Escrito por Isabel Rubio el 16 enero 2012 dentro de Educación para la Salud: El Lactante, Educación para la Salud: La Adolescencia, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, Enfermedades de la Infancia, General |

“El Comité Asesor de Vacunas (CAV) de la Asociación Española de Pediatría (AEP) actualiza sus recomendaciones de vacunación, en la infancia y la adolescencia, con la publicación de su calendario de vacunaciones para 2012. Estas recomendaciones tienen en cuenta la evidencia disponible sobre la efectividad y la eficiencia de las vacunas, así como la epidemiología de las enfermedades inmunoprevenibles en nuestro país.”
“Las principales novedades en las recomendaciones para el año 2012, respecto a las emitidas por este comité hace un año, son las siguientes:
* Las primeras dosis de las vacunas triple vírica (TV) y de la varicela se recomiendan preferentemente a los 12 meses, aunque se considera aceptable entre los 12 y 15 meses.
* Las segundas dosis de las vacunas TV y de la varicela se recomiendan entre los 2 y 3 años, con preferencia por los 2 años.
* La nueva horquilla de administración recomendada de las dosis de refuerzo de las vacunas frente al meningococo C y al neumococo es de 12 a 15 meses.
* Si las circunstancias epidemiológicas lo requieren, se recomienda una dosis de refuerzo frente al meningococo C a aquellos niños que hayan recibido una serie primaria en el primer año de vida sin refuerzo a partir de los 12 meses de vida.
* Se recomienda la vacuna combinada de baja carga antigénica frente al tétanos, la difteria y la tos ferina Tdpa a los 4-6 años, siempre acompañada de otra dosis de Tdpa a los 11-14 años (en 2011 a los 14-16 años).”
Encontraréis información más detallada en El portal de las vacunas de la Asociación Española de Pediatría, área de familias.
Seguimos insistiendo un año más en un calendario de vacunaciones único.
Escrito por Isabel Rubio el 13 enero 2012 dentro de Educación para la Salud: La Adolescencia, Enfermedades de la Infancia, General |

He leído este artículo en el Medline Plus, un servicio de la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU. y me ha parecido interesante: plantea que las estrategias de prevención de la obesidad deben ir más allá de la comida y el ejercicio, puesto que parece haber una relación entre obesidad en el adolescente y un vínculo de “baja calidad” madre e hijo en los primeros meses de vida. Os dejo el enlace.
“Los hallazgos se hacen eco de investigaciones anteriores que mostraron que los niños pequeños que no tenían vínculos emocionales estrechos con sus padres eran más propensos a ser obesos para cuando tenían 4.5 años de edad. (…) El análisis mostró que el riesgo de obesidad de los niños a los 15 años era mayor entre los que tenían la relación emocional de más baja calidad con sus madres cuando eran niños pequeños. (…) Estos hallazgos y otros anteriores indican que el riesgo de obesidad podría ser afectado por áreas del cerebro que controlan las emociones y las respuestas al estrés, que funcionan junto con las que controlan el apetito y el equilibrio energético, explicaron los investigadores.
Los autores sugirieron que los esfuerzos de prevención de la obesidad deben incluir estrategias para mejorar el vínculo entre madre y niño, además de promover una dieta más sana y ejercicio.”
Escrito por admin el 12 enero 2012 dentro de Educación en Valores, Educación para la Salud: La Adolescencia, Familia, General, Hijos |

