduras en nuestra alimentación:

Escrito por Isabel Rubio el 30 marzo 2012 dentro de Educación para la Salud: La Adolescencia, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, General | Lea el primer comentario

Creo que a estas alturas nadie discute los beneficios de una dieta rica en verduras y frutas: desde su efecto sobre la tensión arterial o la reducción del riesgo de enfermedades cardíacas y probablemente de algunos cánceres, la protección frente a la diverticulitis y frente a problemas oculares como las cataratas y la degeneración macular y también un efecto modulador sobre el azúcar en sangre que ayuda a mantener el apetito bajo control.
Por todo ello intentemos llenar la mitad de nuestro plato con verduras en cada comida (más verduras que frutas como vemos en la imagen) y elegir verduras y frutas variadas y de distintos colores: verde oscuro, amarillo, naranja, rojo… y añado: frutas de temporada y, a ser posible, de cultivos de nuestra zona, cercanos.

Si estamos hablando de abundancia de verduras y frutas seguro que es más de lo que la mayoría de nosotros, y de nuestros niños, tomamos. Por ej. para una persona que lleve una dieta de 2000 calorías para mantener su peso, precisaría unas 4 tazas al día de frutas o verduras; en el caso de lechuga u otras verduras de ensalada 2 tazas equivalen a una de verdura cocida o de fruta. Las patatas no cuentan como vegetal y deben utilizarse con moderación ya que son principalmente almidón y se comportan aumentando con rapidez los niveles de azúcar en sangre al igual que lo hacen el pan blanco y los dulces.
Por último limitar el zumo a un vaso al día, ya que es tan alto en azúcar como un refresco azucarado. Y limitar al máximo las bebidas azucaradas, ya que aportan muchas calorías y prácticamente no hay otros nutrientes.

Las proteínas en nuestra alimentación

Escrito por Isabel Rubio el 27 marzo 2012 dentro de Educación para la Salud: La Adolescencia, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, General | Sea el primero en Comentar este post

Siguiendo este repaso a nuestra alimentación a la luz que nos proporciona la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, nuestra cultura mediterránea y el sentido común, es aconsejable que nuestro plato se asemeje a la distribución de la imagen:
Hemos hablado de las grasas, que se distribuyen en muchos de los alimentos, y de los aceites en particular.

Hoy, para esta cuarta parte de nuestro plato elegiremos una fuente saludable de proteínas: pescado, pollo o aves de corral, huevos, legumbres, nueces y otros frutos secos…limitando la carne roja, cerdo o cordero y evitando carnes procesadas como las salchichas, tocino, embutidos, etc.

Proteína animal y proteína vegetal probablemente tengan los mismos efectos sobre la salud, pero es diferente lo que acompaña a la proteína, y me explico: entre comer la misma cantidad de salmón que de bistec, optar por el salmón será más saludable pues, aportando prácticamente la misma cantidad de proteína, el salmón aporta menos grasa total y menos grasa saturada; y no digamos nada si comparamos la carne con las lentejas, que aportan proteínas y apenas grasa.
Y siguiendo con la importancia que tiene las grasas que acompañan a la proteína habría que hablar de las grasas omega-3, que tanta publicidad tienen. ¿Qué son las grasas omega-3?: son grasas esenciales, es decir, el cuerpo no puede fabricarlas a partir de otras grasas por lo que debemos obtenerlas de los alimentos. Forman parte de nuestras células y son necesarias en multitud de funciones que tienen que ver con la protección cardiovascular entre otras. Dada la importancia y los beneficios de los ácidos grasos omega-3, es importante comer pescado o mariscos (ricos en omega-3) una a dos veces por semana, especialmente los pescados grasos (de carne oscura como el salmón y el atún). Otras fuentes de omega-3 son los frutos secos (especialmente las nueces) o las hortalizas de hoja.

En cuanto al controvertido tema de…¿cuántos huevos a la semana?, la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard dice que para la mayoría de la gente un huevo al día está bien y, por ejemplo, los diabéticos deben limitar el consumo de yemas de huevo a 3 a la semana, pero no limitan el consumo de claras.

El TBO de la espalda

Escrito por Isabel Rubio el 21 marzo 2012 dentro de Educación para la Salud: La Adolescencia, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, Enfermedades de la Infancia, General | Lea el primer comentario

También en pediatría es una consulta frecuente el dolor de espalda. Hoy he quedado en informar desde aquí sobre el tema y empezaré por el TBO de la espalda, publicación de la Generalitat Valenciana, con el que enlazo.

También puede ser de interés:
  Prevalencia del dolor de espalda en los escolares

El dolor de espalda en los niños

Cómo prevenir el dolor de espalda en los niños

Las grasas en nuestra alimentación

Escrito por Isabel Rubio el 13 marzo 2012 dentro de Educación para la Salud: La Adolescencia, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, General | 2 Comentarios escritos

El pasado 7 de febrero os hablaba en la entrada titulada “De la pirámide al plato” de la nueva imagen que en el tema de alimentación se impone y os mostraba la que aparece en la web de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvardhealthy-eating-plate

Pues bien, he hecho una adaptación (el dibujo que encabeza esta entrada) y hoy voy a hablaros de “Las grasas”.

