Estoy enfadada, pero te quiero igual

Escrito por admin el 18 mayo 2011 dentro de Educación en Valores, Educación para la Salud: La Adolescencia, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, Familia, General, Hijos | 2 Comentarios escritos

Los padres y madres se supone que somos personas adultas y como tales nos deberíamos caracterizar por nuestra capacidad de conjugar sentimientos ambivalentes o contrapuestos, como por ejemplo el enfado y el amor.
Cuando nuestros hijos hacen alguna cosa que desaprobamos, cuando nos tratan de mala manera o nos dicen algún insulto, tenemos todo el derecho a enfadarnos y expresar nuestro disgusto. No sólo tenemos derecho, si no que incluso es recomendable hacerlo. Pero conviene que aprendamos a hacerlo sin dramas, con un toque sereno y manteniendo siempre intacto el amor.
Sería síntoma de una simplicidad y de una inmadurez impropia de un adulto, dar a entender a nuestros hijos que nuestro amor está supeditado a su conducta y que estar enfadados es incompatible con el hecho de amar. Expresiones como “Estoy muy enfadada contigo y no te quiero” o “Si haces eso no te querré”, instauran las bases del chantaje emocional, la dependencia y la sumisión del otro, y puede tener futuras repercusiones negativas en su manera de relacionarse.
Nuestro amor ha de ser sólido, incondicional y gratuito. Debe de estar a prueba de sus conductas, de sus aciertos y desaciertos, y sobre todo de los vaivenes emocionales que todo esto nos genere. Los hemos de querer por quiénes son y por cómo son, y no por lo que hacen o dejan de hacer.
En lugar de convertir nuestro amor en moneda de cambio, es preferible enseñarlos a enfadarse bien, sin explosiones malsanas, sin dramas, represalias ni revanchas, y convertirnos a la vez en un buen referente del hecho que es posible enfadarse si hacer sangre y sin dañar los vínculos afectivos. Esto nos hará fiables a sus ojos y les proporcionará un sentimiento de seguridad imprescindible para crecer emocionalmente sanos.

Eva Bach, escritora y pedagoga, aporta reflexiones sobre la comunicación entre padres e hijos a partir de una frase que nos ayuda a educar
El artículo original está escrito en catalán y lo ha traducido Cristina Sanz

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Ser capaz de decir “Sí, mamá”; una conquista

Escrito por admin el 26 enero 2011 dentro de Educación en Valores, Familia, General, Hijos | Lea el primer comentario

Con las criaturas no hace falta que nos esforcemos mucho para enseñarles a decir “no”. Normalmente lo aprenden solitos y muy pronto. Alrededor de los dos o tres años la mayoría ya lo saben decir con una cierta rotundidad y cuando llegan a la adolescencia alcanzan un dominio del “no“ francamente extraordinario.

Enseñar a decir “Sí, mamá” resulta un poco más difícil y a medida que van creciendo, la cosa más bien se complica en lugar de arreglarse.
No hemos de pretender, ni mucho menos, que las criaturas digan siempre “Sí, mamá” (o “sí, papá”, que en este caso es lo mismo). Aprender a decir “no” es importante. Una criatura necesita saber decir “no” para adquirir un sentido de sí misma, formarse un criterio propio y ser menos manipulable a manos de otros. Pero también necesita saber decir “sí”. El “sí “ es igualmente importante y necesario. Nos abre al otro, al intercambio, al aprendizaje, a la aceptación de lo que es como es…
Hay un “sí, mamá” interno, profundo, que viene a ser un sí a la vida y a la propia madre, y una serie de síes más simples y cotidianos que facilitan la convivencia y de paso abonan el camino hacia el primer sí más completo. Me refiero al “Sí, mamá, ahora lo hago”, cuando apelamos a algún deber pendiente, al “Sí, mamá, tienes razón”, cuando les señalamos alguna equivocación, o cualquier otro sí de este estilo.
Me hago cargo que algunos de estos síes pueden parecer misión imposible en determinados momentos, pero aunque así sea, conviene que hagamos notar a las criaturas igualmente su importancia. Lo podemos hacer reconociendo abiertamente delante de ellos que decir “Sí, mamá” resulta difícil en determinadas edades, pero que a veces es más efectivo que discutir tres horas, y que el día que sean capaces de decirlo de verdad será toda una conquista, de la cual seguramente se sentirán muy satisfechos.

