Escrito por Isabel Rubio el 26 Diciembre 2009 dentro de Educación en Valores, Educación para la Salud: El Lactante, Educación para la Salud: La Etapa Escolar, Familia, General, Hijos |

A lo largo del curso escolar son muchos los niños que tienen una agenda tan apretada como sus padres y es ahora, durante las vacaciones, cuando pueden y podemos, disfrutar de horas de juego.
Pediatras, psicólogos, psiquiatras infantiles y maestros insistimos en la importancia del juego para la salud del niño, para su educación.
Desde bebé el niño necesita jugar, se interrelaciona así con el adulto y es el mejor estímulo en su desarrollo psicomotor; por ejemplo, el juego de la madre o padre con su hijo de menos de un año, uno frente a otro y en el que alternativamente se tapan la cabeza con una gasa, el otro se la quita y riendo descubre que sigue ahí, es un juego valioso porque está favoreciendo la seguridad del niño: su padre o madre permanecen, aunque momentáneamente no les vea. Si vosotros lo habéis vivido sabréis lo gratificante que es también para los padres, las sonrisas que os ha regalado vuestro hijo.
Más adelante el niño jugará solo o con otros y aprenderá a no siempre ganar, a compartir, aprenderá los papeles que ha de jugar cuando sea mayor, a ser papá o mamá, a las tiendas, a los médicos… ensayará roles e irá situándose en el mundo, será héroe o heroína de historias cotidianas o fantásticas ya sea colaborando con otros o riñendo, liderando o aceptando la autoridad de otros, inventando normas para luego transgredirlas, aprenderá a ir aceptándose, expresará sus temores, sus deseos, sus sentimientos, resolverá conflictos emocionales jugando o aprenderá a manejarlos, estimulará su imaginación, transformará la realidad según su voluntad, aprenderá a jugar en equipo, la necesidad de que existan reglas y a respetarlas, a esperar su turno, aprenderá a cooperar con otros para alcanzar objetivos, aprenderá a destacar en unos juegos y a frustrarse al ver que otros no se le dan tan bien. El juego estimulará su inteligencia, su creatividad, su lenguaje. En definitiva: le ayudará a crecer de una manera sana.
En estos días hay tiempo para enseñarles el ajedrez, o juegos de mesa…para estar cerca de ellos y vivir las horas de ocio jugando.
Favoreceremos, si el tiempo lo permite, el juego al aire libre, que se mueva, es al fin y al cabo una forma de hacer ejercicio, que aprenda a subir en bici, a patinar…
Evitaremos, en la medida de lo posible, el aislamiento que implican determinados juegos y sí estimular la lectura a cualquier edad o actividades creativas: desde bailar, pintar, escribir, montar breves obras de teatro o espectáculos que seguro nos harán pasar momentos deliciosos a mayores y pequeños.
Isabel Rubio
Escrito por Isabel Rubio el 12 Diciembre 2009 dentro de Educación en Valores, Familia, General, Hijos |

Diciembre es, para los niños, uno de los meses más bonitos del año, quizás el mejor. No tenemos mas que recordar, nosotros los adultos, y nos vienen a la memoria momentos agradables vividos en estas fechas, los encuentros familiares, el ambiente festivo, incluso es posible que recordemos el regalo o los regalos que recibimos año tras año, o aquel juguete que fue tan especial, tan deseado; eran días que esperábamos con ilusión y seguro que forman parte de los mejores recuerdos de nuestra infancia.
Las necesidades de los niños siguen siendo las mismas y creo que es importante hacerles aguardar con ilusión unas fechas (independientemente del significado religioso o no que la familia les dé), hablar de lo que vamos a hacer esos días, e ir creando con ellos la atmósfera alegre de estas cercanas vacaciones. Estos días nos brindan la oportunidad de que todos los miembros de la familia (sea la edad de nuestros hijos e hijas la que sea) participemos en tareas comunes: deben de colaborar si montamos un árbol, o un belén, en la decoración de la casa… también en la cocina, en la elaboración de dulces navideños si esa es la costumbre familiar, o en su compra. Organizar con ellos, siempre, las reuniones familiares, pues son, para los niños, los preparativos de una fiesta. En definitiva son momentos de encuentro de padres e hijos que hemos de aprovechar y sobre todo disfrutar.