Esta frase la podemos decir a nuestros hijos en algunos momentos, sobre todo cuando ante un conflicto los corazones se cierran o se endurecen.
Hay ocasiones en que la comunicación entre padres e hijos deriva en un desbarajuste y cuanto más hablamos, más grande es el abismo que abrimos entre nosotros. Entonces, esta frase invita a recomenzar desde otro sitio, a dibujar caminos de encuentro, a generar nuevas posibilidades.
Le llamamos lenguaje del corazón porque es breve, claro, directo y preciso, porque conjuga saber y sentir y ayuda a restablecer el flujo amoroso que determinados hechos o palabras pueden haber perjudicado. No implica un tono cursi, ramplón ni endulzado. Lo que si requiere es cambiar de frecuencia, dejarnos de razones, argumentos, acusaciones y reproches y apelar directamente a los sentimientos, a la forma en que nos sentimos unos y otros y sobre todo, a las necesidades que tenemos para sentirnos bien y para estar en mejor disposición para poder escucharnos.
Los padres y madres, y todas las personas que ejercemos alguna tarea educativa, tenemos que aprender el lenguaje del corazón, enseñarlo e invitar a nuestros hijos a hablarlo. De hecho, ellos lo saben cuando son pequeños y a medida que van creciendo lo desaprenden.
Está muy bien hablar idiomas y saber utilizar los nuevos lenguajes tecnológicos, pero hay una cosa más importante todavía: aprender a expresar adecuadamente lo que sentimos y saber encontrar palabras que toquen el corazón de nuestros hijos.
Eva Bach, escritora y pedagoga, aporta reflexiones sobre la comunicación entre padres e hijos a partir de una frase que nos ayuda a educar.
El artículo original está escrito en catalán y lo ha traducido Cristina Sanz.
Escrito por Isabel Rubio el 7 enero 2012 dentro de Enfermedades de la Infancia, General |

Hace unos días vino a consulta Jorge, un adolescente de 13 años, a recoger resultados de una analítica de sangre y como hallazgo casual aparece una bilirrubina total de 2.3 (la cifra normal es menor de 0.7). Al observarlo compruebo que, efectivamente, tiene un ligero tinte amarillo en conjuntivas. Los padres se habían dado cuenta desde hacía unos meses, pero como ven que está bien no le han dado más importancia.
Pero, ¿qué es la bilirrubina?:
Simplificando podemos decir que los glóbulos rojos o hematíes deben su color a la hemoglobina; al destruirse los hematíes viejos se libera la hemoglobina y se separa en 2: grupo heme y globina. El grupo heme se oxida y pasa a llamarse bilirrubina. Aunque hay otras vías de producción de bilirrubina, la mayoría procede de la destrucción de los hematíes viejos.
Para eliminar esta bilirrubina (que llamamos no conjugada o indirecta) del organismo va por la sangre al hígado, allí se transforma en la llamada bilirrubina conjugada o directa y por la bilis se elimina al pasar al tubo digestivo.
Aunque lo más frecuente sería pensar en un problema hepático, no tiene síntomas ningunos, la exploración es normal salvo el tinte ictérico y los valores de transaminasas son normales por lo que lo descartamos.
¿En qué otras causas pensamos?:
En primer lugar en el Síndrome de Gilbert, alteración hereditaria multifactorial, producido por el déficit de actividad de un enzima llamado UGT y que no da ningún síntoma salvo una leve ictericia que puede aparecer en condiciones de esfuerzo excesivo, strés, insomnio, ayuno o tras la ingesta de algunos medicamentos. Pronóstico enteramente benigno. Afecta a un 3-10 % de la población y más frecuente en hombres; como curiosidad añado que es más frecuente en personas con ascendencia extremeña. Suele aparecer en el adolescente o adulto joven. Suele diagnosticarse casualmente al hacerse una analítica y aparecer una bilirrubina indirecta elevada. Y el diagnóstico es por exclusión, al descartarse otras causas. Evidentemente no hay tratamiento y la expectativa de vida es normal.
Como a Jorge sólo se ha realizado la bilirrubina total, habrá que repetir la analítica, sin prisa, para desglosar la indirecta y la directa y así orientar mejor el diagnóstico.
Hay otras causas, pero mucho más raras, también hereditarias, también suelen iniciarse en el niño mayor o en el adolescente y también suelen manifestarse por el tinte ictérico, como son la enfermedad de Dubin-Johnson o la enfermedad de Rotor, de pronóstico excelente. En ambas la bilirrubina total está elevada con predominio de la conjugada.