Su autora, Eva Bach, escritora y pedagoga, aporta reflexiones sobre la comunicación entre padres e hijos a partir de una frase que nos ayuda a educar.

El artículo original está escrito en catalán y lo ha traducido Cristina Sanz

Las necesidades infantiles

Escrito por Isabel Rubio el 13 noviembre 2010 dentro de Educación en Valores, Educación para la Salud: El Lactante, Educación para la Salud: El recién nacido, Educación para la Salud: La Adolescencia, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, Familia, General, Hijos | Lea el primer comentario

Hoy, en el Suplemento de Medicina y Salud del diario Información, publican mi artículo Necesidades Infantiles.

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Las necesidades infantiles

Escrito por Isabel Rubio el 21 octubre 2010 dentro de Educación en Valores, Educación para la Salud: El Lactante, Educación para la Salud: El recién nacido, Educación para la Salud: La Adolescencia, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, General, Hijos | Lea el primer comentario

Quisiera hacer un repaso de las NECESIDADES INFANTILES, una guía lo más sencilla y pedagógica:
Como seres vivos tenemos unas necesidades físicas, biológicas, que son básicas: recibir comida en cantidad y calidad suficientes, descanso, estar protegido de los peligros que pueden amenazar nuestra integridad, cobijo… todo esto es evidente, por eso, como leía hace unos días en “Los buenos tratos a la infancia” de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, un libro que os recomendaba días pasados, “el mundo adulto debería asumir la vergüenza de no haber podido garantizar a millones de niños en el mundo el mínimo necesario para garantizar este derecho a la vida”.

Pero sigamos con las necesidades infantiles: el niño tiene también unas necesidades asociadas al desarrollo psicosocial, es decir, necesidades afectivas, cognitivas, sociales y éticas. Veamos más despacio en qué consisten:
El niño tiene necesidad de lazos afectivos estables, incondicionales y continuos, así se vincula a sus padres, a su familia; el niño siente la vinculación como amor y felicidad, y desarrolla así un sentimiento de pertenencia: sabe que pertenece. Estos lazos afectivos estables suponen también cubrir la necesidad de estructura que tiene el niño desde que nace: estabilidad de personas que le cuidan, de espacios, horarios, de saciarle cuando tiene hambre o sed, facilitarle el sueño… más adelante necesidad de límites, de normas, de hábitos, porque el niño necesita saber qué va a pasar después, esto le genera seguridad y confianza. El niño necesita ser aceptado, debe recibir gestos y palabras que creen a su alrededor un verdadero espacio afectivo de aceptación, necesita ser importante para sus padres creándose vínculos de lealtad entre padres y niño.
El niño tiene necesidad de estímulo, más bien hambre de estímulos al igual que tiene hambre de alimentos. La mente humana para desarrollarse necesita estímulos sensoriales y le deben llegar de las personas de su entorno y así forma su propia estructura psíquica. En los primeros meses sobre todo, el niño necesita ser tocado, tomado, mirado, besado…es la forma que tiene de entrar en contacto con el mundo, por medio de sus sentidos.
Mas adelante será necesario estimular la curiosidad por lo que sucede a su alrededor con el fin de motivarle a explorar el mundo. A medida que el niño va creciendo, el hambre de estímulos se hace cada vez más simbólico y va dando paso al hambre de reconocimiento, que durará toda la vida; será necesario que los adultos importantes para el niño le refuercen, le manifiesten su alegría por los esfuerzos y logros que va realizando en la aventura de crecer.
Los niños tienen también unas necesidades sociales que serán satisfechas en la medida que los adultos faciliten su autonomía, apoyen sus capacidades y les animen a ser responsables, tanto en el ejercicio de sus derechos como en el cumplimiento de sus deberes.
Por último los niños tienen derecho a creer en valores que les hagan sentirse parte de su cultura, valores colectivos que les enseñen el respeto a la vida y a los derechos humanos de todos, que integren una ética que les haga responsables de sus actos.