Otro aspecto de la Navidad es la ilusión por los regalos que traerá Papá Noel o los Reyes Magos.
Sin embargo, con demasiada frecuencia, vemos que muchos padres realizan la compra de los regalos con los niños cuando hay muchas oportunidades a lo largo del año para realizar la compra de un regalo juntos. Lo que otorga la magia de la Navidad es precisamente la incertidumbre de lo que vendrá, la espera….porque la espera es educativa y necesaria, sobre todo en nuestra sociedad en la que estamos acostumbrados a recibir la gratificación rápidamente, a la no valoración del esfuerzo.
Creo que también se ha ido perdiendo la toma de conciencia que el niño realiza (acerca de su conducta, de su comportamiento, de sus méritos) cuando escribe a los Reyes o Papá Noel. Las cartas han servido y siguen sirviendo para la reflexión. Y el misterio hace el resto.
¿Pero cuál es el mejor regalo?: seguro que el mejor regalo que podemos hacerles a nuestros hijos es nuestro tiempo, sí, pasar mucho tiempo con ellos, hablar con ellos, escucharles con atención, compartir sus inquietudes y sentimientos, poder realizar actividades juntos: pasear, jugar con ellos, compartir un deporte, ver una película, leer un cuento, cantar villancicos, reíros juntos, crear complicidades… un rato de relación exclusiva, un tiempo en el que nuestro hijo o hija sientan que estamos cerca, mostrarles nuestro afecto. Un regalo que ofrecerles ahora, en estos días, pero también regalarles a lo largo del año, un regalo mutuo.
Por último, es también un buen momento, como tantos otros, para enseñar a nuestro hijo el valor de dar y no sólo recibir, para ser agradecido, para hablarles de otros niños y otras realidades, de la solidaridad, de la justicia.
Publicado hoy en el Suplemento de Salud del Diario Información: http://www.diarioinformacion.com/medicina-salud/2009/12/12/mejor-regalo/960672.html
Escrito por Isabel Rubio el 8 Diciembre 2009 dentro de General |
Hoy quiero recomendar 2 libros a la par: Déjame intentarlo y Aprendiendo a vivir, ambos escritos por un amigo y colaborador de Maynet, Tomás Castillo.
Para l@s que no le conocéis creo necesario presentarle brevemente, pues sus libros son el fruto de su trabajo, de su experiencia. Tomás Castillo es psicólogo y ha dedicado casi toda su vida a promover proyectos para la discapacidad y sobre todo en la Asociación AMICA, donde ha logrado el reconocimiento y el prestigio internacional por su buen hacer. Participó como consultor experto en la elaboración de la Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud de la Organización Mundial de la Salud. Actualmente impulsa Proyectos de cooperación al desarrollo para hacer visible a las personas con discapacidad dentro de la pobreza, fundamentalmente en Bolivia. Para ellos son los beneficios de sus libros. Por fin, después de tantos años, se sentó y empezó a escribir… y ya no ha parado.
En su primer libro: Déjame intentarlo. La discapacidad: hacia una visión creativa de las limitaciones humanas, va haciendo un recorrido, a lo largo de diez capítulos, en los que logra que avancemos en la comprensión de lo que significa la discapacidad, que no supone una minoría de edad permanente, que está condicionada por la aceptación social de mi limitación, pero para mí la aportación de Déjame intentarlo es que revoluciona el concepto de discapacidad incorporándola con normalidad a nuestra vida, porque forma parte de ella; logra que miremos la discapacidad como una característica más de la persona, de la vida, que todos, tarde o temprano, viviremos; porque la discapacidad, como la capacidad, forma parte de la naturaleza humana.
Aprendiendo a vivir. La enfermedad: descubrir las posibilidades que hay en mí ha sido publicado este año y nos invita a mirar juntos a la enfermedad, situando de nuevo en primer plano a la persona y la enfermedad como mera circunstancia.
Tras capítulos como La enfermedad, así como la salud, forman parte de mí, De paciente a protagonista, Ver a la persona con una enfermedad, no al “enfermo”, o Morir viviendo o aprender a vivir, un epílogo que enriquece este libro con el testimonio de Juan, Antonio, Blanca, Patxi…que, sinceramente, me emocionaron.
Isabel Rubio