Durante unos años las grasas en la dieta estaban “mal vistas”, sin embargo los conocimientos científicos en los últimos años avalan que lo realmente importante es el total de calorías de nuestra dieta y el tipo de grasa que comemos y no tanto el porcentaje de calorías en forma de grasa que ingerimos. Por tanto queda claro que las grasas forman parte de una alimentación sana.
En los países pobres las grasas son sólo un 10% de la energía que sus habitantes ingieren, mientras que en los países ricos hasta el 40-45 % de las necesidades energéticas las proporcionan las materias grasas.

Lo que nos interesa de las grasas es saber si son de las que aumentan las lipoproteínas LDL (“colesterol malo”) o de las que aumentan las HDL (“colesterol bueno”). Antes las clasificábamos en saturadas (malas) e insaturadas (se suponían que todas buenas). Pero ahora las insaturadas se clasifican en malas (tipo “trans”) porque aumentan las LDL y disminuyen el HDL y buenas (tipo “cis”).
Hay consenso científico unánime en que las grasas tipo “trans”, también llamadas hidrogenadas, provocan aterosclerosis. También hay consenso en que para la mayoría de la gente la cantidad de colesterol ingerido tiene poca repercusión en sus niveles de colesterol, sólo un pequeño porcentaje de población son “respondedores” y sus niveles de colesterol en sangre varían según el colesterol que toman en su dieta.

Continuará.

De la pirámide de alimentos al plato

Escrito por Isabel Rubio el 7 febrero 2012 dentro de Educación para la Salud: La Adolescencia, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, General | 2 Comentarios escritos

Y volviendo al principio, en el 2005 el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) lanza una nueva pirámide: My Pyramid, que permite confeccionar tu propia pirámide haciendo las franjas más o menos grandes según los alimentos que debas tomar e incluye 30-60 minutos de ejercicio. Este nuevo icono en forma de arco iris enfatiza en variar los alimentos. Pero la imagen que irrumpe, sustituyendo a la pirámide, es la siguiente: Esta es la que actualmente aparece en la web de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. También la nueva imagen que aparece en la web de la USDA es ésta: Sólo varía en el “porcentaje” que se da entre cereales y proteínas, la de USDA barre para casa y es mayor la proporción de cereales. Parece pues que se impone esta nueva imagen. Pero en cualquier caso seguimos con pirámides o “platos” de adultos que extrapolamos a niños y adolescentes. Y podemos plantear otro problema: el de las raciones, ¿cómo las medimos?. Continuará.

Lo imperfecto es perfecto, a veces

Escrito por admin el 1 febrero 2012 dentro de Educación para la Salud: La Adolescencia, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, General, Hijos | Lea el primer comentario

Vaya por delante que soy amante de las cosas bien hechas y que disculpo los errores pero no la incompetencia, y menos cuando esta se convierte en un mal colectivo que desmerece y arruina un país. La imperfección a la que yo me refiero es otra. Es la de las cosas que todavía están lejos del ideal, la de aquello que está bien pero no termina de convencer, la de lo que no es como querríamos que fuera y no depende de nosotros que llegue a serlo.
La realidad, el mundo y las personas estamos llenas de pequeñas y grandes imperfecciones, que no siempre podemos cambiar. Lo que no hacemos suficientemente bien; aquel amigo que nos sale por peteneras; aquel maestro que es antipedagógico, aquellas palabras que deberíamos haber dicho o que nos deberíamos haber guardado; aquel acto que ha estado mal organizado… Si nos obsesionamos y nos dedicamos a combatirlo, tenemos muchos números para vivir permanentemente insatisfechos. Si consideramos que lo imperfecto forma parte de la vida y lo asumimos con naturalidad, vivimos más relajados nosotros y los que nos rodean.

Es cuestión de límites.
Esta es una de aquellas cuestiones en que de la teoría a la práctica hay un abismo. Podemos suscribir el planteamiento, pero a la hora de la verdad ser padres extremadamente perfeccionistas y exigentes con nuestros hijos, a quienes sometemos a un marcaje agobiante y de quienes minimizamos los aciertos y magnificamos los desaciertos. Nos desesperamos cuando las cosas no se ajustan a nuestros esquemas o actuamos como si se acabase el mundo cuando les toca un maestro antipedagógico.
Lo imperfecto tiene que ver con nuestros límites y con la aceptación de la realidad como es. Aprender a convivir con ello es una cura de humildad y un signo de sabiduría. Dice un escritor de éxito que no existe nada completamente errado en el mucho. Hasta un reloj estropeado, acierta dos veces al día.

Eva Bach, escritora y pedagoga, aporta reflexiones sobre la comunicación entre padres e hijos a partir de una frase que nos ayuda a educar.



El artículo original está escrito en catalán y lo ha traducido Cristina Sanz.