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El nen i la mort

Escrito por Isabel Rubio el 12 mayo 2010 dentro de Educación en Valores, Educación para la Salud: La Adolescencia, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, Familia, General, Hijos | Lea el primer comentario

nen i la mort
Acabo de terminar de leer este libro: El nen i la mort, de Montse Esquerda y Anna M. Agustí. Os lo recomiendo. No he leído mucho sobre el tema que me haya gustado, por eso encontrar un libro útil, didáctico y que, además, nos hace mirarnos, comprender nuestro propio “niño interior”, porque “sólo podremos acompañar a un niño o a un joven por los territorios que hemos explorado…”

Es una guía que va dirigida a padres, maestros, pediatras y a todas aquellas personas que conviven con niños y adolescentes para saber cómo tratar el tema de la muerte con ellos, una herramienta para que sepamos acompañarles, para ayudarles a comprender lo que está sucediendo, porque cuando en una familia, un padre, una madre, un hermano muere, “el niño se convierte en un naufrago en medio del dolor de los padres y de la familia”.
Transita por los caminos del duelo y de la muerte, cuando por ellos hay niños y adolescentes, con capítulos como:
Como hablar de la muerte a los niños
Como entienden la muerte los niños
Qué es el duelo?
El niño y la pérdida de un ser querido
Como dar a los niños la noticia de la muerte de una persona muy querida
Los niños y los rituales de despedida
Un capítulo de “Como hablar de la muerte en la escuela” y otro dirigida a los pediatras, porque también estamos poco formados en este tema, “a pesar de que forma parte de nuestro trabajo del día a día”, “pero lo que más nos puede ayudar como profesionales en la asistencia a los niños y sus familias es formarnos en el conocimiento de los caminos del duelo, haber trabajado nuestras propias pérdidas y sobre todo nuestros miedos en relación con la muerte y los duelos” nos dice Montse Esquerda, una de las autoras que es pediatra.

Se ha publicado, hasta ahora, sólo en catalán.

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LAS VACACIONES SON PARA JUGAR

Escrito por Isabel Rubio el 26 diciembre 2009 dentro de Educación en Valores, Educación para la Salud: El Lactante, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, Familia, General, Hijos | Lea el primer comentario

MURILL~1
A lo largo del curso escolar son muchos los niños que tienen una agenda tan apretada como sus padres y es ahora, durante las vacaciones, cuando pueden y podemos, disfrutar de horas de juego.
Pediatras, psicólogos, psiquiatras infantiles y maestros insistimos en la importancia del juego para la salud del niño, para su educación.
Desde bebé el niño necesita jugar, se interrelaciona así con el adulto y es el mejor estímulo en su desarrollo psicomotor; por ejemplo, el juego de la madre o padre con su hijo de menos de un año, uno frente a otro y en el que alternativamente se tapan la cabeza con una gasa, el otro se la quita y riendo descubre que sigue ahí, es un juego valioso porque está favoreciendo la seguridad del niño: su padre o madre permanecen, aunque momentáneamente no les vea. Si vosotros lo habéis vivido sabréis lo gratificante que es también para los padres, las sonrisas que os ha regalado vuestro hijo.
Más adelante el niño jugará solo o con otros y aprenderá a no siempre ganar, a compartir, aprenderá los papeles que ha de jugar cuando sea mayor, a ser papá o mamá, a las tiendas, a los médicos… ensayará roles e irá situándose en el mundo, será héroe o heroína de historias cotidianas o fantásticas ya sea colaborando con otros o riñendo, liderando o aceptando la autoridad de otros, inventando normas para luego transgredirlas, aprenderá a ir aceptándose, expresará sus temores, sus deseos, sus sentimientos, resolverá conflictos emocionales jugando o aprenderá a manejarlos, estimulará su imaginación, transformará la realidad según su voluntad, aprenderá a jugar en equipo, la necesidad de que existan reglas y a respetarlas, a esperar su turno, aprenderá a cooperar con otros para alcanzar objetivos, aprenderá a destacar en unos juegos y a frustrarse al ver que otros no se le dan tan bien. El juego estimulará su inteligencia, su creatividad, su lenguaje. En definitiva: le ayudará a crecer de una manera sana.
En estos días hay tiempo para enseñarles el ajedrez, o juegos de mesa…para estar cerca de ellos y vivir las horas de ocio jugando.
Favoreceremos, si el tiempo lo permite, el juego al aire libre, que se mueva, es al fin y al cabo una forma de hacer ejercicio, que aprenda a subir en bici, a patinar…
Evitaremos, en la medida de lo posible, el aislamiento que implican determinados juegos y sí estimular la lectura a cualquier edad o actividades creativas: desde bailar, pintar, escribir, montar breves obras de teatro o espectáculos que seguro nos harán pasar momentos deliciosos a mayores y pequeños.

Isabel Rubio